Juan Manuel Santos estaba en campaña hace rato. Sus asesores se despelucaban por hacerlo ver cercano a la gente, manejando Willys, tomando tinto en granero de pueblo, conduciendo flota, haciéndose el amanecido –en calzoncillos– en una de ‘sus’ casas gratis y hasta metiendo sus narices en pacas de marihuana. No contentos con eso, inundaron los medios de una muy jactanciosa propaganda oficial que de alguna manera puede condicionar la información.

A pesar de eso, todas las encuestas redundan en que cerca del 70 por ciento de la población no está de acuerdo con su reelección. En febrero, una encuesta arrojó que el 87 por ciento no votaría por él si trata de reelegirse; en diciembre, fue elegido como el ‘antipersonaje del año’, en el sondeo de La FM Radio, y mes tras mes su gestión, en casi todas las áreas, es pobremente calificada. Así, su deseo de reelegirse y el que haya quienes crean que tiene todas las de ganar solo se explican por los vientos que soplan desde La Habana.

No obstante, hay muestras de que en Palacio tienen muy claro lo embolatado que está el asunto. Una de ellas fue la intentona de correr por un periodo de dos añitos, estrategia campeona porque ningún candidato serio iba a postular su nombre para un periodo tan corto: malo si perdía y mucho peor si ganaba. Juan Manuel tendría el camino libre, pero no solo se les ocurrió muy tarde sino que esta cirugía entrañaba muchísimo más que el cambio de un simple articulito; una tarea ciclópea para un gobierno enclenque.

Otra muestra es la salida del gobierno de Germán Vargas Lleras, justo a tiempo para no inhabilitarse, cosa que no hubiera sido necesaria si el triunfo de Santos fuera tan seguro. De hecho, Vargas Lleras, quien ha demostrado ser tan ambicioso y oportunista como Santos, es hoy el más opcionado para derrotarlo. ¿Será capaz de dejar pasar su cuarto de hora y ver cómo a Santos lo derrota un tercero? Y, en caso de ganar la presidencia, ¿va a continuar esa farsa de La Habana, que es igual a la del Caguán, de la que él fue el principal opositor en el Congreso?

Porque ahí está el quid del asunto. La reelección de Santos —o de sus lesivas políticas— es un mandato de La Habana y Caracas para alargar esta patraña. Según El Espectador (15/05/2013), en seis meses solo se han acordado 3 subpuntos de los 6 que conforman el tema agrario. Y son, en total, 27 subpuntos. Van ocho meses desde que el Gobierno admitió que se estaban dando acercamientos secretos y más de dos años desde que empezaron los contactos. Y nada. Lo mismo de siempre, un engaño.

Si Santos es reelegido, su nuevo cuatrienio se irá enterito en diálogos, como se le fueron tres años a Pastrana en el Caguán. Por eso andan ambientando el cuento de que para un conflicto de 60 años, seis meses no son nada. Ya habíamos anticipado que en noviembre Santos dirá que la paz está de un cacho y que para conseguirla es necesario reelegirlo, contradiciendo su compromiso de terminar el proceso si este no avanza.

Y ¿cómo va a reelegir el pueblo colombiano unas políticas contrarias a las que apoyó en el 2010? Santos traicionó a las mayorías y olvidó todas sus promesas, por lo que ahora acude a un par de artificios demagógicos como el espejismo de la paz y las casas gratis para unos pocos. Nada de eso es para premiarlo. Maduro ha anunciado que cobrará las casas que había regalado para que votaran por él. De ese tamaño es la quiebra de Venezuela, y eso que nadan en petróleo. Así es el futuro que nos espera con Santos: en una década nos estaremos peleando por el papel higiénico. Porque con la declaración de ‘Rodrigo Granda’ quedó claro quién es el candidato de las Farc.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 21 de mayo de 2013)

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Posted by Saúl Hernández

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