Al momento de escribir estas notas, el viernes previo a la primera vuelta, reina la incertidumbre sobre los efectos que pudiera haber causado la sucia trampa en que cayó el candidato del Centro Democrático Óscar Iván Zuluaga. Por obvias razones, todos, tirios y troyanos, están pendientes: Zuluaga había empatado y hasta sobrepasado la intención de voto de Santos en las encuestas y solo las elecciones darán luces acerca de qué tanto lo perjudicó el escándalo o si acaso lo favoreció.

Es apenas lógico esperar que un escándalo surgido en un momento tan crucial le pase factura al candidato Zuluaga y comprometa un triunfo que se empezaba a vislumbrar y del que aún tiene grandes posibilidades para la segunda vuelta. Pero, en política, nunca se sabe. Si el electorado llegara a convencerse de que hay gato encerrado —y lo hay— el castigo a Santos, en las urnas, sería proverbial, y podría darse el triunfo de Óscar Iván en primera vuelta, o que haya segunda vuelta pero sin Santos, con Zuluaga enfrentado a Peñalosa, Martha Lucía o Clara.

Sin embargo, para el voto de opinión el caso no deja de ser oscuro y muchos temen que de llegar Óscar Iván Zuluaga a la Presidencia tenga que dedicar buena parte de su tiempo y energías a defenderse y contestar ataques, por lo que a pesar de considerarlo un dirigente probo y competente muchos ya no votarán por él. Eso, creo, no lo excluye de la segunda vuelta por cuanto su caudal electoral —el uribismo— es muy superior al de las tercerías, pero en junio, frente al candidato Santos, estaría en desventaja al no poder contrarrestar los votos que este tiene agenciados mediante el reparto de mermelada y las canonjías de la paz.

La verdad es que Zuluaga ha recibido una herida grave, casi mortal, y su reacción —y la de su campaña— no ha sido la mejor. Desde el principio se debió afrontar la situación con entereza en lugar de estar cancelando entrevistas. Y así como se reconoció sin problema que el hacker trabajaba en la campaña, también se debió reconocer de manera oportuna que se había tenido una reunión con él de la que no hay nada que ocultar. No hay una sola palabra que comprometa al candidato con delito alguno; por el contrario, es él quien se convierte en víctima de un delito al ser grabado furtivamente para armar un complot en su contra.

Adicionalmente, habría que considerar que se cometió un error al centrar la defensa en el argumento de que el video sería un montaje, entendiéndose como un montaje de orden técnico, o sea lo relacionado con imagen y sonido. Bien es cierto que las copias del video presentadas por medios de comunicación —Semana y El Tiempo— pueden presentar incongruencias de diverso orden y hasta manipulaciones, pero otra cosa es el video original.  Cualquiera que haya subido un video a Youtube sabe que al depreciar el formato o la resolución (lo cual es necesario para reducir el peso y permitir el streaming), pueden deteriorarse ciertas características como la sincronización entre imagen y sonido, la iluminación, el contraste, el color y demás. Ya la Fiscalía informó que el video original no está alterado, y habría que suponer que su nivel de definición es bueno y disipa la mayoría de las dudas surgidas de las copias presentadas por los medios.

Entretanto, la campaña del Centro Democrático perdió valioso tiempo dejando sembrada la duda de que Zuluaga no era el del video, o que el sonido había sido adulterado para poner en su boca cosas que no dijo. Nada de eso era necesario porque, repitámoslo, en ese video no hay nada ilegal, no hay nada incorrecto por parte de Óscar Iván Zuluaga, no hay nada que pueda incriminarlo, como quieren algunos, y no hay nada que ponga en duda su probidad moral como para que tenga que renunciar.

El verdadero montaje es la trampa urdida para mostrar la supuesta cercanía del candidato Zuluaga con el hacker que ‘atenta contra la paz y la seguridad nacional’. Si la gente descubrió las mentiras que se han dicho, es probable que al momento de publicarse esta nota tengamos nuevo Presidente de Colombia. Que las urnas den su veredicto.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 26 de mayo de 2014)

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Posted by Saúl Hernández

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