Es imposible entender qué está pasando en Colombia para que tantas personas coincidan en que el camino de la paz es la impunidad.  Hasta gentes que han sido aparentemente cuerdas, como Enrique Peñalosa, resultan con el cuento de que a las Farc hay que brindarles “perdón y olvido”, que es la propuesta con la que acaba de lanzar su campaña presidencial.

Igual de graves son las voces que vienen del exterior. La revista The Economist publicó un lamentable artículo titulado El precio de la paz (01/06/2013), en el que recomienda desconocer a las víctimas, pasar por encima de la Corte Penal Internacional y olvidarse de las barbaridades que han cometido las Farc en medio siglo, pues considera este semanario que estos son los tres factores que atrancan el proceso. Y el argumento que esgrime para proponer impunidad absoluta es el de que sacrificar la justicia puede salvar muchas vidas, lo cual es muy discutible.

Pero, aparte de la pobreza conceptual, el artículo de The Economist incurre en la misma ignorancia sobre el caso colombiano que han demostrado tener todas las personalidades que la Casa de Nariño ha puesto a desfilar por Bogotá —o desde cualquier lugar del mundo— para decir que apoyan la paz en Colombia, sin saber qué se está negociando, cómo o por qué, y no guardando coherencia con lo que ocurre en sus propios países.

Decir que se está a favor de la paz es una obviedad pero aceptar la denegación de justicia y el triunfo de la impunidad, es una inmoralidad, una impudicia, una liviandad de tal magnitud que más les convendría, a personajes de tantos kilates, quedarse callados. Si Joe Biden cree —como dijo en su reciente visita— que el proceso de paz es “serio y bien diseñado”, ¿por qué los EE. UU. no pactan la paz con Al Qaeda y cierran Guantánamo? ¿Por qué no indultan al joven Dzhokhar Tsarnaev, responsable del atentado terrorista de Boston?

Todos los líderes mundiales que han sumado su apoyo al proceso con las Farc han sido irresponsables e insolidarios con el pueblo colombiano. ¿Se atrevería Tony Blair a pedir impunidad para los asesinos del soldado Lee Rigby? ¿Sería capaz Mariano Rajoy de proponer un manto de impunidad para olvidar los crímenes del grupo terrorista Eta? La respuesta es obvia, por eso sorprende la ligereza con la que se van sumando a un proceso que genera tantas dudas y que se desarrolla mientras las Farc cometen actos terroristas todos los días.

Pero el caso más patético es el de un grupo de algunos expresidentes y otros personajes que se hacen llamar The Elders (Los Ancianos), entre quienes están Kofi Annan, Nelson Mandela, Jimmy Carter, Fernando Henrique Cardoso y Desmond Tutu. No hay duda de que una cosa plausible es brindar deseos de paz, lo cual se agradece, pero otra muy distinta es incurrir en imprecisiones monumentales para justificar perdones absolutos, como los equívocos incluidos en una carta que supuestamente firmaron personajes que, aparte de su avanzada edad, sufren —como Mandela— de una delicada situación de salud.

Para resumir, en la carta se afirma que Colombia lleva 50 años en guerra civil. ¿Será que estamos en guerra los del centro del país contra los costeños? ¿Los mestizos contra los negros? ¿Los católicos contra los ateos? ¿Los wayuus contra los emberas? ¿Los hinchas de Nacional contra los de Millonarios, Santa Fe, América, Cali…? ¿El pobre Chocó contra la rica Antioquia?

En la llamada ‘Violencia’ de mediados del siglo XX, hubo características de guerra civil por motivaciones políticas, entre liberales y conservadores, donde hicieron aparición los grupos de bandoleros que germinaron las guerrillas, pero eso se acabó hace tiempo; no saberlo recuerda a esos soldados japoneses que por estar ocultos en una jungla solo se enteraron del final de la Segunda Guerra Mundial casi 30 años después.

Estos vetustos personajes deberían saber que las Farc son un grupo narcoterrorista que no representa a ningún sector del pueblo colombiano, que no tienen territorios distintos a los que el Estado les ha permitido ocupar por ineptitud o complicidad y que este es un país de una tradición democrática que no puede ser desconocida tan absurdamente. Esas no son las voces de apoyo que necesitamos.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 10 de junio de 2013)

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Posted by Saúl Hernández

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