Dice la izquierda en Colombia que se siente perseguida por fallos recientes del Consejo de Estado que dejaron sin curul en el Senado al lituano Antanas Mockus y en la Cámara, a la excandidata vicepresidencial Ángela María Robledo, la misma zurda de lengua viperina que días atrás nos insultó a los antioqueños diciendo que tenemos tradición sicarial, en pos de defender al exguerrillero Petro —calificado como «sicario moral» por el expresidente Uribe—, olvidando la señora Robledo que Petro y sus amigos fueron contratados por Pablo Escobar para quemar el Palacio de Justicia.

La izquierda sabe que no hay tal persecución, pero de momento tiene la misma sorpresa de muchos porque poco a poco se han acostumbrado a que para ellos (los de izquierda) no hay ley, a que pueden ir por la vida haciendo lo que se les viene en gana y salir bien librados, como aún lo esperan, pues todavía no han agotado las instancias judiciales.

De Mockus se dijo, desde que lanzó su candidatura al Senado, que tenía claras inhabilidades, pues había suscrito sendos contratos con el Estado, aunque la firma fuera de un segundón. A su ONG, Corpovisionarios, el gobierno de Santos le untó la mano para que Antanas apoyara el pacto con las Farc; hasta le pagó para que organizara una «marcha por la paz». Fueron miles de millones los que recibió, por lo que muchos expertos, desde un comienzo, advirtieron que estaba inhabilitado.

Eso se sabía, como también se sabía lo que destaparon los WikiLeaks hace unos días: que Wilson Borja y Piedad Córdoba tenían relaciones con las Farc. Lo que no sabíamos —ni sospechábamos— es que fuera el mismísimo exguerrillero Gustavo Petro el que les echara el agua sucia, con esos señalamientos, a sus conmilitones en la Embajada Americana en Bogotá.

Por su parte, lo mismo del caso Mockus se puede afirmar de la sanción a Ángela María Robledo. Es decir, desde un inicio, cuando fue escogida como fórmula vicepresidencial de Petro, se advirtió que estaba en posición viciada, en fuera de lugar, en offside. No había que ver el VAR para entender que estaba incurriendo en doble militancia. Puede que, en ambos casos, se trate de normas obtusas y retrógradas, pero la ley es la ley.

Cómo sería de claro el asunto que la también zurda Claudia López, reconoció en un trino de abril de 2018 que la Robledo sí estaba incurriendo en una irregularidad: “Dejen de victimizarse por todo. Yo creo que incurrió en doble militancia. Alguna autoridad legal decidirá quién tiene la razón. Es un debate legítimo, no es una estigmatización ni una agresión ni porqué rasgarse las vestiduras”. Claro que ahora, un año después, tiene otra posición: “La voz de Ángela María Robledo tiene su propio peso y representación en nuestra democracia y era una voz ganada a pulso y voto para la oposición en el Congreso. Es lamentable que el único que no lo vea y valore sea el Consejo de Estado. A ella y sus electores mi abrazo!».

Por supuesto que las contradicciones de Claudia López, al estilo de la Chimoltrufia («como digo una cosa, digo la otra»), tampoco es que sean una novedad, sobre todo ahora que tiene el camino pavimentado para ganar la alcaldía de Bogotá en octubre. Hace poco defendió a Petro con este trino: «La grandeza de un ciudadano frente a la bajeza de un expresidente. iQué Orgullo que nos representes así @petrogustavo! Abrazos!», pero el año pasado, en plena campaña presidencial, le había dicho a Petro: «Nadie en este país va a olvidar que trajiste a Hugo Chávez por primera vez».

Y, tal vez, no estén dando patadas de ahogado. Es muy probable que a Mockus y Robledo les regresen sus curules. El clima político del país los favorece, todo está a favor de las izquierdas como si hubiéramos adquirido una especie de estupidez colectiva. Cuanta majadería proponen o defienden es percibida como lo políticamente correcto mientras que lo que proviene del otro lado es visto como odio, venganza, guerra… Esa es la película que transmiten los educadores, la iglesia, los medios y muchos sectores políticos.

El país va de paro en paro; marchas y protestas que se dicen legítimas, pero que solo buscan no dejar gobernar. Crear caos, desesperanza, hastío en una ciudadanía que no cree en nada ni en nadie; fórmula infalible para que las mayorías decidan abrir la caja de Pandora.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 1 de mayo de 2019).

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Posted by Saúl Hernández

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