Mientras el exlíder serbiobosnio Radovan Karadzic fue condenado a 40 años de prisión por genocidio y crímenes de guerra, los terroristas de las Farc no pagarán un solo día de cárcel con la complacencia del señor Obama, quien en su viaje a Cuba terminó legitimándolos al reunirlos con su secretario de Estado, John Kerry, como si se tratara de unos diplomáticos cualesquiera.

Claro que no fueron los únicos que Obama legitimó. Mientras el Air Force One se aproximaba al aeropuerto de La Habana, decenas de personas eran molidas a palos para reprimir sus manifestaciones de protesta, y muchas fueron encarceladas. Con su visita oficial, el presidente de Estados Unidos legitimó la dictadura terrorista de los Castro, ignorando su récord de violaciones de los derechos humanos, la larga lista de presos políticos y el sometimiento brutal del pueblo cubano.

Mientras el mundo libre se estremecía una vez más con los brutales atentados del Estado Islámico en Bruselas, Obama rompió en todo rigor la regla de que los Estados Unidos no dialoga con terroristas. No en vano, la politóloga española Edurne Uriarte se preguntaba si Kerry recibiría a los terroristas que asesinaron una treintena de personas en la capital belga.  Y es que para otorgarles semejante concesión a las Farc, Obama hubo de recurrir a una osada tergiversación de la realidad: se refirió al conflicto colombiano como una “guerra civil” de la que su país está “ayudando a salir a Colombia”, embuste al que pocos se atreven por ser contrario a toda evidencia y que constituye un grave desacierto que empodera a las Farc como la contraparte de un Estado legítimo.

Hace tiempo que a los colombianos nos vienen importunando con este equívoco que trasciende los terrenos de la semántica, sobre si en el país hay un conflicto armado interno, una guerra civil propiamente dicha o una amenaza terrorista. Lo cierto es que tanto las guerrillas, como los paramilitares, los narcotraficantes y otros tipos de delincuencia organizada suelen ejercer de manera sistemática una violencia indiscriminada cuyos métodos generan miedo entre la población. A eso se le llama terrorismo, y quienes lo practican son terroristas, no partes de una guerra civil.

Pero es que, además, una guerra civil implica unas características tan claras que es un irrespeto afirmar que eso es lo que se vive aquí. Por ejemplo, esta involucra a la mayor parte de la población, del territorio y de los recursos en las confrontaciones, lo que termina por convertir el mercado en una economía de guerra que se dedica a satisfacer, casi en exclusiva, los requerimientos del conflicto bélico. Nada de eso se ha vivido aquí.

Otra cosa fácilmente identificable es el origen que determina una guerra civil. La famosa Guerra de Secesión en la que se enfrascaron los gringos entre 1861 y 1865, se originó en la abolición de la esclavitud que propugnaban los estados del Norte, en tanto que los del sur pretendían mantenerla, por lo que querían la independencia. Un caso significativo es el de Yugoslavia, país desmembrado en los noventas por una intrincada serie de guerras civiles con orígenes políticos, étnicos, raciales, religiosos, culturales y económicos.

La Colombia del siglo 19 fue pródiga en guerras civiles, los historiadores cuentan nueve entre 1830 y 1902. Pero el alzamiento guerrillero no encaja en la definición de “guerra entre dos o más bandos de una misma nación”. Aquí no hay una guerra entre colombianos; somos víctimas de unos criminales que atentan contra el Estado legítimo para imponernos un sistema tiránico que solo ha dejado pobreza y muerte donde ha sido implantado. No es “guerra civil”, míster Obama, es terrorismo puro.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 29 de marzo de 2016)

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Posted by Saúl Hernández

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