Suele creerse que en los Estados Unidos no existen tendencias izquierdistas socialistoides, pero en realidad hay una corriente muy fuerte que cada vez avanza más rápido. Dicha vertiente ha estado soportada durante muchos años en los hombros de personajes de la academia como el conocido lingüista Noam Chomsky, así como en los prestigiosos centros universitarios de ese país, tipo Harvard, Stanford o la Universidad de California.

En el ámbito político, figuras independientes como Bernie Sanders han sido claves en la difusión de estas corrientes, aunque el Partido Demócrata ha sido su principal abanderado en cabeza de veteranos dirigentes como Patrick Leahy y James McGovern, y hoy a través de nuevas figuras como la joven Alexandria Ocasio-Cortez, que son elevadas mediática y artificialmente a la categoría de superestrellas sin importar el tamaño de las tonterías que digan.

De forma paralela, en la sociedad civil hay una fértil presencia de movimientos y ONG de izquierda que trabajan en pro de diversos temas. La más conocida ha sido la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), que está próxima a cumplir un siglo, y abundan las que operan desde allí interfiriendo la soberanía de otros países, como la conocida Open Society Foundations, del especulador financiero George Soros, quien se hizo famoso y fabulosamente rico por quebrar al Banco de Inglaterra en 1992.

Como si fuera poco, los grandes periódicos norteamericanos, y aun cadenas de televisión como CNN, se ladean hacia la izquierda, sobre todo cuando se trata de meter baza en asuntos de otros países, momento en el que olvidan que son productos del más puro y duro capitalismo y que si sobreviven a la crisis de los impresos es porque los magnates de hoy, como los Hearst de ayer, les tiran sus salvavidas.

El Washington Post subsiste gracias al consumismo en el reinado de Amazon, la mina de oro de su propietario, Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo e hijo de un inmigrante cubano. Y el New York Times mantiene en funcionamiento sus rotativas cotizando en bolsa: en 2008, el millonario mexicano Carlos Slim lo rescató de la quiebra y, en 2015, se convirtió en su principal accionista, entre los que también se encuentra el mencionado Soros, a pesar de lo cual ninguno de los dos diarios pierde oportunidad de ensalzar ideas mal llamadas ‘progresistas’ (el marxismo cultural) y criticar a todo lo que se le oponga.

Para completar esta breve semblanza, habría que mencionar el entorno de Hollywood, pues la mayoría de los actores y directores se declaran de izquierda y se convierten en altoparlantes del comunismo mundial y críticos acérrimos del capitalismo a pesar de ser el reino de la frivolidad y la depravación. Pertenecen a lo que en Francia llaman la «gauche caviar», esas gentes que gustan de las ideas de izquierda pero para que las sufran otros mientras ellos miran desde la comodidad de sus mansiones, sus aviones privados y sus yates de lujo.

A todas estas personas que hemos mencionado las hemos visto, oído y leído, elogiando a Obama, a Chávez, a Lula, a Evo, a Kirchner y hasta a las Farc, y criticando a Uribe, a Piñera, a Macri y, obviamente, a Trump. A esta gente nunca los vemos desaprobando a la dictadura cubana, o a ese asesino que fue el Che Guevara, pero sí condenando hasta el cansancio el régimen de Pinochet, quien impidió que Chile se convirtiera en otra Cuba. Y, claro, los dos diarios más importantes del mundo son hoy los más obsecuentes portavoces de la izquierda, dándole un sesgo perverso a sus informaciones y opiniones.

Por eso, que el New York Times afirme que el presidente Duque está «saboteando» y «desintegrando» la supuesta paz que acordaron Santos y las Farc, no solo es una intromisión en asuntos soberanos de Colombia, sino una torcida interpretación de los hechos con el evidente propósito de favorecer sus intereses ideológicos. Tampoco sorprende que a esta comparsa se unan 79 congresistas del partido Demócrata, quienes firmaron una carta culpando al presidente Duque de obstaculizar la implementación del acuerdo y exhortándolo a cumplirlo a rajatabla. Ni a Maduro se han dirigido con tanta grosería.

Un análisis serio tendría que sopesar la impunidad implícita en el acuerdo, la burla a las víctimas, la incompleta desmovilización y el nuevo auge del negocio de la coca para entender el porqué «la paz» no marcha bien. Lo demás es activismo político.

EN EL TINTERO: Dice ‘Timochenko’ que Marlon Marín, el sobrino de Iván Márquez y compinche de Santrich, no es pícaro sino repícaro. Y, entonces, ¿qué viene siendo ‘Timo’ cuyas condenas suman más de 500 años?

(Publicado en el periódico El Mundo, el 29 de mayo de 2019).

Posted by Saúl Hernández

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