Para la firma de la supuesta paz con las Farc, el 26 de septiembre en Cartagena, Santos contrató la organización del evento con la empresa Sístole, por valor de $ 4.500 millones. Sístole ha sido propiedad de Felipe Santos, su hermano. Para la organización de la XXV Cumbre Iberoamericana, también en Cartagena, el Gobierno pagó $ 7.109 millones al Centro de Convenciones de esa ciudad, y firmó un contrato de $ 192 millones de pesos con Locería Colombiana (Grupo Corona) para la elaboración de vajillas de 12 puestos, con marcas alusivas a la ‘paz’, para obsequiar a ilustres asistentes al evento.

Para la fastuosa visita del emperador a Londres, una docena de lagartos viajó en el avión presidencial con el fin de sentarse a manteles con la reina de Inglaterra. Contratistas todos que estarán cobrándonos en metálico por demostrar que en Colombia hay gente civilizada que puede comer sin poner los codos en la mesa.

Queda la duda de si la cena celebrada en el Palacio de Buckingham se sirvió en esas vajillas con símbolos de paz, y si la firma del presidente de Corona en aquella carta de empresarios que sugería desconocer los resultados del plebiscito, era un requisito de ese y otros contratos, como, acaso, el de los inodoros nuevos de Palacio.

¡Qué vigentes están las palabras de Lenin: “los burgueses nos venderán la soga con la que les vamos a ahorcar”! Claro que no es cosa solo de los burgueses, si nos atenemos a las desprestigiadas encuestas. En la más reciente de Gallup, la opinión favorable de las Farc es ya del ¡19%! Casi alcanzan a Santos. Qué lejanas están esas épocas en que no marcaban más del 3%, por debajo del margen de error.

Todo eso envalentona al Presidente para anunciar que llevará al Congreso el nuevo acuerdo con las Farc, pues siendo igual de lesivo para el país perdería de nuevo en un plebiscito. También se refirió a los cabildos abiertos, pero estos no son más que un distractor de difícil implementación y nula utilidad. Habría que convocarlos en cada uno de los municipios de Colombia (son más de 1.100) recolectando las firmas del 5 por 1.000 del censo electoral, y luego validarlas. Finalmente, se pondrían en marcha para escuchar a cada persona que tenga algo qué opinar sobre el acuerdo. ¿Cuánto tiempo se toma todo eso? ¿Cómo se mide el apoyo o el rechazo? ¿Qué pasa en los municipios donde predomine el No?

Pero eso no fue lo peor que Santos dijo en Londres. Ante el parlamento británico, el dictadorzuelo peló el cobre asegurando que el plebiscito se perdió por una estrategia de desinformación y mentiras de la oposición, y que él respetó ese resultado aunque la diferencia solo fuera de menos de medio punto porcentual. Una queja tan mezquina, tan rastrera, tan infame, que parece imposible que haya salido de la boca de todo un Nobel de Paz, un premio que le queda muy grande a un individuo que puede engañar a muchos afuera, pero no a nosotros que tan bien lo conocemos.

Cuán mal cayeron sus declaraciones que hasta sus más conspicuos aduladores, como el locutor Darío Arizmendi, se fueron lanza en ristre señalando su poquedad, su bajeza, su indecencia, su ruindad. O ¿será, acaso, que se acabó la maldita mermelada y ya no tiene el emperador con qué pagar para que exalten su vestido? ¿Se quedó desnudo justo ahora que necesitaba esculcarse los bolsillos para aceitar el tropezado tránsito por el Congreso de la reforma tributaria?

El nuevo desespero de Santos es que llegue diciembre sin poder implementar la susodicha paz. Él quiere llenar un par de aviones de lagartos y camarógrafos para ir a recoger su premio y recibir la bendición de Bergoglio, pero no quiere hacer el oso de ir a Oslo solo con expectativas. ¿Será capaz de acudir a un ominoso ‘Farc-track’ para imponer el acuerdo a los trancazos? ¿Será capaz de achacarle su fracaso a la oposición en pleno discurso de aceptación? Nada nos sorprendería, a este le conocemos bien el cobre, es capaz de cualquier cosa.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 7 de noviembre de 2016)


LO QUE DIJO DARÍO ARIZMENDI:

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Posted by Saúl Hernández

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