BwAPMb2IEAAHwI1Un estudio del Observatorio para la Democracia de la Universidad de los Andes, reitera que los colombianos queremos la paz pero sin concesiones abultadas para las Farc. Menos del 15% de los encuestados acepta la posibilidad de que el Gobierno entregue espacios de representación política a los reinsertados, y el 70% están en desacuerdo con ofrecer impunidad a los miembros de las Farc, aun si confiesan sus crímenes.

Pero eso es exactamente lo que el Gobierno está haciendo, en contravía del sentir de los colombianos. Por eso le pone cortapisas a todo lo que pueda constituirse en un factor de oposición: se quiere criminalizar el uso de Twitter, con recomendación del mismísimo ‘Defensor del Pueblo’ de que la Corte Suprema reglamente su uso. A la vez, le desmejoran la seguridad a los críticos del proceso, como al expresidente Pastrana, quien se fue del país al temer por su vida, y al expresidente Uribe, al que le piden el apartamento por el que pagaba arriendo en una sede de la Policía y a quien ya le habían recortado considerablemente el esquema de seguridad.

No contentos con eso, el fiscal general Montealegre, funcionario de bolsillo del ‘Juampa’, les abre procesos a cuantos osen criticar esa conspiración para refundar la Patria que se está llevando a cabo en La Habana. De hecho, ni siquiera se avergüenza de reincidir en las fábulas del supuesto hacker Andrés Sepúlveda, el mismo que se atreve a decir que interceptó comunicaciones del Comando Sur de los EE. UU. y sus aviones Awacs, cosa que ni las demás potencias pueden hacer.

Solo ese detalle derrumbaría la credibilidad de cualquier testigo, pero la Fiscalía se inventó supuestos atentados contra el hacker para hacerlo digno de crédito ante la opinión pública y luego se lo entregó a la revista Semana para arremeter contra el uribismo sin siquiera considerar las contradicciones en que incurría frente a lo declarado con anterioridad no solo por él sino también por su esposa y su hermano, quien denunció en la Procuraduría que el ente investigador le ofreció al hacker 200.000 dólares y reubicación en el exterior a cambio de enlodar al Centro Democrático.

Aparte de ventilar en los medios graves acusaciones sin aportar una sola prueba, hay otros detalles que dan muestra de la persecución. Por ejemplo, ¿quién hizo los envíos anónimos de fotocopias de la supuesta agenda del hacker a sendos antiuribistas como Armando Benedetti si es una prueba que está en poder de la Fiscalía bajo cadena de custodia? Blanco es (o, mejor, calvo es), frito se come…

Pero, además, ¿cómo sabe Benedetti que no se trata de un documento apócrifo y que la caligrafía pertenece, efectivamente, al hacker Sepúlveda? Más aún, ¿por qué considera calumniosas ciertas afirmaciones que sobre algunos congresistas dice haber encontrado en ese manuscrito, en tanto considera como verdaderos todos los dichos que puedan inculpar al uribismo en alguna actuación punitiva? No solo el rasero es de una subjetividad evidente sino que se hace una tormenta en un vaso de agua: lo único que se puede deducir de la supuesta agenda del hacker, es que Sepúlveda se dedicaba a hacer campañas de desprestigio, la misma propaganda negra que aprendió de su antiguo jefe J.J. Rendón, uno de los hombres dilectos de Santos.

Precisamente, Santos le puso la cereza al pastel al afirmar que las declaraciones del hacker le habían provocado “escalofríos”, que es lo que muchos sentimos al ver la manera como se lleva el proceso de negociación con las Farc, que igualadas en todo con el Estado colombiano tienen carta blanca para hacer toda clase de exigencias, como la de neutralizar a los únicos que se le pueden atravesar en su carrera por el poder.

En un artículo publicado en Anncol, la agencia noticiosa de las Farc, se expresa que Santos “tiene armas suficientes para neutralizar a los agentes más activos de la extrema derecha”; judicialmente al uribismo y con “habilidad y propósito” a las Fuerzas Armadas. Por eso, la comparecencia de militares a La Habana, la creación del Comando de Transición del Ejército y la criminalización del uribismo. Se está cumpliendo la orden.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 1 de septiembre de 2014)

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Posted by Saúl Hernández

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