El ladino presidente Santos estaba urgido de ponerle plazos al sainete de La Habana no solo porque así lo había prometido tras la masacre de once soldados en el Cauca, sino porque la opinión pública venía presionando para que se impusieran términos concretos y hasta para que se le diera fin a esta farsa. Pero, sobre todo, porque el proceso no camina y ha perdido el favor de la opinión justo antes de unas elecciones regionales que el partido oficialista pretende ganar con el gastado discurso de la paz.

Y Santos encontró la fórmula: meter el proceso al congelador por cuatro meses, mientras pasan las elecciones, con la argucia de que transcurrido ese tiempo se va a decidir si el proceso continúa o no. De esta forma se le concede a la opinión pública la exigencia de imponer un plazo, alimentando la falsa creencia de que Santos considera la alternativa de pararse de la mesa, mientras el Presidente y las Farc se benefician mutuamente haciéndose pasito.

Como está visto, escaladas terroristas como las de los dos últimos meses tienen efectos adversos entre la opinión, por lo cual no pueden implementarse de manera indefinida. Al principio, muchos se ablandan y terminan convencidos de las supuestas bondades de un cese al fuego bilateral, pero con los días va endureciendo la posición de la mayoría y aumentando la incredulidad.

Por consiguiente, a las Farc no les quedaba de otra que acudir de nuevo a la astucia del cese unilateral, con lo que espera contrastar con zanahoria la estrategia pabloescobariana del garrote, tratando de generar confianza entre las gentes y espacio de maniobra para el Gobierno, que se relame de ganas de decretar una tregua que para los colombianos tendrá sabor a derrota y rendición.

No se puede pasar por alto que el cese unilateral de hostilidades que ofrece el terrorismo es tan solo una apariencia pues hay crímenes que se cometen de manera continuada aunque no se estén realizando ataques de ningún tipo. Durante el cese, las Farc continuarán narcotraficando, extorsionando, abusando sexualmente de mujeres y menores de edad, seguirán siendo una amenaza armada para poblaciones que están bajo su yugo, mantendrán bajo secuestro —porque eso es lo que es, ni más ni menos— a los miles de niños que han reclutado forzosamente y proseguirán perpetrando muchas otras conductas violatorias de la ley, los derechos humanos y el DIH. Hasta su plan de desminado es una farsa.

Como si fuera poco, la verificación del cese unilateral estará en manos de organismos o personas que no tienen la neutralidad requerida. En principio, las Farc mencionaron organizaciones que les son afines como el sedicente ‘Congreso de los Pueblos’ y el ‘Frente amplio por la paz’. También hablaron de las ‘iglesias’, pero poca neutralidad ha mostrado la Iglesia Católica, cuyos obispos, con contadas excepciones, parecen voceros de la subversión. Ahora se habla de de la organización chavista Unasur y de la Onu, cuyos representantes en Colombia son aún más entusiastas de la guerrilla que los obispos. Eso asegura que el tal cese será roto tantas veces como los anteriores sin que nada pase.

Mientras las Farc no sean concentradas en algunos sitios claramente delimitados, bajo vigilancia y protección de autoridades nacionales e internacionales, cumpliendo el requisito previo de entregar a todos los menores de edad que estén en sus filas, será imposible avanzar hacia una firma de la paz. Además, es la única forma en la que se puede realizar un verdadero cese bilateral entre las Farc y el Estado, de manera que las fuerzas constitucionales puedan mantener sus operaciones contra otros actores ilegales en todo el territorio nacional.

Como es obvio, eso implicaría que las Farc abandonen de una vez toda actividad delictiva, cosa que no van a hacer. De ahí que resulte extemporáneo el llamado de Santos a desescalar el lenguaje. Pasará mucho tiempo antes de que las Farc se ganen con hechos no solo el perdón sino el dejar de referirnos a sus miembros como lo que son: terroristas, secuestradores, asesinos, extorsionistas, violadores, sicópatas y muchas cosas más. Los cuatro meses son más de lo mismo: este negociado no tiene fecha de vencimiento.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 20 de julio de 2015)

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Posted by Saúl Hernández

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