victimasPara justificar su temeraria decisión de igualar a la organización terrorista de las Farc con el Estado colombiano, el reelecto presidente Santos viene acudiendo a un argumento muy exótico según el cual para reconocer a las víctimas (de las Farc) es preciso reconocer la existencia de un supuesto conflicto armado.

Vistas así las cosas, de acuerdo con tan reforzada teoría, también se podría argüir que para reconocer a las víctimas de los ladrones de celulares, de los atacantes con ácido o de los borrachitos al volante, sería perentorio admitir la existencia de un conflicto con ellos, para luego concederles beneficios jurídicos y subsumir sus delitos tras un fantasioso propósito político que adorne sus crímenes de un presunto altruismo por aquello de que se “mata para que otros vivan mejor”, como lo dijo hace años, con toda su sapiencia, el doctor Carlos Gaviria Díaz.

Sin embargo, no hay que ser un genio para entender que se trata de un subterfugio para poder otorgarles impunidad a las Farc, no importa cómo la quieran llamar, pues en esto es donde se anida otro sofisma: que solo podría darse impunidad en caso de que se otorguen amnistías o indultos —como en el pasado— en vez de la eufemística justicia transicional, la cual pone un mayor acento en la atención a las víctimas que en el castigo de los victimarios, con lo que se le quiere hacer creer al país que con reparación económica para las víctimas —a través de indemnizaciones y restitución de tierras—, con alguna verdad sobre el ‘conflicto’ y una incierta garantía de no repetición, es suficiente justicia, y que reclamar cárcel para los victimarios implica un innoble deseo de venganza cuando lo que se pretende es el perdón y la reconciliación.

Bajo esta narrativa es que vienen algunos entreguistas a proponer como castigo algún tipo de trabajo social, ignorando que la Corte Penal Internacional, en cabeza de la fiscal Fatou Bensouda, y muchas otras voces autorizadas, han sido reiterativas en el sentido de que los autores de delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra y delitos atroces tienen que cumplir penas privativas de la libertad en establecimiento carcelario.

A pesar de ello, ya veremos cómo nos venden una verdad acomodaticia que limpie a las Farc de su responsabilidad sobre los más horribles crímenes que se han cometido en Colombia y cómo eximen de ella a los máximos cabecillas descargando la culpa en segundones mientras que para encarcelar a muchos altos mandos de las Fuerzas Militares se han valido de retorcidas argucias como en el caso del general Uscátegui.

Y para que vayamos viendo cómo se diluyen las responsabilidades de las Farc, hay que coger con guantes el anuncio de un supuesto reconocimiento de las víctimas que recientemente motivó los mayores elogios de toda la comparsa oficialista que acompaña la farsa de los diálogos de La Habana, a pesar de que en la declaración las Farc no hacen reconocimiento alguno de sus monstruosidades. Por el contrario, con su cinismo acostumbrado expresan que “las víctimas son víctimas del conflicto armado y el Estado es el mayor responsable por acción u omisión”.

Las Farc y el gobierno de Santos tienen dos cartas a las cuales acudir para sembrar la impunidad manipulando el tema de las víctimas, que terminarán siendo el foco de distracción: una comisión de la ‘verdad’ sesgada que absolverá a las Farc de buena parte de su responsabilidad culpando al Estado y al paramilitarismo, y la participación en los diálogos habaneros de unas delegaciones de víctimas que no se sabe a quién representan. Bien lo dice Jaime Jaramillo Panesso, uno de cuyos hijos fue asesinado por las Farc: “Ni los hijos, ni la esposa ni el padre de Fidel Jaime hemos sido consultados, enterados y menos invitados a La Habana. Desconocemos la forma como se escogen las víctimas y su representación. No hay reglas públicas para manifestarles a las Farc quiénes llevan la vocería y si las víctimas que transporta el gobierno a La Habana son auténticas o si son escogidas a su conveniencia propagandística”. Y agrega: “nos interesa conocer si el encuentro en La Habana es entre las víctimas civiles y las víctimas que se llaman a sí mismas las Farc, o si las víctimas de las Farc son reconocidas como tales por sus victimarios y están dispuestos a asumir su responsabilidad penal”.

Sin duda, las víctimas son un as bajo la manga de un tahúr que está jugando con el futuro de todos.

(Publicado en Periódico Debate, el 17 de junio de 2014)

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Posted by Saúl Hernández

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