Hombre, me da mucha pena pero hasta varios de los más recalcitrantes antiuribistas reconocen que impedir que la foto de Uribe sea el símbolo del Centro Democrático en los tarjetones electorales, y que su apellido encabece el nombre del partido por más antigramatical que parezca, es una decisión politiquera que pretende meterle zancadilla al uribismo para que no les quite demasiados votos a las otras colectividades, a las que, por cierto, pertenecen la mayoría de integrantes del Consejo Nacional Electoral.

Sí, esos políticos investidos de magistrados son ‘juez y parte’, precisamente en estos tiempos, y en este país, en los que si no se le teme a Dios ni a la sífilis, hay que temerle a la deslegitimada y corrupta administración de justicia.

En el tarjetón al Senado de las elecciones del 2006 hay una fotografía a color de Enrique Peñalosa, acompañada por su apellido en mayúsculas sostenidas aunque su movimiento tenía un nombre muy distinto: ‘Por el país que soñamos’. En ese mismo tarjetón figuran también los movimientos Visionarios con Antanas Mockus, que tenía un extraño logosímbolo de forma piramidal, y Dejen jugar al Moreno, cuyo logo es un rectángulo negro dentro del cual se lee, en mayúsculas sostenidas, MORENO DE CARO.

Si bien es cierto que eso se corrigió para el 2010, tratando de contrarrestar en algo los personalismos y el caudillismo presentes en los partidos políticos, cabe preguntarse si ese es un criterio válido para interferir en la libre elección que un grupo de ciudadanos, agrupados en un movimiento, hacen de su nombre y sus emblemas.

No se puede negar la inconveniencia de usar símbolos patrios, o de valerse de imágenes o palabras que ofendan el pudor y la moral, o que inciten a la violencia, a la xenofobia o a la segregación o discriminación de cualquier índole, pero prohibir el nombre y la foto de una persona no tiene sentido, mucho menos cuando se persigue el propósito de orientar a los electores, cosa que podría sumar votos pero también restarlos.

Hay muchas personas que hoy, después de los caudales de agua que han pasado bajo el puente, están convencidas de que el partido de ‘la U’ es el partido de Uribe, pues por más que tenga el rimbombante nombre de Partido Social de Unidad Nacional, todos sabemos que esa U realmente era la inicial del expresidente. De manera que muchos de esos colombianos llanos, que padecen de analfabetismo funcional, van a votar por el partido de ‘la U’ cuando lo que quieren es votar por el movimiento de Uribe.

Seguramente también habrá quienes dejen de votar por el partido de ‘la U’ por la misma razón pero en sentido contrario: no quieren votar por Uribe, pero siguen creyendo que esa U lo encarna. Claro que no hay que pecar de ingenuos pensando que estos últimos abundan.

Ya un partido contrató una encuesta para determinar cuántos voticos les va a quitar el UCD a los demás y el resultado les puso los pelos de punta. No obstante, hay quienes arguyen que la votación por Uribe al Senado no pasaría del millón y medio de votos porque las corporaciones no atraen a tantos electores como los cargos uninominales. Y nos recuerdan que los últimos tres mayores electores del Senado, Ramos en el 2002, Vargas Lleras en el 2006 y Juan Lozano en el 2010, rondaron los 220.000 votos; mientras que al lanzarse por cargos uninominales han logrado sobrepasar los 800.000, como cuando Ramos ganó la Gobernación de Antioquia.

Si todos compartieran esa creencia, no les importaría la foto ni el nombre, y no estaría el Presidente afilando un discurso barriobajero, cargado de epítetos inaceptables contra sus críticos, los “buitres”. Hay nerviosismo porque la cara del santo hace milagros.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 5 de noviembre de 2013)

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Posted by Saúl Hernández

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