Mientras todos estos vagos de las universidades públicas andan perdiendo el tiempo con sus «pacíficas» asonadas y sus insulsos cacerolazos, el mundo avanza a pasos agigantados aplicando nuevas tecnologías hasta en los quehaceres más naturales. Temas a cuya investigación deberían estar dedicados nuestros universitarios en vez de dejarse usar como idiotas útiles del tenebroso Señor de las Bolsas, cuya hija acaba de ingresar a la universidad, pero a una de Europa, donde no hay paros ni pedreas.

Uno de esos campos que muestra grandes avances es el de la agricultura, tema del que nos creemos muy conocedores a pesar de que somos un modesto productor que importa 12 millones de toneladas de alimentos al año para abastecernos. Aún así, suele decirse que nuestro país se convertirá en un gran proveedor de alimentos el día que ponga a producir la «altillanura», que es como un País de Jauja —atravesado por ríos de leche y miel—, que nadie sabe a ciencia cierta dónde está, y que es habitualmente comparado con el «cerrado brasileño», una región plana más grande que Colombia que fue deforestada para atiborrarla de plantaciones de todo tipo, aunque su gran producción se debe también a un exitoso trabajo de investigación para el desarrollo genético de las semillas.

Y suele especularse que países como China andan comprando tierras cultivables, con suficiente provisión de agua, en África y Latinoamérica, con el fin de poder producir los alimentos que su población va a requerir en el futuro. Pero cuando vemos que el segundo mayor exportador mundial de alimentos es Holanda, cuyo territorio es apenas las dos terceras partes de Antioquia, hay que concluir que el asunto no es de área cultivada sino de tecnología empleada. En 2017, Estados Unidos (con 9.000.000 de kilómetros cuadrados) encabezó las exportaciones de alimentos con 133.000 millones de dólares, mientras Holanda (con 42.000 kilómetros cuadrados y 17 millones de habitantes) llegó a los 100.000 millones de dólares gracias a su gran producción de vegetales, frutas, lácteos y procesados.

¿Cómo lo han logrado? Holanda se entregó de lleno a la investigación para hacer una agricultura altamente eficiente y sostenible, creando excelentes semillas e implementando casi toda su producción en invernaderos, donde pueden controlar la temperatura, la humedad, la cantidad de nutrientes del suelo y muchas variables más. Sus avances son tantos y de tal calado que, en analogía al término «Silicon valley», al epicentro de investigaciones en agricultura de Holanda se le conoce como «Food valley».

Sin embargo, hay un avance conceptual que va a llevar la producción de alimentos un paso más allá, y es el de la agricultura vertical, en la que los productos se cultivan en ambientes interiores en bandejas apiladas hasta el techo, lo que optimiza el espacio y el rendimiento del área. Se trata de cultivos a escala industrial desarrollados en edificios ubicados en áreas urbanas, con lo que se reducen los tiempos y los costos del transporte, así como la contaminación, las pérdidas por manipulación y maduración, etc. Se implementan ambientes controlados a la temperatura adecuada, se hace la fotosíntesis con luces LED, no se requiere pesticidas, se suministran los nutrientes necesarios a cada planta y el ahorro de agua es mayor al 90%. Todo es controlado por sistemas informáticos.

Ya en países como Japón, Suecia, Holanda y Estados Unidos, es común la producción, en granjas verticales, de toda clase de vegetales verdes, pero los expertos aseguran que pronto se usarán para cultivar todo tipo de frutas, verduras, granos y tubérculos.  Incluso, la carne artificial, producida en biorreactores a partir de células madre de bovinos, provendrá de factorías similares, no de reses sacrificadas.

En el mediano plazo, la agricultura no dependerá de la tierra, el régimen de lluvias y la brillantez del sol. Tampoco de factores aleatorios como las heladas, las plagas o las dificultades para sacar las cosechas de su sitio de producción. La tecnología llegó al agro y la inteligencia artificial le dará un vuelco radical. Si el recién creado Ministerio de Ciencia, en asocio con el de Agricultura, no les presta atención a realidades como esta nos quedaremos en el pasado. Y ya arrancamos mal con el nombramiento de una ministra que cree que el cáncer se cura con pociones ancestrales y que invita a la gente a participar en las violentas marchas «pacíficas».


Posted by Saúl Hernández

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