Bien se sabe que la justicia en Colombia es de plastilina: los jueces, a su saber y entender, dictaminan si alguien es inocente o culpable sin atenerse a los códigos, interpretándolos a su arbitrio. Por eso aquí no se puede hablar de jurisprudencia ni de tradición jurídica: un caso idéntico se puede fallar de una manera hoy y de otra puntualmente opuesta mañana, dependiendo sobremanera de la identidad del imputado.

En otros tiempos se decía que la justicia era para los de ruana, o sea que los castigados eran los pobres, quienes iban a la cárcel. Y tal vez siga siendo así, pero hay un derrotero más reciente en materia de persecución judicial que está cargado de ideología y en el que no tienen tanto que ver los simples jueces de circuito sino los magistrados de las altas cortes, esos que no han sido jueces de verdad en ninguna parte, como lo decía Juan Gossaín en una crónica reciente. Personajes que llegan a esos almibarados tribunales a hacer política de la peor calaña, pues desde sus cargos manejan una enorme y multimillonaria telaraña clientelista, pero sobre todo porque esas cortes se han dedicado a legislar, invadiendo funciones de otras ramas, y casi todos sus integrantes son proclives a las teorías del «progresismo», que viene siendo un eufemismo muy edulcorado para ocultar que el comunismo lo que menos produce es progreso.

Por si eso no fuera suficiente, el nivel de corrupción en la rama judicial, y particularmente en las altas cortes, es muy alto, lo que se ha podido comprobar con el escándalo del llamado Cartel de la Toga en el que están implicados altos magistrados que vendían sentencias por sumas multimillonarias. Allá se compra y se vende lo que sea, a la medida del comprador; hay de todo, como en botica: si se necesita una absolución, se le tiene; si lo que se requiere es una condena contra alguien, se fabrican las pruebas, se consiguen los falsos testigos y listo. Los jueces siempre quedan como santas palomas que se dedican a impartir justicia ciega apegándose a los códigos escritos por otros, pero no es así.

En este escenario es que llega la citación a indagatoria del expresidente Álvaro Uribe ante la Corte Suprema de Justicia. Un proceso que ha estado plagado de irregularidades desde el comienzo pues Uribe pasó de acusador a acusado como por arte de birlibirloque. Aquí los medios han dado cuenta hace tiempos de las correrías de los enemigos de Uribe por cárceles colombianas y extranjeras no propiamente en misiones humanitarias. Varios delincuentes condenados por paramilitarismo han señalado en particular a Piedad Córdoba y a Iván Cepeda de hacerles tentadores ofrecimientos para enlodar a Uribe, y eso es lo que él denunció.

En realidad, nadie esperaba que un proceso contra Cepeda fuera a prosperar; lo normal es que la Corte hubiera desestimado la acusación y la hubiera archivado, pero en medio de la polarización política generada por el acuerdo con las Farc, los enemigos de Uribe encontraron un buen mecanismo para neutralizarlo y evitar que siga siendo un obstáculo al avance de las Farc en la arena política.

La citación, justo veinte días antes de las elecciones regionales, recuerda la fábula del hacker, poco antes de la primera vuelta presidencial del 2014, que sin duda evitó que el triunfo de Óscar Iván Zuluaga fuera lo contundente que pudo haber sido sin ese escándalo fabricado por el gobierno de Santos y los medios enmermelados. Ahora, cinco años después de haber destruido su honra, ha sido declarado inocente Luis Alfonso Hoyos, lo que da cuenta de lo débiles y artificiosas que serían las pruebas que había en su contra si se tiene en cuenta que para que un uribista sea declarado inocente se necesita casi un milagro.

¿Qué podría pasar en caso de que este indigno tribunal le dicte auto de detención a Álvaro Uribe tras la indagatoria, como lo piden sus enemigos? Algunos creen que su partido se hundiría inevitablemente en las elecciones del 27 de octubre, pero también podría suceder que, ante la evidente injusticia, la gente salga a «votar verraca» y el Centro Democrático se anote un importante triunfo. Sin embargo, eso podría ser meramente anecdótico y el fondo de las cosas podría ser de muy graves e impredecibles consecuencias. Que los peores delincuentes de la Nación estén en el Congreso sin un solo voto, mientras el Gran Colombiano que salvó este país, el congresista más votado, el único que ha ganado dos veces la presidencia en primera vuelta, es recluido en el marco de un proceso irregular, será un chiste de costosas consecuencias. Señores Magistrados: ustedes ya no tienen honra y pueden feriar la honra ajena, pero nadie les perdonará que acaben con la honra de la Justicia.

Posted by Saúl Hernández

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