minilogo ucdQue los asesinos de las Farc estén interesados en atentar contra Álvaro Uribe, no debería sorprender a nadie. Eso es lo que ellos son, unos simples asesinos, y Uribe es y ha sido su mayor escollo, su gran obstáculo, no solo para las Farc sino para ese proyecto que las engloba, como es el ‘socialismo del siglo XXI’, el plan liberticida y totalitario del Foro de Sao Paulo y esos movimientos que se autoproclaman ‘bolivarianos’.

Lo que no está claro es que el Gobierno de Santos, en medio de conversaciones con las Farc y justo cuando acaba de llegar a un cacareado “acuerdo histórico” sobre el tema de participación política, haga esta denuncia cuando metódica y sistemáticamente ha venido negando eventos de esta naturaleza y tratando de sacar en limpio a las Farc.

Dice Humberto de la Calle Lombana, el jefe de negociadores del Gobierno en las conversaciones de La Habana, que un atentado contra Álvaro Uribe hubiera vuelto “inviables” las negociaciones con las Farc, lo que significa que las habría roto, se habría convertido en el incidente determinante para su cancelación como ocurrió en febrero de 2001 con el secuestro del avión en que viajaba Jorge Eduardo Géchem Turbay, por entonces presidente de la Comisión de Paz del Senado de la República.

Sin embargo, hay que recordar hechos como el atentado al exministro Fernando Londoño Hoyos, en el que el Gobierno inmediatamente salió al exculpar a las Farc, con quienes ya adelantaba conversaciones secretas en Cuba. En ese momento, no solo se negó a contemplar cualquier atisbo de responsabilidad de las Farc sino que de inmediato, el Gobierno y sus adláteres, señalaron a fuerzas de ‘derecha’, como la tal ‘Mano Negra’, y hasta llegaron al extremo de sugerir que se trataría de un “autoatentado”, prácticamente un montaje que cobró las vidas ‘prescindibles’ de dos escoltas.

No hay que tener mucha imaginación para sospechar que un atentado de las Farc contra Uribe recibiría el mismo tratamiento por parte del Gobierno. Se negaría de plano y se desecharía la menor posibilidad de cancelar el sainete de las negociaciones de paz. Señalarían a esas supuestas fuerzas oscuras de atentar contra su propio líder para torpedear la consecución de la paz y seguir otros 50 años en guerra. Nos culparían a los ‘enemigos de la paz’ de ser, al mismo tiempo, la vaca muerta en el camino y los buitres carroñeros que de la mortecina se alimentan.

Pero ello, en ningún momento, haría inviables los diálogos pues para eso está el argumento de que se pactó negociar en medio de la confrontación y en ese escenario han caído civiles, terroristas y agentes del Estado. También se argüiría que uno de los objetivos de la paz, precisamente, es el de evitar que esas cosas sigan pasando; matar por pensar distinto en vez de ponernos de acuerdo de manera civilizada. Por supuesto que esa es pura carreta del buenismo torpe que enarbolan algunos, como si al tigre le importara la opinión de los corderos.

Entonces, ¿por qué esta denuncia del Gobierno? ¿Es que el descubrimiento de planes criminales contra Álvaro Uribe, Francisco Santos y otros —entre los que insólitamente se encuentra el nombre del fiscal general Eduardo Montealegre—, además del secuestro de varios congresistas, no es material suficiente para acabar con esa estafa que es el proceso de paz? Si todo eso es cierto, ¿no es acaso prueba de que las Farc están es tras la desestabilización del país?

Todo esto invita a lanzar varias hipótesis, por lo menos estas tres: 1) que el plan criminal es tan grande y estaba tan avanzado que al Gobierno no le quedó de otra que divulgarlo para lavarse las manos frente a lo que pueda pasar; 2) que el asunto de La Habana se le ha salido tanto de las manos al Gobierno que aprovechando la división que hay en las Farc y las dificultades de comunicación se fabricó este incidente para presionar a los que están en la mesa haciéndoles ver que los diálogos, en cualquier momento, se pueden hacer “inviables”; y 3) que, como dice José Obdulio Gaviria, podría tratarse de un intento para neutralizar la campaña política del Centro Democrático, haciendo que Uribe no se mueva mucho y limite sus actividades de campaña.

En el fondo, no cabe duda de que sería reconfortante creer que esto se trate solo de una estratagema política. No obstante, sabemos que las Farc son una horda de asesinos y por eso mismo es que no creemos en sus ofertas de paz.

(Publicado en el periódico Debate, el 18 de noviembre de 2013)

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Posted by Saúl Hernández

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