Nos vamos pareciendo mucho a Venezuela. El Presidente se ríe de la oposición, el Presidente dice que su gobierno no ha coartado a ningún periodista “serio”, el Presidente gradúa “periodistas comunitarios” para adoctrinar a gente humilde en favor de su paz, el Presidente emprende una campaña publicitaria con toda la maquinaria gubernamental para obtener el Sí en el plebiscito, y hasta viste con piezas de campaña a la estatua de Bolívar. Un repertorio digno de estrategas cubanos, como el que Chávez siguió al pie de la letra.

Creíamos que lo habíamos visto y oído todo, pero la tapa la puso Juan Manuel Santos en pleno Foro Económico Mundial, en Medellín, al amenazar a los colombianos con una supuesta guerra que desatarán las Farc en las ciudades si no aprobamos ese plebiscito que certifica que nos echamos la soga al cuello de forma voluntaria. Mejor dicho, el Presidente de la República se convirtió en vocero oficial de los terroristas de las Farc. ¡Vivir para ver!

Casos hay en la historia de dirigentes que han entregado su país al enemigo, y Santos se suma a la lista. Su amenaza es la misma que hiciera el sanguinario ‘Mono Jojoy’ cuando se cayó el proceso del Caguán: “Vamos pa’las ciudades, allá nos pillamos”, fue su advertencia ante las cámaras de televisión. Es la misma amenaza de Pablo Escobar para tumbar el tratado de extradición. La majestad del Jefe de Estado nunca se mancilló tanto.

Los delincuentes amenazan a ciudadanos inermes porque saben que cedemos para evitar males mayores. Es entendible que los ciudadanos paguemos extorsiones y secuestros, o que entreguemos nuestras pertenencias amedrentados por un arma de fuego, pero que todo un presidente, el líder legítimo de una nación democrática, que está obligado a encabezar la defensa de la vida, honra y bienes de los ciudadanos, se convierta en correveidile del terrorismo, en estafeta de la subversión, en muñeco de ventrílocuo de su jefe ‘Timochenko’, es el colmo de los colmos, es el culmen de la desvergüenza, es la más canalla muestra de indignidad, perjurio y apostasía de los valores democráticos.

Al presidente Santos, de quien creíamos que aún tenía algún asomo de honorabilidad, no le compete estar haciendo este tipo de advertencias. Ni Chamberlain cayó tan bajo, ni Quisling fue tan pérfido. ¡¿Qué diría Winston Churchill de la villanía de ‘Juhampa’, el que asegura admirarlo tanto?! ¿En qué se parecen los llamados que el británico hizo a su pueblo —a luchar en las playas, en los campos, en las calles; a derramar sangre, sudor y lágrimas por la libertad—, al miserable chantaje de Santos?

Y,  como siempre, Santos miente. Trata de enderezar su abyecta amenaza con el cuento de que la ‘guerra’ se ha recrudecido cada vez que se han roto los diálogos. La verdad es que cuando no ha habido voluntad política se le ha abierto la puerta al terrorismo, pero cuando se ha cumplido la ley el terrorismo se ha ido a esconder a sus guaridas como ratas. ‘Jojoy’ no pudo cumplir su promesa porque la seguridad democrática del gobierno de Álvaro Uribe lo relegó a lo profundo de la selva.

Señor Santos: de lo que tenemos “información amplísima” es de que usted está desesperado por entregarles el país a las Farc, al comunismo. No creo que esta haya sido una de sus habituales salidas en falso; más bien, una traición del subconsciente que revela en toda su magnitud la verdadera índole de este pacto extorsivo: o les entregamos el país a las buenas, o nos lo quitan a las malas, con la anuencia de un ser que no tiene dignidad para ser el Presidente de la Nación. Los colombianos no le tememos al terrorismo, lo hemos vivido; le tememos más al paraíso comunista, al liberticidio. El tahúr enseñó las cartas, estamos avisados.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 21 de junio de 2016)

También le puede interesar

Posted by Saúl Hernández

Deja un comentario