Como si no hubieran suficientes motivos para indignarse en este país, otra vez es el Congreso de la República el que viene a convertirse en motivo de enojo para los colombianos. Y la razón es la misma que tanto nos ha irritado en otras ocasiones, la famosa ‘dieta parlamentaria’.

Mientras que el salario mínimo apenas fue incrementado en un 7% este año, equivalente a miserables 45.104 pesos, con los que se alcanza una exigua mensualidad de 689.954 devaluados pesos colombianos, a los congresistas se les acaba de hacer el reajuste para el año en curso, con retroactividad al 1º de enero, de un 7.77%, equivalente a la friolera de 2.013.629 pesitos, con los cuales nuestros honorables parlamentarios se hacen a la pendejadita de 27.929.064 pesos mensuales, 28 milloncejos para redondear.

Mejor dicho, nuestros desventurados congresistas devengan 40.5 salarios mínimos mensuales, lo cual es indignante, pero lo es mucho más si consideramos que el aumento que acaban de recibir equivale a 44.64 veces el incremento del salario mínimo para 2016. Es decir, en vez de cerrarse, la brecha se está aumentando, lo que es no solo indeseable sino inaceptable.

Al respecto, la revista Dinero (29/06/2016) elaboró un interesante comparativo que relaciona el salario de los congresistas frente al salario mínimo en 13 países del mundo. Y a pesar de que Colombia ocupa los últimos puestos en cualquier ranking de importancia —competitividad, pruebas Pisa, calidad de las universidades, etc.— en este aparece en primer lugar. De hecho, el sueldo de los congresistas colombianos es el más alto de Suramérica.

Según esta publicación, en Colombia el salario de congresista equivale a 40.5 salarios mínimos; en México, a 40.08; en Chile, a 37.8; en Perú, a 36.5; en Guatemala, a 30.5; en España, a 20.9; en Uruguay, a 18.4; en Estados Unidos, a 13.9; en Argentina, a 10.2; en Australia, a 7.9; en Canadá, a 7.4; en Francia, a 4.9; y en Reino Unido, a 4.5. Y después nos preguntamos por qué hay tanta desigualdad.

Con esto queda claro que lo que se requiere no son paños de agua tibia como congelar el salario de los congresistas por unos cuantos años, no. Lo que se necesita es rebajarlo drásticamente, cuando menos a 25 salarios mínimos como se ha hecho con las pensiones de los altos funcionarios del Estado. La representante Angélica Lozano dice que si el tope se fijara en 30 salarios mínimos, el país se ahorraría $ 35.140 millones anuales. Eso alcanzaría para darles un bono de $ 200.000 mensuales a 15.000 ancianos. Pero el esfuerzo debe ser mayor.

Si los ministros devengan $ 15.591.620 (22.6 salarios mínimos), no hay razón sensata por la que un congresista deba ganar mucho más que eso. Además, cada parlamentario dispone de 35 millones mensuales adicionales para conformar su unidad de trabajo legislativo. Eso también debería recortarse drásticamente.

Pero el asunto no debe detenerse ahí. Los salarios de los altos funcionarios del Estado están atados al de los congresistas. Todos deben reducirse. Son centenares de integrantes de Altas Cortes, Procuraduría, Fiscalía, Contraloría, embajadas, etc., que devengan sumas fabulosas con el estrafalario argumento de que el Estado debe pagar bien para poder contar con excelentes profesionales que de otra manera terminarían en el sector público, donde los salarios son más altos.

Seamos honestos: los congresistas, con contadas excepciones, son gente del montón que no ganaría más de 4 o 5 millones mensuales en una empresa privada, marcando tarjeta ocho horas diarias durante todo el año. Lo mismo puede decirse de toda la burocracia, donde medra una caterva de mediocres que se han apoderado de las instituciones a punta de palancas, roscas y compadrazgos. Especímenes que hacen pensar a muchos que da lo mismo votar por ‘Popeye’ o darle curules gratis a ‘Timochenko’.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 5 de julio de 2016)

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Posted by Saúl Hernández

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