La victoria de Donald Trump es otro capítulo de un fenómeno que hemos visto varias veces este año: el triunfo del ‘brexit’, el del No en el plebiscito colombiano y el referendo contra las cuotas de refugiados en Hungría (el 98 por ciento dijo No, aunque la consulta no fue válida por no alcanzar el umbral del 50 por ciento). Incluso, la derrota de un referendo en Suiza, que proponía el pago de un sueldo básico sin trabajar (2.300 euros mensuales), también se podría situar ahí.

En todas esas votaciones se aprecia el retorno del péndulo hacia la derecha, luego de una oleada de ideas “progresistas” que han provocado gran inconformidad. No es, pues, una reacción sorpresiva, se veía venir a pesar de la fuerte presión ejercida por una prensa con marcada orientación izquierdista, que se dedica a pontificar sobre el deber ser que considera adecuado para todos y descalifica a quienes piensan distinto, sin importar que se trate de las mayorías. Bien sabemos que para la ‘intelligentzia progre’, todo lo que se salga de su libreto es políticamente incorrecto, fascistoide y cavernario, y una inequívoca señal de atraso, incultura y oscurantismo.

Y para entronizar sus preceptos cuentan con periódicos, encuestadoras, intelectuales, artistas, ‘think tanks’, organizaciones supranacionales, funcionarios públicos y toda clase de ONG que satanizan ‘ad nauseam’ todo aquello que no les gusta. Si ellos deciden que Europa debe ser multicultural, nada importa el desarraigo de millones de personas que se sienten desterradas o arrinconadas en su propia calle porque el ‘pub’ donde solían tomar cerveza ahora es ‘halal’ y no vende alcohol, ni jamón ni tocino…

No pocos le atribuyen el triunfo de Trump a la America (sin tilde) profunda, a ese campesinado blanco e ignorante que Hollywood nos pinta de escopeta en mano aterrorizando a universitarios cosmopolitas varados en la autopista. Y acusan a Trump de populista por ofrecerles la esperanza de que muchos puestos de trabajo vuelvan a EE. UU. ¿No fue populista Obama cuando le pidió eso mismo a Steve Jobs en una famosa cena en el 2011?

Es cierto que Trump carece de carisma, que se trata de un individuo narcisista, arrogante y altanero, pero lejos está de ser el anticristo, de convertirse en un dictador o de asimilarse a demagogos como Chávez o Maduro. Trump hizo una fortuna casi de la nada; el chavismo, en cambio, convirtió en casi nada una renta petrolera de cerca de un millón de millones de dólares. Son los extremos opuestos. Y tampoco se crea que Trump va a licuar el planeta en un arranque de ira, o a confundir el botón nuclear con el del retrete del Salón Oval.

Trump recoge el sentir de millones que se cansaron de que les cambien el ‘modus vivendi’ por antojo de unas minorías que se tomaron el –por su culpa– cada vez más desprestigiado ‘cuarto poder’.

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Será necesario leer todo el reacuerdo con las Farc para comprobar si la paloma no se transformó en conejo, pero las declaraciones del exministro Yesid Reyes a ‘El País’ de Madrid son desalentadoras: “Hay consenso entre la guerrilla y el Gobierno para tratar cualquier reforma que no suponga afectar la estructura del acuerdo”. Eso quiere decir, ni más ni menos, que se desconoció la voluntad de los colombianos.

Y ese arreglo exprés surge a tiempo para acallar la revelación del exdirector del CTI de la Fiscalía Julián Quintana, quien le manifestó a la Corte Suprema de Justicia, bajo la gravedad del juramento, que la trama del ‘hacker’ Sepúlveda fue un montaje del Gobierno para evitar el triunfo de Óscar Iván Zuluaga. Ya trataron de callarlo ofreciéndole un alto cargo antes de testificar, quiera Dios que no lo callen a las malas: plata o plomo…

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 15 de noviembre de 2016)

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Posted by Saúl Hernández

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