auvUno de los aspectos más detestables de la política es el asunto de la mecánica misma, no de la mecánica electoral en sí sino la de la etapa previa, que es en la que se seleccionan las figuras que representarán a los partidos en las distintas elecciones.

En este asunto, el Uribe Centro Democrático (UCD) ha estado tan enredado como los otros partidos, y a su interior ha habido pugnas similares a las que han caracterizado al Polo Democrático o a las que se han visto en el Partido Verde.

Eso, en sí mismo, no es algo malo. Más bien demuestra una gran vitalidad y establece diferencias frente a prácticas otrora habituales como la llamada ‘disciplina para perros’ o la denominada ‘dictadura del bolígrafo’, tan propias de los partidos tradicionales.

No obstante, el tiempo apremia y es hora de definir, de una buena vez, el nombre del candidato presidencial, pues la idea de seleccionarlo mediante una consulta interna a llevarse a cabo en marzo, durante la jornada electoral del legislativo, es mala por donde se le mire.

En primer lugar, es imposible realizar una consulta interna sin que esta se contamine cuando es la única colectividad que tendría una consulta de ese tipo ese día. Es decir, no tendrán consultas ni el Polo, ni la U, ni los liberales, ni Cambio Radical, ni los verdes, etc. En consecuencia, al no tenerse ningún mecanismo para la identificación de la militancia política, cualquiera podría participar en la consulta interna del UCD y, por tanto, se contaminarla a tal grado que podría resultar elegido el que sería el contendor más débil para los demás partidos en vez del que realmente prefieran los simpatizantes del UCD.

En segundo lugar, cualquiera que fuere el ungido, en marzo, tendría apenas un par de meses para hacer una campaña relámpago, y eso después de desgastarse en debates con sus propios compañeros del UCD, donde todos opinan lo mismo en los temas gruesos. Incluso, esos dos meses serían un periodo demasiado corto para solucionar posibles desavenencias, divisiones y heridas que pudieran quedar, al interior del partido, después de la consulta.

Hay muchas otras razones para insistir en mejores opciones para seleccionar al candidato mediante otra fórmula, pero esas son de suficiente peso. ¿Por qué, entonces, se ha querido insistir en la alternativa más incierta? Sabemos que la política la hacen los seres humanos, y que somos vanidosos y egoístas por naturaleza. Igualmente, comprendemos que hay que recuperar el rumbo y que esa tarea debe estar en cabeza de alguien. El que haya varios interesados en liderar ese proyecto es una fortaleza, pues estaríamos en graves problemas si nadie quisiera.

Pero eso tiene, también, sus bemoles. Dicen los entendidos que a quien más le conviene la convención es a Óscar Iván Zuluaga, pues él y sus huestes se saben mover en esos escenarios, de compromisos y alianzas, de forma más ágil que los otros candidatos. Por su parte, Francisco Santos sabe que es una figura muy reconocida en el país y que, en ausencia de un barón electoral como Luis Alfredo Ramos, sería el llamado a triunfar bajo el mecanismo de la consulta, si no fuera por la contaminación de la que hablamos. Pero a quien más le convendría la consulta es a Carlos Holmes Trujillo, el menos conocido de los tres y, probablemente, el de menor opción, por lo que sería el favorito de los saboteadores que tendría ese mecanismo.

Por eso, en buena hora, los tres candidatos terminaron por aceptar la propuesta del expresidente Uribe, de ir a una convención partidista que, además, no constituirá el típico dedazo de otros partidos sino que se convertirá en un modelo que bien convendría instituir como práctica renovadora de nuestras costumbres políticas: los candidatos harán un debate sobre los distintos temas y los convencionistas calificarán cada intervención para determinar finalmente como ganador al que obtenga el mejor promedio. No hay nada perfecto pero eso es, probablemente, lo más democrático que se ha hecho en la historia de Colombia.

(Publicado en Periódico Debate, el 21 de octubre de 2013)

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Posted by Saúl Hernández

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