No hay duda de que la época electoral da para todos los absurdos imaginables y que la campaña se pone cada vez más sucia cuando hay un sólido favoritismo por parte de quienes representan las corrientes de pensamiento más aceptadas. Por eso, aunque lo siguiente parece un chiste, no lo es. Resulta que el muy cuestionado Consejo de Estado acaba de admitir una demanda de pérdida de investidura ni más ni menos que contra los senadores más destacados de esa corporación, el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el más probable próximo presidente de los colombianos, Iván Duque Márquez.

La demanda, impuesta por un abogado del terrorista ‘Jesús Santrich’, que además ha sido contratista del gobierno Santos y de la ‘Bogotá humana’ de Gustavo Petro, señala a Uribe y a Duque de ser ausentistas, de no cumplir con sus funciones senatoriales, por unas supuestas faltas a las sesiones en las que se tramitaron las aceleradas reformas exigidas en el acuerdo negociado entre el gobierno y las Farc en La Habana.

El asunto tiene un antecedente reciente. La representante a la Cámara Luz Adriana Moreno fue despojada de su investidura a pesar de existir registro de haber contestado a todos los llamados para conformar quorum en un periodo de seis sesiones en el año 2015. Sin embargo, esa Corte estableció que Moreno contestaba el llamado a lista y luego se retiraba del recinto para dedicarse a sus asuntos personales, algo que ha sido habitual en el Congreso de la República.

Pues bien, el caso de Uribe y Duque no tiene semejanza alguna con el de la representante Moreno. El Centro Democrático, con Uribe y Duque a la cabeza, se ha convertido en el partido más cumplidor de las tareas legislativas, y sus miembros son los primeros en llegar y los últimos en irse; los que cierran y apagan la luz. Hemos visto en esos debates que se cocinan hasta altas horas de la noche, que el CD suele ser la única formación que se mantiene completa, en tanto que en el resto del salón abundan los sillones vacíos.

Pero el asunto no es solo de asistencia. El CD es el partido que más participa en los debates, tanto en las comisiones como en las plenarias, y la gran mayoría de sus integrantes suelen intervenir en las sesiones con gran regularidad, cuando no es que llevan la voz cantante en el recinto. De hecho, el expresidente y su pupilo intervienen en casi todos los debates no importa de qué tema se traten. De ahí que Uribe fuera elegido por sus mismos colegas como el mejor senador del 2015, y Duque lo fuera en 2016 y 2017.

Ahora, el meollo del asunto radica en la práctica inveterada de conformar o desbaratar el quorum por parte de las bancadas —o aún de manera individual por los congresistas— de acuerdo a sus intereses políticos o a sus convicciones. Así como no existe el voto obligatorio en Colombia, y tenemos derecho a abstenernos, a votar en blanco, a no marcar el voto o a anularlo voluntariamente, los congresistas actúan dentro de la ley si deciden no votar sobre todo por razones de conciencia. Uribe y Duque presentaron cartas ante la presidencia del Senado explicando que no votarían los acuerdos con las Farc por objeción de conciencia, así que se salían del recinto durante la votación, pero volvían a ingresar una vez finalizada. No se iban para la casa y hay grabaciones que lo prueban.

Se creería, entonces, que esta demanda fue admitida por meras razones de trámite y que no tiene asidero ni mayor futuro. No obstante, de la justicia colombiana puede esperarse cualquier cosa. De momento, es un nuevo intento de frenar el paso de vencedores del uribismo, entorpeciendo la campaña como hace cuatro años. Se le achacan al Centro Democrático relaciones con Cambridge Analytica, amenazas a un caricaturista que provoca con sus ofensivas viñetas y hasta el clima invernal. Pero esta vez les será más difícil, el pollo resultó ser un gallo de pelea que tiene a sus rivales sudando la gota fría.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 9 de abril de 2018).

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Posted by Saúl Hernández

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