No había que ser un adivino para saber que las altas cortes le darían la razón a Santos en el asunto de las circunscripciones de “la paz”. Lo hizo el genuflexo Consejo de Estado con inusitada diligencia, vaya uno a saber a cambio de cuánta mermelada, y lo hará la Corte Constitucional si decide meter baza a pesar de que no puede pronunciarse sobre proyectos que no llegaron a ser ley. Un formalismo anodino en tiempos en que la democracia y la institucionalidad se manejan en modo dictadura, como una finca de recreo, con tal de satisfacer a las Farc.

Y es que el nivel de impudicia es enorme. Ya la conciliación de ese proyecto, en el Senado, se había votado el 28 de noviembre y solo había alcanzado 38 votos a favor, perdiendo sin atenuantes. Y esa votación no se podía repetir, el reglamento es claro.

Sin embargo, no solo se repitió sino que el último voto (hay quienes hablan de los dos últimos), el de José David Name, se emitió fuera del tiempo reglamentario, cuando la votación ya se había cerrado. Y, como si esas dos irregularidades fueran poca cosa, se quieren burlar las normas sobre mayoría absoluta. Si así van a ser los diez años de implementación de los acuerdos, ¿qué duda hay del triste destino que nos espera? De hecho, ¿será posible tener unas elecciones limpias el año entrante?

Si las curules para las víctimas son tan importantes para el proceso, y son para las víctimas de verdad, ¿por qué no se las entregan de manera directa –como las curules de las Farc– y nos ahorramos tanto manoseo inapropiado? O ¿será que, como ocurrió en esas verbenas de La Habana, terminarían entregándoles los sillones a víctimas de los ‘paras’ y las fuerzas del Estado y no a la gente martirizada por la narcoguerrilla? Por otra parte, ¿acaso la elección de las circunscripciones de paz tiene por objeto que las Farc puedan modular también la circunscripción ordinaria (en esas zonas votarán en ambas) para sumar más curules de las de las diez que recibirán sin despeinarse?

Si ello es así, y las Farc tienen una estrategia ganadora para convertirse en una de las primeras fuerzas políticas de la Cámara, habría que darle la razón a Foreign Policy por incluir a ‘Timochenko’ en su listado de pensadores globales del año, no importa que el gerrymandering (la alteración de los distritos electorales) sea, a la sazón, un chanchullo, y que ‘Timo’ no sea un genio digno de imitación sino un genio maligno, una mente macabra de las que hemos tenido muchas aquí.

Me temo, no obstante, que él ni siquiera está cerca de ser el thinker de las Farc; ni es médico –como se ha dicho–, ni es enfermero, ni es capaz de hilar dos frases con sentido completo. Será una delicia verlo debatir con Fajardo, quien lidera las encuestas por no abrir la boca.

En verdad, hay otros de más aguda perversión, como Pausias Hernández ‘Santrich’, para quien las denuncias de violencia sexual de las Farc contra menores de edad son “falsos positivos” propalados por un hatajo de “cretinos”. Habrá que ver qué hace Santos, en el ocaso de su gobierno, para solucionarles el chicharrón con el que van a quedar fritos. No importa que ahora algunas mujeres de las Farc proclamen que “no se consideran víctimas de violencia sexual”. Los testimonios abundan –hasta en el diario de la holandesa– y está claro que se trataba de prácticas consentidas u ordenadas por el Secretariado, por lo que también sus miembros deberían ir a la justicia ordinaria y ser castigados. Bueno, ya saldrán las altas cortes a exonerarlos.

¿Seguimos siendo una democracia a pesar de que el Ejecutivo se lleva de calle hasta las más sutiles normas? Hay que albergar la esperanza de que el daño no sea irreparable.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 12 de diciembre de 2017).

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Posted by Saúl Hernández

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