Es muy difícil explicarle a alguien por qué la exención del IVA a la canasta familiar favorece más a los ricos que a los pobres. La gente se pone iracunda con solo oír esa tesis, pero no tiene en cuenta no solo que los ricos compran mucha más comida (que en buena parte dejan perder), sino que la compran en comercios formales donde los pobres no van; es decir, si la canasta se grava en Carulla y no en las plazas de mercado, los pobres no se van a perjudicar.

La verdad es que, si los anuncios del ministro Carrasquilla son el origen de la baja favorabilidad del presidente Duque, estamos muy mal, no entendemos nada de nada. Lo que debería aterrarnos es que (con datos del 2015) lo que se ahorra cada familia del decil 1 de la población (la gente más pobre) por la exclusión del cobro del IVA a la canasta son 18.900 pesos mensuales, mientras que las familias del decil 10 (los más ricos), se ahorran 278.600 pesos, o sea 15 veces más. Ahí está claro quiénes son los más beneficiados.

No obstante, se dirá que 18.900 pesitos es un dineral para una familia pobre, en tanto que los 200.000 y pico de pesos, para un rico, son como quitarle un peso, perdón, un pelo a un gato. Qué pena, pero les hacen un flaco favor a los pobres quienes piensan así porque esa posición solo sirve para mantenerles privilegios a los ricos y hacer que la brecha de la desigualdad no solo persista sino que se incremente aún más.

Formas de devolverles ese dinero a los pobres hay muchas, tanto directas como indirectas. Los que reciben subsidios por programas como Familias en acción, lo hacen o lo pueden hacer a través de bancos, corresponsales bancarios, empresas de giros y hasta almacenes. De hecho, el apoyo estatal a las clases menos favorecidas ha crecido de manera franca en los últimos años y eso también es una forma de devolución, llámese subsidios de vivienda, casas gratis, Ser Pilo Paga (que no debe acabarse sino ajustarse), Plan de Alimentación Escolar, Sisbén y demás. A eso súmele que casi todos los planes de desarrollo, nacional y regionales, giran en torno de mejorar la infraestructura de salud, educación, transporte, recreación, servicios públicos y demás, para los más pobres.

Según la encuesta de Hogares, del Dane, el decil 1 recibe por transferencias el 37 por ciento de sus ingresos, de manera que la devolución del IVA no puede verse como algo exótico que se promete sin que esté claro que se va a poder cumplir. Incluso, se destaca que, de acuerdo con la misma encuesta, el poder adquisitivo de los colombianos aumentó, en promedio, un 23 por ciento en los últimos diez años, siendo de 30 por ciento en los hogares de menos ingresos.

Claro que eso no quiere decir que no falte mucho por hacer. El Dane también reveló que “mientras el 10 por ciento de los hogares más pobres recibe cada mes 27.000 millones de pesos de transferencias del Gobierno, el 10 por ciento más rico recibe 164.000 millones, o sea, cinco veces más” (EL TIEMPO, 1/9/2018), algo que debería ser al revés. Y aunque esa entidad no especifica en razón de qué reciben estos dineros públicos, lo más probable es que se trate del inequitativo pago de pensiones a cargo de todos los colombianos, donde la mayor parte se concentra en las pensiones más altas, que están muy lejos de haber sido suficientemente fondeadas.

Y, por cierto, un claro vínculo entre corrupción y salario de los congresistas quedó en evidencia en un informe de este diario que revela que esa remuneración pasó de 14 salarios mínimos en 1991 a más de 40 en la actualidad. Y ¿quiénes se lo subieron? ¡Ellos mismos!, los justos padres (y madres) de la patria que, a Dios gracias, se niegan a mercar con IVA porque se quedarían sin nadita que comer ni que beber.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 19 de septiembre de 2018).

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Posted by Saúl Hernández

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