La Gran Consulta por Colombia ha derivado en una bola de nieve que tiene a Iván Duque muy cerca de ser presidente de la República. Si los resultados del 11 de marzo generaron toda clase de elucubraciones acerca de los ‘verdaderos’ propietarios de la avalancha de votos que se produjo a su favor, las tres encuestas que han circulado después de esa consulta tienen a más de uno trasegando la vía dolorosa.

En efecto, primero salió la encuesta de YanHaas (Noticias RCN, El Colombiano) en la que Iván Duque obtuvo un favoritismo del 40% contra 24% de Petro, lo que ya establecía una distancia notoria. Inmediatamente, muchos antiuribistas saltaron a asegurar que eso no tenía mayor significado, y recordaron una portada de la revista Semana, del año 2002, que destacaba la ‘disparada’ de Horacio Serpa, quien sumaba en una encuesta más que sus contendores inmediatos: tenía 40% mientras Uribe lo seguía con 23% y Noemí Sanín con 16%.

Pero una cosa es la realidad y otra, pensar con el deseo. El jueves se filtró la encuesta de Invamer (Semana, Caracol TV, Blu Radio), la cual no solo ratificó las tendencias, sino que las acentuó. Duque marcó 45.9% contra 26.7% de Petro. Y, como si no fuera suficiente, el mismo jueves salió la encuesta del Centro Nacional de Consultoría (Noticiero CM&), cuyos resultados mantienen la misma línea: Duque, 42%; Petro, 26%.

Como puede observarse, las tendencias son muy claras. En primer lugar, Iván Duque muestra un crecimiento desmesurado en sus últimas mediciones. Por ejemplo, en la encuesta Invamer de enero solo marcó 9.2%, lo que quiere decir que en dos meses se encumbró cerca de 37 puntos porcentuales, comportamiento que ha sido similar en las otras encuestas. En cambio, Petro se ha estancado, Fajardo ha bajado y Vargas Lleras no arranca. De la Calle ni existe.

Es cierto que en dos meses pueden pasar muchas cosas y, por tanto, no hay que cantar victoria en las toldas de Duque ni arrojar la toalla en las demás. Sin embargo, es evidente que Vargas Lleras no ha logrado desligar su nombre del desprestigiado gobierno actual, del que en mala hora fue vicepresidente. Tampoco hay duda de que De la Calle sufre el desprecio de los colombianos por ser el negociador del oscuro acuerdo con las Farc. De Fajardo hay que decir que cometió el terrible error de aliarse con la extrema izquierda para fungir como el presidente de transición que pretenden las Farc. La gente lo percibía como alguien de centro, y gozaba de cierto prestigio en una franja de moderados, pero su indefinición lo ha hecho inviable, aunque aún hay quienes creen que podría ser el sobreviviente de una coalición con Petro y De la Calle

Gustavo Petro es rancho aparte. Es un candidato indeseable no solo por su pasado como guerrillero sino por sus convicciones políticas. Es un marxista cercano a Chávez que cree firmemente en las tesis de la extrema izquierda. Fue un terrible alcalde de Bogotá, donde puso en práctica un populismo exacerbado, un asistencialismo precipitado que prodigó subsidios a cerca de cuatro millones de bogotanos. Ahí está su base electoral. Pero Petro provoca desconfianza entre los colombianos sensatos que entienden que podría llevar a Colombia por el mismo camino de Venezuela, por lo que ya se ha estancado. Llegó a su punto máximo y es probable, incluso, que comience a decrecer.

Y viene la mejor parte de la contienda electoral, los debates presidenciales. Si en algo se parece Iván Duque a Álvaro Uribe, su mentor, es en el extraordinario conocimiento de todos los temas y el manejo pormenorizado de las cifras, con lo que quedarán al desnudo el discurso cantinflesco de Petro y la ignorancia supina de Fajardo. Hasta sería probable que a segunda vuelta lleguen dos hombres de derecha como Duque y Vargas Lleras, pero lo ideal sería finiquitar el asunto el 27 de mayo a favor de Iván Duque y evitar así alguna travesura del gobierno saliente. Las cosas se están dando para ganar en primera vuelta, pero conviene mantener los pies sobre la tierra.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 26 de marzo de 2018).

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Posted by Saúl Hernández

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