Una de las ideas más absurdas que ha vendido Santos con respecto a su proceso de paz con las Farc, es esa quimera de que ya estamos en el postconflicto. Y no es absurda solo porque lo que estemos viendo a diario sea una violencia atroz; de hecho, es sabido que todo postconflicto suele ser tanto o más violento que la etapa que se precisa superar. Lo absurdo está dado por el hecho de que nada se ha firmado en La Habana y por que la violencia reinante es ocasionada, precisamente, por el grupo terrorista con el que se dialoga. Luego, si no ha terminado el supuesto ‘conflicto’, no puede haberse llegado al postconflicto. Recuérdese que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”, así que no hay que ensillar antes de traer las bestias.

Hoy más que nunca se hace evidente la singular paradoja de que la tal ‘guerra’ de Uribe nos trajo paz y la supuesta ‘paz’ de Santos no nos ha traído sino guerra. El país está asistiendo estupefacto a una orgía de sangre y destrucción que acrecienta la incertidumbre sobre lo que se va a firmar en La Habana, mientras Santos fundamenta esa chifladura del postconflicto, en el cuento de que se están reparando a las víctimas y restituyendo sus tierras, y de que se ha acordado un plan de desminado con las Farc.

No obstante, ninguna de esas cosas pueden considerarse suficientes como para pensar que se acabó ese terrorismo que algunos insisten en llamar ‘conflicto’, pues si la paz que nos quieren entregar es esta zozobra cotidiana, el conteo diario de uniformados muertos, torres de energía derribadas y barriles de petróleo derramados, es preferible, a todas luces, volver a la guerra de Uribe, en la que el conteo era de guerrilleros caídos y/o desmovilizados, y de menos muertes, menos secuestros y menos actos de terror. Es que no puede hablarse de postconflicto mientras las Farc persistan en cometer actos de violencia y mantengan armas en su poder. Pretender lo contrario es una necedad.

Por cierto, los programas que Santos pone como ejemplo arrojan cifras vergonzosas. Desde que se inició la restitución de tierras, el senador Jorge Enrique Robledo ha demostrado, con datos en la mano, el absoluto fracaso de ese programa, en tanto que otros expertos no han dudado en señalarlo como un tropiezo para el desarrollo agropecuario que está desestimulando las inversiones de capital privado que necesita ese sector.

En cuanto al desminado, el panorama no es más alentador. Lo que la guerrilla ha propuesto hacer en la vereda El Orejón del municipio de Briceño, en Antioquia, sería motivo de risa si no se tratara de un asunto tan delicado. El objetivo es limpiar un área de 12.000 metros cuadrados (de caminos y campos) que parece muy grande para el ciudadano desprevenido, pero que apenas son dos cuadras de terreno, o el equivalente a una cancha y media de fútbol de tamaño reglamentario. Eso es todo, un simple artificio para hacer ruido. Briceño tiene 401 kilómetros cuadrados, y el área a limpiar constituye tan solo el 0,002% de la superficie de esa población. Y es tan solo uno de los 125 municipios de Antioquia, el departamento más afectado por esos artefactos. De ese tamaño son los avances del postconflicto.

En medio de la ‘guerra’, el Batallón de Desminado del Ejército y algunas organizaciones humanitarias limpiaron municipios enteros como San Carlos (Antioquia), El Dorado (Meta) y Zambrano (Bolívar), los cuales fueron declarados territorios libres de minas antipersonal. Sin embargo, a eso jamás se le dedicó tanta atención como la que se le presta al pequeño plan de desminado de las Farc.

En el postconflicto de Santos, el Índice Global de Paz (del Instituto para la Economía y la Paz) acaba de ubicar a Colombia como el país más violento de todo el hemisferio occidental y puesto 17 en el mundo (entre 162 naciones), en una lista que encabezan Siria, Irak y Afganistán. A su vez, el reciente informe del Departamento de Estado de EE. UU. señala a las Farc y el ELN como la mayor amenaza terrorista de este hemisferio. Interesante la propuesta del Partido Verde: una papeleta en octubre para fijar el 9 de abril de 2016 como plazo límite del sainete de La Habana. Ya es hora.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 22 de junio de 2015)

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Posted by Saúl Hernández

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