El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, le ha pedido a los militares de su país que recapaciten y se pongan del «lado correcto de la Historia», un llamado que podría ser válido también para toda Latinoamérica y muy especialmente para Colombia.

Sobre Venezuela es necesario recalcar, una y otra vez, que la situación calamitosa en que se encuentra no se debe a la torpeza e ignorancia de Nicolás Maduro. El problema tiene su origen en el sistema «socialista» que implantó Hugo Chávez hace 20 años. Las expropiaciones, el cierre de empresas, la emisión de moneda sin respaldo, la injerencia del Estado en todas las áreas de la economía, y otros factores, llevaron a la hermana república al colapso.

Mención aparte merece la desbocada corrupción, porque ese que fuera el país más rico de la región, y la mayor reserva petrolera del mundo, ha sido saqueado inmisericordemente por una pandilla de izquierdistas que, como siempre, han puesto al pueblo a aguantar hambre mientras ellos llenan sus alforjas con millones.

Y todo esto es fruto de esa ideología enfermiza que es el comunismo. Esas falsas ansias de igualdad que para erradicar supuestas injusticias condenan a todos a la miseria; a todos, con excepción de la clase gobernante.

Otros países, en Latinoamérica, han sucumbido a los cantos de sirena, nombrando presidentes de esa corriente, pero han logrado salir de la trampa a tiempo, probablemente porque la izquierda aún no ha horadado suficientemente sus bases como para que la intentona dé sus frutos. Lamentablemente, el caso de Colombia parece ser a la inversa: aún no se ha impuesto un populista de izquierda, pero la labor de zapa está bien adelantada.

En el sector de la justicia, en el sector educativo, en los medios de comunicación, en la Iglesia católica y hasta en las Fuerzas Armadas (¡quién lo creyera!), la izquierda ha dado grandes pasos para imponer su doctrina, sus avances los palpamos a diario.

Mientras parece ya inevitable que veamos el triste espectáculo de la extradición a Colombia del exministro Andrés Felipe Arias atado con cadenas y grilletes, buena parte del Estado se ha movilizado para evitar a toda costa la extradición del narcoterrorista Jesús Santrich. Ya no es solo ese tribunal profariano y corrupto de la Justicia Especial para la Paz el que trata de impedir por todos los medios que se enviado a EE. UU.; también el Consejo de Estado acaba de emitir a su favor un concepto aberrante: que «Santrich no pierde su curul en el Senado porque no se posesionó por razones de fuerza mayor ajenas a su voluntad». ¡Señores magistrados, no ha faltado por enfermedad, está preso por narcotráfico!

A situaciones como esta se suman casos como el matoneo ramplón al que se viene sometiendo al profesor Darío Acevedo Carmona, el nuevo director del Centro Nacional de Memoria Histórica, dado que la izquierda ha pretendido que todas las instituciones que tengan algo que ver con el mal llamado «conflicto» estén bajo su dominio, olvidando incluso que el actual presidente es de centro derecha y que cada quien gobierna con sus amigos.

No hay mejor director para esa entidad que este doctor en Historia que en su juventud militó en la izquierda, de la que se desligó hace mucho tiempo. Un profesional íntegro que sabe muy bien lo que la izquierda pretende allí: usufructuar cargos y presupuestos, y reescribir la Historia de Colombia como lo hemos venido viendo en estos últimos años, con las Farc convertidas en víctimas y la responsabilidad de su barbarie repartida entre todos los colombianos.

No se puede seguir aceptando que, si el nombrado en un cargo es de izquierda, haya que aplaudir como focas amaestradas, espoleados por las mentes biempensantes, pero si es de derecha sea necesario doblegarse en silencio. No señores, hay que ponerse del lado correcto de la Historia y eso incluye impedir que la reescriban y les cuenten a los jóvenes otra cosa, como hacen los maestros sindicalizados que adoctrinan a nuestros menores echando mano de esa otra aberración que llaman libertad de cátedra.

EN EL TINTERO: Se equivoca el fiscal general Martínez al tipificar como delito la entrega de la ejecución de Hidroituango a las Empresas Públicas de Medellín. Esa fue una decisión patriótica, o ¿quería que las ganancias se las llevaran los chinos o los coreanos?

(Publicado en el periódico El Mundo, el 6 de marzo de 2019).

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Posted by Saúl Hernández

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