Juan Manuel Santos ha exhortado a los empresarios del país a que presionen a los directores de los medios a no alimentar más el pesimismo reinante en Colombia, de lo que el Presidente los culpa. Pero resulta que usted, don ‘Juampa’, es el único responsable de la desilusión, la desesperanza y el desgano por el que atraviesa el país. Por eso se hizo la marcha del 1º de abril, una manifestación contra usted y su pésimo gobierno, contra las Farc y contra el protervo proceso de paz. No era una manifestación abstracta contra la ‘corrupción’, como lo quisieron hacer ver sus medios pagados con mermelada, era solo contra usted.

Sin duda, tratar de acallar a los medios es una perversión digna de un Chávez o un Maduro. Ya no le basta engrasar a la prensa con pauta oficial, ahora le toca pedirles a los empresarios que amenacen con retirar su publicidad si siguen informando la verdad. Una invitación propia de dictadores y bandidos, a quienes no les conviene que las cosas se sepan. Cómo será de malo este remedo de gobierno que más de un áulico se le ha volteado al sátrapa, como Darío Arizmendi, y otros. Hasta Maduro se le volteó al acusar a Santos de robarse el plebiscito de octubre. ¡Vivir para ver!

Sí, señor ‘Juampa’, el país ha cambiado, como lo repitió usted hasta la saciedad en su última intromisión por televisión. Pero cambió para mal, para entronizar en el poder a los terroristas con su ideología, ese credo atrabiliario que tiene en ruinas a los que fueran los dos países más ricos de Latinoamérica. Ese cambio lo ha ratificado la gerente de paz de Antioquia, Tatiana Gutiérrez, quien asegura que todo está montado para que las Farc estén gobernando en ocho años. Hay muchos incautos que no creen, pero su escepticismo no los va a eximir de los duros tiempos que se ven venir, esto nos afectará a todos.

Este gobierno provoca tal desánimo que los colombianos, siempre tan solidarios, poco han respondido a los llamados para atender la tragedia de Mocoa. Algunos protestan —con toda razón— por la clavada de impuestos a que nos tiene sometidos este régimen, y señalan que además de corrupto es derrochador. No solo dilapidó una millonada de las regalías petroleras sino que duplicó el monto de la deuda externa pública. Esta administración ha sido pródiga en gastos superfluos como almendras, vajillas, cortinas, tapetes, pisapapeles y hasta aviones, y en onerosos contratos para los amigos que defienden el proceso con las Farc, como Mockus, los hermanitos Galán y decenas de ‘intelectuales’. Luego, como el erario se ha raspado pagándoles a todos estos ‘aviones’, toca atender la tragedia ponchera en mano, como cualquier Teletón.

Mientras tanto, se conoció que la lista completa de los guerrilleros que se van desmovilizar es de tan solo 6.804 combatientes. Puede que haya 12 o 15.000 milicianos más, y que sumados a los miembros del PC3 (Partido Comunista Clandestino) alcancen a ser 40 o 50.000 integrantes (el 0,1 % de los colombianos), pero no deja de ser absurdo que un país de 50 millones de habitantes se le arrodille a una mesnada de menos de 7.000 forajidos —muchos de ellos mujeres y niños— a pesar de tener un Ejército bien entrenado de 200.000 efectivos. Qué comparación con el gobierno de Álvaro Uribe, que desmovilizó a 17.000 guerrilleros de las Farc sin hacer concesión alguna. Qué hipocresía la de personajes como François Hollande, que apoyan la impunidad para los terroristas colombianos mientras en Francia le suman otra cadena perpetua a Ilich Ramírez, alias ‘El Chacal’.

La única paz aceptable es la que reclaman en España las víctimas de ETA, desmantelando “las otras armas” de la banda: “la impunidad, el chantaje moral a las víctimas, el proyecto político, el discurso del odio y la falsificación de la historia”. La “derrota política”, que pide Savater, por un fin de ETA sin impunidad (El País, 06/04/2017).

(Publicado en el periódico El Mundo, el 10 de abril de 2017).

También le puede interesar

Posted by Saúl Hernández

Deja un comentario