De labios para afuera, el jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle Lombana, ha aceptado que las Farc están haciéndole perder el tiempo al país o  —lo que es igual— que estos diálogos son una pérdida de tiempo porque, como bien lo sabemos los escépticos, no van para ninguna parte. Y agrega De la Calle que el Gobierno no va a acceder a la petición de regularizar la guerra porque ello pretendería “institucionalizar” la confrontación y hacer de las conversaciones algo interminable.

Por su parte, el primer hermano de la Nación, Enrique Santos Calderón, quien fuera uno de los delegados en la etapa de acercamientos, admitió que se deben acelerar los diálogos porque en cinco meses transcurridos hasta hoy no se ha logrado nada, no se ha pasado de unas charlas insulsas sobre el tema de la tierra, que es apenas el primer punto, además de hacer demostraciones de fuerza y de desarrollar un trabajo de mejoramiento de la imagen de las Farc en el exterior.

Es decir, de acuerdo con las declaraciones de ambos se puede concluir que el proceso se caguanizó. Si a ello se suman los rumores de que a los delegados de las Farc, en Cuba, los están visitando asiduamente personajes de izquierda como Gustavo Petro y Piedad Córdoba, no cabría ya duda alguna. Y eso comprobaría, como se ha advertido, que las Farc están engañando al país otra vez.

En efecto, ya vimos lo sucedido con la tregua unilateral ofrecida por la organización terrorista, que fue rota por lo menos una docena de veces, si nos atenemos al balance de organizaciones afectas al proceso como Nuevo Arco Iris, o más de 50 de acuerdo con informaciones del Ministerio de Defensa y la Defensoría del Pueblo. Ahora, para completar, asesinan policías, secuestran de nuevo a civiles y ‘toman’ uniformados como “prisioneros de guerra”, a lo cual dicen tener “derecho”.

Pero a estas declaraciones tan desesperanzadoras hay que anteponer las palabras de Enrique Santos cuando asegura que este proceso está íntimamente ligado con la reelección de Juan Manuel, porque habría que ver si un presidente distinto a Santos le caminaría a este entuerto. Incluso, el primer hermano advirtió que Vargas Lleras —a quien el presidente Santos ya tiene en la mira para sucederlo: “Vamos a tener que sentarnos a decidir su futuro, si vamos por los votos o si vamos a seguir construyendo casas”— no estaría dispuesto a concluir y consolidar ese negociado.

Claro que uno no sabe a ciencia cierta si ese mensaje es para las Farc o para los colombianos. Para las Farc, porque Enrique Santos insiste en que si dejan pasar este momento —uno en el que un presidente esté dispuesto a ofrecerles total impunidad y elegibilidad— no volverán a tener una oportunidad tan favorable en mucho tiempo. Algo así como asustar a un niño con el coco, a ver si las Farc toman el asunto en serio y dejan a un lado su proverbial estupidez para aprovechar la ganga.

Para los colombianos, el mensaje implícito es que si queremos ‘paz’ hay que reelegir a Juan Ma, porque ningún otro cometerá la torpeza de concluir este trato con criminales. Lógicamente, todo el país tiene la esperanza de que esto concluya bien, por lo cual la reelección de Santos contiene un alto grado de manipulación y chantaje; el asunto no consistirá en reelegir un buen gobierno sino en hacer —en las urnas— un sacrificio más por la paz de Colombia.

Las Farc se quejan de que el Gobierno le dice no a todas sus propuestas, y enfatizan que sin constituyente ni cese al fuego, los diálogos no tienen futuro; es decir, como no tienen voluntad de desmovilizarse y reintegrarse a la sociedad, pretenden más de lo mucho que se les ofrece. Un inmenso error de cálculo de Santos, que pagaremos todos aunque él insista en asegurar que “si el proceso fracasa no le costará nada al país”, que no se perderá nada aunque ya sea mucho el tiempo perdido.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 4 de febrero de 2013)

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Posted by Saúl Hernández

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