A pesar de que el coronavirus (Covid-19) ha demostrado que puede desatar una situación de crisis auténtica, aún hay muchos que insisten en que esto no es más que un estado de paranoia colectiva instigada con el fin de mantener a las sociedades sumidas en el miedo. Negación apoyada en el argumento de que existen enfermedades comunes como la gripa, que son mucho más mortíferas y matan al año a decenas de miles de personas sin que nadie se percate de ello; a pesar de que no se pueden comparar las estadísticas de un virus que circula libremente con otro cuyo foco está contenido y cuyo cada nuevo paciente se aísla con rigor.

Eso es como decir que la viruela no es grave porque no ha causado ni una víctima en los últimos 40 años —desde que se declaró su erradicación en 1979—, como si las dos copias que se conservan en laboratorios de EE. UU. y Rusia, salvaguardadas bajo las más estrictas normas de seguridad, fueran inocuas y no se corriera el peligro de que caigan en manos de terroristas, que sean liberadas por un error humano o se utilicen para fabricar armas biológicas.

En realidad, hay que aceptar que el Covid-19 es un virus peligroso y que si estamos hablando de «solo» 5.000 muertos en tres meses es porque los chinos lo contuvieron exitosamente con medidas verdaderamente draconianas. Incluso, en sus inicios (diciembre y enero), de algo debió servir la idiosincrasia china como dique de contención, pues allá poco se saludan de mano, no hay besos ni abrazos y se suele usar tapabocas cuando se tienen síntomas de resfriado.

Si esta pandemia no fuera un asunto grave o serio, China no se habría hecho el haraquiri de paralizar su economía por casi dos meses y de poner en cuarentena a 60 millones de personas en Hubei y otras provincias; tampoco los italianos hubieran decidido cerrar todo el país después de un descuido inicial, ni estarían tomando medidas similares en España, Francia y Alemania. ¿O es que se pusieron de acuerdo todos para el mismo juego?

Hasta la terquedad habitual de Donald Trump fue vencida por las evidencias, y tuvo que aceptar que un mal manejo de la crisis podría dar al traste con su reelección, por lo que tomó medidas drásticas como la cancelación de los vuelos desde Europa por un mes. Todo esto con graves implicaciones económicas para todo el planeta, por lo que las medidas sanitarias han venido acompañadas de importantes anuncios de destinación de recursos para irrigar la economía en países como Estados Unidos, Japón e Italia. Incluso, en Alemania el gobierno anunció que podría hacerse cargo de los sueldos de trabajadores de empresas que deban parar su producción y que, eventualmente, podría nacionalizar algunas de ellas.

Si los colombianos tuviéramos en cuenta la verdadera gravedad del asunto, cumpliríamos estrictamente las recomendaciones en materia de prevención y nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza. ¨Una cosa es que un país rico cierre gran parte de su economía, prácticamente con la única excepción de supermercados y farmacias, y otra muy distinta es que lo haga un país como Colombia, donde cunde la informalidad y la mayoría de las personas viven al día. ¿De qué van a vivir? ¿Va a garantizar el Estado la manutención de millones de colombianos? ¿Qué pasará si esto no se controla en un lapso relativamente breve de dos o tres meses como en China? Este es un asunto muy serio, pero lo hemos convertido en chistes malos y memes llenos de estupideces.

Y, como para ajustar, los sátrapas que dirigen a Arabia y Rusia escogieron un muy mal momento para jugar con el precio del petróleo. La caída en la cotización del barril nos dejará sin los recursos con los que se ejecuta la política social en Colombia, dineros que harán falta para enfrentar la debacle económica que provocará el coronavirus. Un preocupante panorama que se ve más ensombrecido por el alto precio del dólar, que encarece los 14 millones de toneladas de alimentos que importamos y los muchos insumos foráneos que utiliza nuestra industria, lo cual repercutirá en un aumento importante de la inflación, o en una deflación si a falta de actividad económica no hay demanda.

Inevitablemente llegaremos al cierre de centros educativos, fábricas, oficinas, sitios de diversión, comercios, medios de transporte masivo y casi todo lo demás. No habrá actividades deportivas, culturales o religiosas, ni se permitirá la libre circulación; estaremos confinados en las casas, cero reuniones. ¿Cuánto tiempo se tomará esta contingencia? ¿Un mes? ¿Dos meses? El tiempo será menor mientras las medidas sean más severas y se tomen más pronto, lo que también repercutirá en menos muertes. En cuanto a las repercusiones económicas, que Dios nos coja confesados.

Posted by Saúl Hernández

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