Los nueve magistrados que componen la Corte Constitucional decidieron a su amaño, en 2010, que Álvaro Uribe Vélez no podía postularse a una segunda reelección en virtud a una supuesta sustitución del espíritu de la Carta de 1991. Eso, en realidad, no fue más que una disculpa finamente urdida. Los mismos que se oponían a una nueva reelección de Uribe, no solo no se inmutan sino que son abiertos partidarios de la reelección eterna de los mandatarios socialistas del vecindario, y de que las constituciones de esos países sean manipuladas de cualquier forma para detentar el poder guardando unas mínimas apariencias democráticas.

Si en Colombia primaran las fuerzas mayoritarias en todas las ramas del Estado, Uribe seguiría siendo el presidente porque el uribismo sigue siendo la fuerza mayoritaria del país, y lo sería de forma verdaderamente democrática porque si bien la alternancia en el poder es un factor muy importante, el respeto por la decisión y el  sentir de las mayorías es la característica esencial de esta forma de gobierno y es, hoy por hoy, el meollo de la pugna política que se vive en el país.

Ciertamente, la decisión que tomaron las mayorías, en 2010, fue darle continuidad a las políticas y a las ideas de Uribe, respetando la fractura en su continuidad que infringió la Corte. Quedó claro en la campaña que el candidato uribista era Santos, y hasta se acusó al Alto Gobierno de participación en política cuando hubo que lanzarle salvavidas al evidenciarse que las ideas de Santos no tenían acogida. Y aunque es obvio que un presidente puede y debe tomar distancia de su mentor, lo que no puede hacer es ignorar sistemáticamente el ideario político que lo llevó al poder. Un gobernante no se manda solo, se debe a las mayorías que lo auparon y está en la obligación ética y moral de seguir el camino que estas le han trazado, no puede venir a tratar a esas mayorías como menores de edad por quienes debe decidirlo todo.

Álvaro Uribe debería estar, a estas alturas del partido, dando clases, discursos y asesorías en universidades del primer mundo, tanques de pensamiento y gobiernos y organismos internacionales que podrían aprovechar al máximo su visión, conocimiento y experiencia. Pero no lo dejaron esas hordas de hienas que no le perdonan el haber obstaculizado el ascenso al poder en Colombia del marxismo. Y no lo dejó Santos al ponerse a jugar con los tres huevitos con la intención de romperlos, como al final lo hizo.

Por eso Uribe se vio obligado a retornar a la tribuna política. Hasta hoy ha ejercido su derecho a opinar, bien a través de los nuevos medios, como Twitter, o de los viejos, incluyendo a modestas emisoras de pueblo y poderosos medios de cubrimiento nacional. Porque Uribe es el máximo representante de las mayorías de este país y quien mejor las interpreta. Y, por fortuna, un líder responsable que no se esconde ni se deja arrinconar en el ático de los muebles viejos; un líder que da la cara y cumple a cabalidad con las responsabilidades que le exige ese liderazgo que con tanta gallardía ejerce.

Y qué mejor para esta democracia nuestra que tener a su cabeza más visible representando a las más amplias mayorías en el Congreso de la República. Un senador legitimado con una votación similar a la de un Presidente —que le dará un inédito aire de Primer Ministro—, le devolverá al legislativo mucho del lustre que ha perdido y la autonomía que le haga dejar de ser un poder subsidiario. Y si la votación es lo suficientemente alta como para formar mayoría, se tendrá la posibilidad de lograr cambios trascendentales porque las decisiones estarán libres de apetitos burocráticos. Pero lo más importante será que el pensamiento de las mayorías no podrá seguir siendo pisoteado y recuperaremos el rumbo trazado que  veníamos recorriendo con ilusión y confianza. Doctor Uribe: Colombia lo necesita.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 18 de febrero de 2013)

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Posted by Saúl Hernández

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