Al igual que el copiloto Andreas Lubitz, el piloto Santos está llevando al país contra las rocas de manera premeditada. De poco sirve ya dilucidar si Lubitz era un ser depresivo con tendencias suicidas, un pendejo al que echó la novia u otro combatiente del terrorismo islámico. Igual pasa con el ‘Juampa’, de quien se rumora que era un Caballo de Troya del comunismo internacional, al que desde joven se le conocía con el alias de ‘Santiago’, pero que para la mayoría no es más que un individuo megalómano y vanidoso que es capaz de entregarnos a todos a cambio de su gloria personal.

Sea como fuere, el proceso de La Habana marcha tan mal como empezó, a pesar de lo cual se le sigue mintiendo a un pueblo adormilado, al que se le vende la idea de estar ya en el postconflicto. ¡Qué necedad! Basta revisar la prensa de los últimos días para confirmar que esto es un festival de concesiones a favor de las Farc, lo que constituye una evidente claudicación frente a un grupo tan criminal como el que más.

Para empezar, la salida del general Mora no solo es desesperanzadora sino que nos da la razón a quienes creíamos que su presencia en La Habana era meramente decorativa, una maniobra simple pero efectiva para ganarse la confianza de los militares hacia el proceso. Gracias a ello, muchos creyeron que el grupo de negociadores se comportaría patrióticamente, cuidando los mayores intereses de los colombianos. Sin embargo, ha ocurrido todo lo contrario en las narices de Mora, y es probable que sin él las cosas se pongan peor.

Por otra parte, mientras pasan cosas tan graves como la confrontación entre campesinos e indígenas en el Cauca, donde estos últimos son espoleados por las Farc para acabar con el concepto de propiedad privada, esta guerrilla deja en claro que su propuesta de desminado no es más que otra farsa con el anuncio de que mantendrán minadas sus áreas de operación. Farsa que les servirá para alcanzar, en la práctica, un cese bilateral al fuego en zonas en las que requieran disminuir operaciones de las Fuerzas Militares.

Así, con el supuesto desminado y el anuncio de cesar por un mes los bombardeos aéreos sobre campamentos terroristas —que en realidad están suspendidos hace meses—, se ha llegado a la conclusión de que el proceso con las Farc está en la recta final, en ‘tierra derecha’, como se dice en el argot hípico. Es la misma ilusión que vende el Gobierno en este año electoral. Pero las Farc afirman lo contrario para incrementar la presión sobre un mandatario dispuesto a todo a cambio de la firma en un papel: “Hablar de irreversibilidad no es conveniente para el proceso. (…) Falta todavía mucha tela por cortar”.

Y sí, falta tanta tela que esta negociación, de la que Santos dijo en su inicio que duraría meses y no años, está pendiente no solo de tres puntos restantes sino de 28 salvedades que constituyen los aspectos más delicados, las cuestiones de honor en las que las Farc no darán su brazo a torcer. La estrategia es conversar y conversar para alcanzar más concesiones mientras se deja pasar el tiempo para fortalecerse. Por eso, no es para sorprenderse que Todd Howland, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia, afirme que la negociación puede durar dos años más, hasta 2017. En ese entonces sería el momento perfecto para culminar con la Asamblea Constituyente que reclaman los terroristas y aterrizar triunfantes en el Congreso que se posesiona al año siguiente.

Por ahora, continúan sus acciones, solo los medios mermelados creen en la pantomima del cese unilateral. Entre el 20 de febrero y el 19 de marzo, la Defensoría del Pueblo registró 33 acciones subversivas no solo contra la Fuerza Pública, sino con afectación a la población civil por amenazas, extorsiones, secuestros, homicidios, accidentes por minas, restricciones de movilidad, imposición de manuales de conducta y desplazamientos forzados.

¿Quien arrastra a la muerte a 150 personas es un suicida o un criminal de la peor ralea? ¿Y qué decir del que arrastra a un país entero?

Aquí el único que hace política con la paz es Juan Manuel Santos. Y todos, todos, tenemos derecho a meternos en el tema.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 30 de marzo de 2015)

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Posted by Saúl Hernández

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