En Colombia hay, entre otros, carteles de precios de los pañales, los cuadernos, el cemento y, al parecer, del azúcar. Pero la sanción confiscatoria que le impuso la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) a los cañicultores no se fundamenta en un acuerdo de precios sino en una presunta traba a la importación del endulzante, cosa que para un gremio es imposible de controlar. Si bien el precio ha aumentado un 31% en el último año, a la par de una reducción del 30% en las importaciones, el precio de este endulzante en el país sigue siendo uno de los más bajos del mundo según un estudio de American Sugar Alliance (El Espectador, 08/10/2015). Luego, no debe ser tarea fácil importar azúcar porque no en muchas partes es más barata para que sea rentable traerla. Si aquí fuera cara, nos inundarían de azúcar legal y de contrabando sin que los productores locales lo pudieran evitar.

Hay claros indicios de que esta decisión tiene un trasfondo político. Un superintendente no toma una determinación de este calado sin que se lo ordenen desde Palacio, y por debajo se ve el talante de Santos y el estilo autoritario que llevó a Venezuela al abismo. Santos se ha caracterizado por tratar como enemigos a quienes no están con él y por castigar los desaires que le hacen. En ese sentido, hay que recordar que la industria azucarera no apoyó la reelección, y que en la celebración de los 150 años de Azúcar Manuelita (el 29 de julio de 2014), al presidente Santos lo vieron muy incómodo por las menciones elogiosas y los aplausos de pie que recibió en ausencia el expresidente Uribe, cuya Seguridad Democrática es venerada y añorada por los agroindustriales de todo el país. De hecho, en su discurso en esa velada, Santos dijo que sabía que el motivo por el que varios empresarios no lo acompañaban era el proceso de paz.

Desde entonces el Gobierno ha tenido a los azucareros entre ojos. Basta con mencionar que ha pretendido quitarle los aranceles a la importación del azúcar, lo que sería un golpe mortal para los productores, y subirle el IVA a las gaseosas para disminuir su consumo con el argumento de reducir sus dañinos efectos en la salud de los consumidores. Una medida que parece confeccionada con nombre propio, el de la Organización Ardila Lulle, propietaria de varios de los mayores ingenios, principal productor de bebidas azucaradas en el país y dueña del Canal RCN, donde fue nombrada directora de noticias la periodista Claudia Gurisatti, una escéptica del proceso de paz.

Claro que los industriales del Valle del Cauca no se han cruzado de brazos. Ante la absurda decisión de la SIC, de multar con las ganancias de tres años a toda la industria azucarera, ya se habla de un comité impulsor de la independencia del Valle, una de esas ideas que de tomar vuelo generan un peligroso efecto dominó, propagando ardores separatistas por toda la geografía nacional. Porque si bien lo de los empresarios del Valle puede ser una simple pataleta para hacer levantar la multa, el descontento por una paz mal hecha puede prender la llama y atizar la efervescencia de mucha gente como en una especie de ‘primavera árabe’.

Habrá regiones del país donde se aguanten un paulatino proceso de destrucción de la economía como el que se llevó a cabo en Venezuela, pero en otras eso no se va a consentir tan fácilmente. Al comienzo habrá una oleada de optimismo y esperanza, y se creerá que el populismo puede convertirse en verdadera fuente de paz y progreso, pero inevitablemente llegarán esas medidas irracionales que irán abriendo heridas y generando inconformidad.

Así como la SIP advirtió el grave peligro que entraña contra la libertad de prensa la pretensión fariana de democratizar los medios de comunicación, hay que dejar en claro que la sanción a los azucareros es un atentado contra la libertad de empresa, que es el sustento del sistema capitalista y, en el fondo, de la democracia misma. Esto es un aviso de lo que nos espera y un mensaje a los gremios para alinearlos a la brava con el Gobierno y la paz, que es lo mismo decir, con las Farc. El azúcar, ese monocultivo que sostenía a la Cuba de los primeros años de la satrapía y de la que ya hoy no produce la isla ni un cubito. Un refinado símbolo.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 12 de octubre de 2015)

También le puede interesar

Posted by Saúl Hernández

Deja un comentario