El sábado me aprestaba a escribir una columna sobre el caso de María del Pilar Hurtado, cuando noté una avalancha de insultos en mi cuenta de Twitter, provenientes de personas de izquierda y exaltados antiuribistas. Todo por un trino que escribí el día anterior: “Navarro sigue conmovido por suicidio de su hijo. ¿Y por las víctimas del M-19 también?”.

Obviamente, ese trino no fue más que un pretexto para tildarme de insensible, inhumano e insolidario. El insulto más liviano fue “qué bajeza”, pero muchos son impublicables y todos tenían como fin el de hacerle el habitual matoneo al uribismo.

Pues bien, tal escandalera encubre un alto grado de relativismo moral y profunda hipocresía. Si la tragedia familiar que le tocó en desgracia al senador Navarro hubiera acaecido en el entorno íntimo de un jefe paramilitar, de un militar acusado de ‘falsos positivos’ o de un supuesto ‘parapolítico’, un mensaje como el mío habría pasado inadvertido en medio de las lindezas que esta gente suele propalar.

Son malintencionados quienes consideran que el trino que escribí fue ofensivo. En ningún momento puse en duda el dolor de padre de Navarro ni vulneré la memoria de su hijo. En cambio, recuerdo que cuando la presentadora Lina Marulanda tomó el mismo camino, su memoria fue mancillada monstruosamente en las redes sociales y los foros de los periódicos, solo por ser colaboradora de la campaña de Santos, quien por entonces era el candidato del uribismo. Barbaridades que me da pena repetir, pero que seguramente muchos recordarán.

De hecho, el mismo día que el hijo de Navarro, tomó la misma decisión el periodista Juan David Arango, a quien conocí en la universidad. Todos los que lo conocimos quedamos estupefactos, pues nada hacía pensar que alguien como él tomara una decisión tan radical. Si hasta me parece increíble que tuviera un arma. Sobre esos casos triné: “La depresión es una epidemia. La frustración, el ver como un fracaso que las cosas no salen como queremos…”.

En Colombia se están quitando la vida cerca de dos mil personas cada año, cinco cada día. En el 2013, hubo 1.810 suicidios (‘Forensis’). Pero se teme que este sea un subregistro, pues muchos se encubren como muertes naturales o accidentales, ya que siguen siendo un estigma que las familias tratan de ocultar en medio de su dolor.

Así que una cosa es la innegable tragedia, el dolor de padre y la memoria del ser querido que se ha ido, aspectos totalmente respetables, y otra el que a una persona como el doctor Navarro no se lo pueda cuestionar sobre actos de su pasado por los que ha recibido el perdón, pero por los que no puede haber olvido. ¿Que no era el momento? Para hablar de víctimas no puede haber escenarios inoportunos. Esa mácula es imborrable y con ella tendrá que vivir por el resto de sus días. ¿O es que se pretenden borrar de un plumazo los cientos de crímenes impunes de esa banda terrorista, de la que él fue uno de los principales cabecillas?

No confundamos las cosas, bajeza fue quemar el Palacio de Justicia fletados por Pablo Escobar, o asesinar a José Raquel Mercado y a muchas personas más por las que me pregunto si hay alguna congoja, algún grado de arrepentimiento. Por la sensibilidad que ha querido exteriorizar el doctor Navarro, quisiera creer que sí.

Pero si en medio de una negociación en la que se les va a otorgar total impunidad a unos terroristas brutales, no se le puede preguntar a un líder amnistiado si hay algún sentimiento de conmiseración por sus víctimas, queda claro que a las Farc será imposible preguntarles por las suyas. En tal caso, no creo que haya matoneo mediático alguno; ellos prefieren las bombas lapa y los sicarios de la ‘Teófilo Forero’.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 10 de marzo de 2015)

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Posted by Saúl Hernández

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