Lo que se inició como una mera sospecha terminó siendo un engaño del tamaño de una catedral. El domingo 9 de marzo vimos cómo una tendencia establecida en el conteo de votos era revertida por el partido oficialista de una manera inusitada, como cuando un caballo que tiene la carrera perdida repunta en los últimos metros y gana por una nariz.

Horas después empezarían a verse señales de fraude, el que realmente empezó cuando el Gobierno le repartió a su bancada de la Unidad Nacional, toneladas de ‘mermelada’ para comprar los votos que le aseguraran un buen número de curules en el Congreso de la República.

Meses atrás, el Centro Democrático denunció con documentos en la mano este Cartel de la Reelección, pero la mayoría de medios de comunicación, así como los organismos de control, enterraron la cabeza. Nadie fue capaz de desmentir la denuncia; a lo sumo, algunos sugirieron que era lo mismo que había hecho Uribe con Yidis Medina, a pesar de que aquella era una sola congresista, que participó en uno solo de los ocho debates que aprobaron la reelección y de que ella misma dice que al final nada le dieron. En cambio, los de hoy son decenas y las tulas de dineros públicos llegaron a sus manos. Sea como fuere, los deslices de ayer no justifican los de hoy, ese es un argumento inaceptable.

Por esos raudales de dinero es que tenemos resultados tan extravagantes como que el Atlántico, un departamento con menos del 5% de la población del país, haya alcanzado 10 senadores, que Córdoba con el 3% de la población haya alcanzado 9 senadores y Sucre, con el 2%, haya alcanzado 7 escaños, casi todos estos a nombre del oficialista Partido de la U. Algo inverosímil desde todo punto de vista cuando hay departamentos más importantes, como el Tolima, que no alcanzaron ni un asiento en la cámara alta.

Pero a buenos entendedores pocos hechos bastan, sobre todo cuando los nuevos prohombres de la política nacional, los nuevos patricios que sostendrán los pilares de la República en los próximos cuatro años, son unos a los que no se les conoce discurso sobre tema alguno, no tienen para mostrar un logro profesional que valga la pena ni han llegado a publicar una columnita de opinión. Las figuras del Congreso no serán Serpa, Robledo, Navarro y el expresidente-senador Álvaro Uribe, no. Nuestras figuras insignes ahora son Musa Besaile Fayad, Bernardo el ‘Ñoño’ Elías y José David Name, caballeros andantes que recibieron miles de millones de pesos que supuestamente invirtieron en obras en sus regiones del litoral atlántico, donde se dice que el valor del voto —el combo Cámara-Senado—, se llegó a tasar hasta en 300 mil pesos cuando antes se transaban por un tamal o medio bulto de cemento.

El Centro Democrático demostró que hay una alta cifra de votos a su favor que no aparecen. Se habla de por lo menos 250.000 sufragios con los que debería alcanzar dos o tres escaños más en el Senado. Grave denuncia que el registrador nacional Carlos Ariel Sánchez minimiza con cinismo, negando cualquier asomo de fraude y deslizando la hipótesis de que todo se debe a errores en la suma de los formularios, con lo que sugiere que al final las aguas volverán a su cauce y el Centro Democrático será reconocido como la primera fuerza electoral del Senado en vez de tener “el decoroso segundo lugar” que Santos mencionó con sorna.

Difícil, en realidad, será trasmutar este fraude en una mera ‘chambonada’ para lavarse las manos, y que les entreguen las curules a sus dueños legítimos en detrimento de los partidos santistas. Pero no deja de ser esperanzador que un movimiento político sin dinero le haya ganado, en condiciones de inferioridad, a la bien engrasada maquinaria estatal de Santos.

En el tintero – Esperanzador también que se sumen importantes voces en contra de la entrega del país al castrochavismo por parte de Santos. A la renuncia de Alberto Montoya Puyana al Consejo Directivo de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, le siguieron los reclamos de Rafael Mejía a nombre de la SAC. Como él, todos nos preguntamos: “¿Quién manda aquí, el Presidente o el gobierno de Cuba?”. Crece la audiencia.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 17 de marzo de 2014)

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Posted by Saúl Hernández

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