En Colombia los políticos han ido adquiriendo un complejo de faraón egipcio que los impele a dejar una impronta de piedra que sirva para perpetuar sus nombres por toda la eternidad.

Por eso no hay nada más peligroso que un alcalde con plata –nuestra plata, la de los impuestos– porque, para glorificarse en la Historia y catapultarse a sitiales más altos del poder, nada mejor que ejecutar obras descomunales y ostentosas.

Los últimos alcaldes de Medellín han sido especialistas en el desarrollo de obras de ese tipo, en muchos casos improvisadas. El billete abunda y las prioridades pasaron de moda, igual que la austeridad. Y a cada alcalde le toca ‘superar’ al anterior. Si Alonso Salazar –que hoy puntea en las encuestas–, construyó un puente monumental de 200.000 millones de pesos que no conduce a ninguna parte, Aníbal no podía quedarse atrás y tenía que construir otro más grande y más caro –el puente Madre Laura–, pero tal vez más útil por la ausencia de conexiones viales en ese sector. Sin embargo, esas son pequeñeces para un espíritu pretencioso; Aníbal quería algo inmenso, no un simple elefante blanco, sino un siniestro Godzilla. Y le dio vida, se llama ‘Parques del Río’.

Para que se hagan una idea, este embeleco es una obra de la envergadura del metro de Bogotá. Con una diferencia: su utilidad es la misma que la de un fino florero en un tugurio. Lo que se pretende es enterrar el complejo vial más importante de la ciudad –el único– para construir parques encima en una extensión de 26 kilómetros. El costo se estima en unos 3 billones de pesos, pero en Boston (EE. UU.), enterrar 6 kilómetros les terminó costando 22.000 millones de dólares, que aún están pagando. Y el tiempo de construcción se calcula en 10 años (al menos tres alcaldías), pero se puede llevar décadas, si es que se concluye.

Cualquiera imaginaría que este despropósito constituía el eje central del programa de gobierno ofrecido por Aníbal Gaviria a sus votantes, pero no hay tal. En dicho programa (‘Medellín: todos unidos por la vida y la equidad’), encontramos que apenas se dan unas puntadas a la idea: se habla de estudiar “la posibilidad de grandes parques para la ciudad” (p. 46); “Crear, paralelo al río Medellín, un corredor lúdico” (p. 56); “Promover la solución de la movilidad básica de Medellín norte-sur y oriente-occidente con la avenida Parque del Río” (p. 61); e “Impulsar la concesión para el corredor del río y vías complementarias con un enfoque de vía parque con tramos fundamentalmente subterráneos y a nivel” (p. 62). Eso es todo.

Desde mañana, la autopista Sur –entre La Macarena y la calle 33– estará cerrada por lo menos durante el doble de los once meses previstos. Y se colapsará toda la ciudad, pues el tráfico se pretende desviar por vías ya saturadas. Siempre que hay cierres en la Autopista o en la Regional (por un concierto, una competencia, un desfile, una cabalgata), así sea un sábado, Medellín queda bloqueada por todos los costados.

Cómo será de grave el asunto que Federico Gutiérrez, candidato a la alcaldía de la ciudad, le pidió a Aníbal suspender la obra. Y fue más allá: le preguntó si las atribuciones que le otorgó el Concejo (Acuerdo 300), para reformar la administración local, se van a aprovechar para buscar la forma de amarrar a las futuras administraciones para terminar la obra en su totalidad. Esto porque después del caos que veremos –las siete plagas de Egipto– no habrá candidato que se atreva a insinuar que continuará la obra ni alcalde que la prosiga. Con el perdón de los capitalinos, esta es una ‘bogotanada’.

Pregunta. ¿La posible visita papal incluye contratos del Gobierno con el Vaticano como los suscritos con Tony Blair?

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 7 de abril de 2015)

También le puede interesar

Posted by Saúl Hernández

Deja un comentario