Ha de ser por aquello del ‘sancocho nacional’ que proponía Jaime Bateman, que su discípulo Gustavo Petro anda empecinado en meterle aguacate al asunto. Dice Petro que hay que cambiar el petróleo por el aguacate, y que va a convertir a Ecopetrol en una productora de paneles solares, pretendiendo parecerse más a Elon Musk que a su compadre Chávez, con el fin de sacudirse el fantasma del castrochavismo.

Ya sabemos que Petro es un experto en sofismas, falacias y boutades para engañar incautos (dícese, según la RAE, de una “Intervención pretendidamente ingeniosa, destinada por lo común a impresionar”). Pero su propuesta me hizo recordar un magnífico libro de John Allen Paulos titulado El hombre anumérico (1990), que se refiere al analfabetismo matemático.

Es que, o Petro no entiende matemáticas o se quiere aprovechar de que muy pocos colombianos las entienden. Ese cuento de remplazar los jugosos ingresos petroleros del país con las ventas de aguacate se cae con un par de daticos. Uno es que el mercado mundial del aguacate es de poco más de 6.000 millones de dólares anuales, mientras que las exportaciones de petróleo de Colombia (solo de Colombia) ascendieron a 13.046 millones de dólares en 2017 (que fue un mal año), o sea, más del doble de la producción mundial del ‘oro verde’.

El otro datico es que nosotros solo exportamos 35 millones de dólares anuales de aguacate, algo así como el 0,5 por ciento de la producción mundial. Y bastan las matemáticas de Coquito para descubrir que, curiosamente, nuestros ingresos petroleros del año anterior fueron de 35,7 millones de dólares diarios, lo que significa que el petróleo nos da en un día lo que el aguacate en un año.

En la plaza de Corozal, Petro afirmó que “los mexicanos hoy exportan, en valor, en dólares, más aguacate que petróleo”, lo cual no es cierto. En 2017, México rompió récords en producción y ventas de la fruta con 2 millones de toneladas y 2.700 millones de dólares en ventas, pero sus exportaciones petroleras fueron de 22.425 millones de dólares. Tema aparte es que haya importado gasolina por 13.000 millones de dólares y otros derivados por cerca de 8.000 millones de dólares, alcanzando una balanza deficitaria, debido a su incapacidad de refinar el crudo pesado que produce.

Ahora, claro que es deseable y necesario diversificar la economía sobre todo con productos tan deliciosos y saludables como los aguacates, destetándonos de un recurso como el petróleo, con el que tenemos una dependencia perniciosa. Sin embargo, eso no se logra de la noche a la mañana, empezando porque el aguacate tarda cinco años para empezar a producir. No fue en un abrir y cerrar de ojos como el banano llegó a ventas de 850 millones de dólares anuales (2017), o como nuestras ventas de café sobrepasan los 2.000 millones de dólares cuando hay buenas cosechas de más de 14 millones de sacos (2016, 2017).

Tampoco es el momento de cambiar petróleo por energía solar. La compañía Celsia (Grupo Argos) construyó la primera granja fotovoltaica del país en Yumbo (Valle), con una capacidad de 9,8 megavatios. Pero se necesitarían 240 de esas granjas para igualar los 2.400 megavatios de Hidroituango, que empezará a producir a fines de este año. Así de simple.

La izquierda se cubre con el manto de las buenas intenciones para perpetrar desaciertos. Fidel prometió que Cuba sería un productor importante de carne, leche, miel, café, cítricos, azúcar…, pero hoy no da ni lástima. El chavismo también fue fértil en ideas absurdas, con lo que destruyó la economía y sumió a Venezuela en el hambre y en un continuo apagón.

A Petro le gustaba el petróleo de su comandante eterno, hoy lo niega como Pedro y hasta acusa a Duque de ser “castrochavista de derecha”.

Que no nos crea tan aguacates.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 3 de abril de 2018).

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Posted by Saúl Hernández

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