El Gobierno no habla de otra cosa: está jugado a convencer a los colombianos de que concederles todo a las Farc es la paz y que el plebiscito para refrendar los acuerdos de La Habana será la decisión más importante de nuestras vidas, como si las decisiones importantes no fueran, a menudo, malas decisiones.

Y como no gobierna, la economía sigue mostrando señales de que va cayendo por el despeñadero. Standard & Poor’s nos había rebajado la calificación de riesgo en febrero y ahora lo acaban de hacer Fitch Ratings y Moody’s. Incluso, las empresas de EE. UU. que operan en Colombia están preocupadas por el alto nivel impositivo, lo que está espantando la inversión extranjera.

Entretanto, crece la incertidumbre por cosas como la llegada de 30 militares cubanos entre los 500 delegados de la ONU que realizarán tareas de verificación de los acuerdos de paz con las Farc. Para muchos, una alharaca desmedida por un asunto de poca monta. Pero es desde Cuba que se han alimentado las revoluciones socialistas en países de la región —y hasta en África—, y ese puñado es apenas el comienzo. En Venezuela se habla de la presencia de unos 80.000 agentes cubanos, y hay quienes aseguran que en nuestro país hay, hace años, miles de integrantes del temible G2 cubano en diversas tareas.

Eso contrasta con el trato que están recibiendo los refugiados cubanos que están hacinados en Turbo (Antioquia) en espera de lograr hacer tránsito a Panamá con destino final a Estados Unidos. Colombia piensa deportarlos hacia su país de origen a pesar de que allí correrían peligro. Algo similar ocurre con los venezolanos, a los que ahora Colombia les cierra la frontera dizque para evitar el riesgo de una estampida ante la avalancha de gentes desesperadas por comprar aquí comida y medicinas. Solo falta que la Cancillería ordene la persecución y captura de los cientos de venezolanos que están instalándose en Colombia, huyendo de la miseria a que los ha sometido el Socialismo del Siglo XXI.

Y mientras en España multan a uno de los culpables de la debacle venezolana, aquí lo contratamos con dineros públicos. En efecto, Juan Carlos Monedero, cofundador del partido de extrema izquierda Podemos, que recibiera patrocinio directo de Hugo Chávez, ha sido sancionado con 42.000 euros por prestarle asesoría al chavismo sin tener permiso en la universidad en la que trabajaba, donde ha sido suspendido por seis meses. El sábado anterior, Monedero dictó una conferencia en la Universidad Libre de Bogotá sobre nuevos partidos —léase, las Farc en la política—, pagada por el gobierno de Santos. Es decir, cada vez hay más indicios de que estamos adentrándonos por los caminos del castrochavismo.

Sin embargo, cada vez son más los que se suman a la cruzada de resistencia civil contra esta capitulación a favor del terrorismo. El expresidente Pastrana ha calificado el plebiscito de golpe de Estado y le ha pedido al conservatismo votar por el No, que es también como votará el Centro Democrático, como se anunciará esta semana. Luego, se prevé una disputa muy apretada, por lo que el Gobierno viene mostrando no poco nerviosismo. Hasta se quiere chantajear a la opinión con la promesa de voto para los militares, a futuro, con el fin de que sus familiares voten por el Sí en el plebiscito. A falta de mermelada, buena es la ‘creatividad’ de Roy Barreras.

Tiene razón José Félix Lafaurie al señalar que tal es la complejidad de lo acordado que ni seis meses bastarían para explicárselo al ciudadano del común, aquel que “no votará por el contenido de un documento, sino inducido por la publicidad oficial, como quien elige un perfume”. Publicidad que lo atropellará día y noche con el cuentico de la paz: ahora llegan las medallas olímpicas de la paz.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 2 de agosto de 2016)

También le puede interesar

Posted by Saúl Hernández

Deja un comentario