Dice el contralor General de la República, Edgardo Maya, que la modernización de la Refinería de Cartagena, propiedad de la cuasi quebrada Ecopetrol, tuvo sobrecostos de más del 100%, equivalentes a 4.000 millones de dólares, el doble de lo que se pagó por el 57% de Isagén. Si esto hubiera ocurrido en el gobierno de Uribe, la politizada justicia ya tendría a media docena de funcionarios rumbo a la cárcel, pero en la era de la mermelada y la refundación de la República no pasa nada.

La persecución judicial al uribismo vuelve a la palestra para apabullar la más notoria oposición a la entrega del país a los terroristas. Y la andanada es de proporciones. Le abrieron procesos por las chuzadas a Edmundo del Castillo y César Mauricio Velásquez, le compulsaron copias de acusación a la Cámara de Representantes al expresidente Uribe dizque por la muerte (en accidente aéreo) de Pedro Juan Moreno Villa, y llaman a juicio a Luis Alfonso Hoyos por chuzar el proceso de paz con el hacker Sepúlveda, el mitómano que alardea de interceptar las comunicaciones de los aviones Awacs del Comando Sur de Estados Unidos.

Mientras tanto, los delincuentes de las Farc quedan cada día en evidencia a pesar de su tendencia a mentir compulsivamente. Aunque arguyen no tener un centavo para reparar a nadie, a pesar de que sus ingresos se calculan conservadoramente en 600 millones de dólares anuales, el gobierno de Costa Rica ha puesto su mira en las mansiones que posee el terrorista ‘Pablo Catatumbo’ en ese país, avaluadas en más de 30 millones de dólares. Palacetes más típicos de un mafioso que de un ‘luchador social’ que nos recuerdan las propiedades de los jefes de los carteles de Cali y Medellín en sus mejores épocas.

Eso reafirma el temor de muchos colombianos en el sentido de que este sedicente proceso de paz no solo constituye una entrega del país, una fractura de sus instituciones, sino que es un vulgar lavado de activos del narcoterrorismo, producto del tráfico de narcóticos, la explotación ilegal de recursos mineros (oro, platino, coltán, etc.) y de actividades netamente criminales como la extorsión, el secuestro y el despojo de tierras.

Las Farc aducen que todo el dinero que consiguen mediante actividades ilegales lo han invertido en el sostenimiento de su proyecto revolucionario, que no se han guardado nada, que no han acumulado riquezas. No obstante, de tiempo atrás se sabe que sus cabecillas poseen enormes haciendas con miles de cabezas de ganado, que sus hijos viven como reyes en el extranjero y que tienen cuentas millonarias en paraísos fiscales. Pero el Estado colombiano ignora esta realidad como una concesión más en pos de la firma de paz. Serán otros países —como Costa Rica— los que vayan destapando el asunto, a menos que también se traguen el sapo de que delincuentes extranjeros ostenten riquezas adquiridas con dineros ilícitos.

Mientras tanto, avanza la narrativa de la paz construida sobre mentiras que se repiten una y otra vez. Para la muestra, vamos para tres años con el cuento de que el papa Francisco respalda el proceso de La Habana y que esta presto a venir a Colombia a echarle la bendición a esa patraña. El Papa ha recorrido todo el vecindario (Brasil, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Cuba, Estados Unidos) sin aún asomarse por aquí a pesar de su supuesto interés en darle un impulso definitivo al acuerdo. Que venía en 2015, que venía en 2016… Ahora monseñor Castro lanzó la especie de que vendría en el primer semestre de 2017, pero fue desmentido por el Vaticano.

Lo que sí es un hecho es la entrega del país a las Farc. Por eso, en la vereda El Cedral, del municipio de Ituango (Antioquia), donde habrá una zona de concentración de terroristas con la verificación amañada de los amigos de la Celac, ya ondea la bandera fariana, como ejerciendo la soberanía de su republiqueta. Ojalá no lloremos después como Boabdil al perder la Alhambra. No cabe más que aflicción al ver la imagen que publicó Semana con los “poderosos” de la Rama Judicial posando delante de un cuadro de Lenin mientras el país se escandalizaba por la pelotera entre un acosador y una trepadora. El castrocomunismo nos cogió con los calzones abajo.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 2 de febrero de 2016)

 

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Posted by Saúl Hernández

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