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	<title>El blog de Saúl Hernández &#187; Guerrillas</title>
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	<description>Opinet - El blog de Saúl Hernández</description>
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		<title>¿La seguridad en declive?</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Nov 2009 19:28:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Saúl Hernández</dc:creator>
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La Seguridad Democrática no puede entrar en “declive”, como dice la voz interesada de León Valencia y su Corporación Nuevo Arco Iris, simple y llanamente porque no se trata de un capricho del actual gobierno sino de la base fundamental del contrato social: la preservación de la vida, honra y bienes de los asociados.
Uno de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3549" title="ejercito" src="http://saulhernandez.co/wp-content/uploads/2009/11/ejercito.jpg" alt="ejercito" width="600" height="300" /></p>
<p>La Seguridad Democrática no puede entrar en “declive”, como dice la voz interesada de León Valencia y su Corporación Nuevo Arco Iris, simple y llanamente porque no se trata de un capricho del actual gobierno sino de la base fundamental del contrato social: la preservación de la vida, honra y bienes de los asociados.</p>
<p>Uno de los mayores alcances de la era Uribe es el haber vencido esa monstruosa concepción que predominaba en el país según la cual no se podían combatir los grupos ilegales bien por razones filosóficas (por el supuesto altruismo guerrillero) o bien por razones prácticas (que el Estado —decían— no podía derrotar a las guerrillas). Esa extravagancia redundó en la renuncia del Estado a ejercer el control y la ley.</p>
<p>Los argumentos de León Valencia para sustentar su afirmación son conceptualmente pobres, y están encaminados a vender la idea de volver a la mesa de negociaciones. Según el informe de Nuevo Arco Iris, el “declive” de la Seguridad Democrática estaría condicionado por el hipotético resurgimiento de las Farc y el supuesto fracaso de la negociación con los paramilitares.</p>
<p>Pero es muy cuestionable afirmar que una guerrilla se está reactivando por el hecho de incrementar las áreas sembradas con minas antipersonal o por usar francotiradores. Eso no sólo es una práctica de terrorismo mondo y lirondo —sobre todo contra la población civil— sino una muestra evidente de debilidad, de que no tienen control territorial como en el pasado y de que carecen de capacidad para enfrentar a las tropas que desarrollan operaciones ofensivas incluso en territorios que históricamente les pertenecían.</p>
<p>La guerrilla está arrinconada selva adentro; lleva años sin poderse tomar un pueblo (en Caloto lo intentaron sin éxito), secuestrar personalidades o ejecutar grandes intentados; ha perdido miles de combatientes, entre muertes, capturas y desmovilizaciones, incluyendo una decena de cabecillas y tres miembros del secretariado; y está plagada de niños y mujeres sin convicciones políticas. ¿Cuál es, pues, ese resurgimiento?</p>
<p>En cuanto al fenómeno paramilitar, Valencia aduce que hay un reciclaje del viejo paramilitarismo como producto de una negociación de paz “mal hecha” que fracasó y “se fue al carajo”; y sostiene que “el símbolo del fracaso es Medellín”.</p>
<p>Ya el ex presidente Gaviria había hecho política meses atrás con el tema de Medellín. En 2009, la cifra de asesinatos podría llegar a 2.000, lo cual es un incremento importante en comparación con los 1.066 homicidios del 2008 —no 833 como falsamente informa la revista Semana (23/11/2009)— y con los 788 del 2007, pero se está aun muy lejos de los 6.658 asesinatos de 1991.</p>
<p>Decir que la violencia de Medellín es producto del paramilitarismo no es acertado. Voces más autorizadas como la del ex alcalde Sergio Fajardo, atribuyen la mayoría de los muertos a enfrentamientos entre bandas por el control de los distritos de vicio, cuyo consumo está disparado gracias a ese cuento del “libre desarrollo de la personalidad”. Asimilarlas a paramilitares por el hecho de haber pertenecido en el pasado a las estructuras de ‘Don Berna’ es un error de juicio cuando se sabe que estos combos son mercenarios que se venden al mejor postor.</p>
<p>A la visión interesada de León Valencia se le olvida también que muchas fallas de la seguridad en Colombia son atribuibles a otros factores, como la laxitud judicial, la impunidad constante, el régimen carcelario que permite delinquir desde adentro, la corrupción y falta de compromiso de muchos miembros de la Fuerza Pública, la disminución de la iniciativa de los agentes del Estado por miedo a los castigos judiciales, etcétera.</p>
<p>Nada conduce a concluir que las Fuerzas del Estado hayan mermado su rendimiento; tal vez, sí, que hay algunas manifestaciones de violencia que se han exacerbado, como se esperaba en el post conflicto, por lo que se requieren ajustes. Pero querer significar, en plena campaña electoral, que la seguridad —con cualquier apellido— es un esfuerzo inviable, es un sórdido esperpento cuya formulación lleva implícito un cálculo político. Por eso tantos colombianos temen que al terminar el gobierno de Uribe, Colombia vuelva a lo de siempre. ·</p>
<p>Publicado en el periódico El Mundo, el 30 de noviembre de 2009<br />
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		<title>En uso de todas las formas de lucha</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Jul 2009 04:26:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Saúl Hernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>No es una casualidad que un juez de un pueblo perdido de la selva ecuatoriana eleve cargos por homicidio contra el casi seguro heredero de la política de Seguridad Democrática, sobre todo ahora que el referendo reeleccionista está tan enredado y cuando tan conspicuos personajes -como Obama, ni más ni menos- le hacen coro de sirenas al presidente Uribe, pero para que supere la encrucijada de su alma y desista de un nuevo mandato.</p>
<p>Juan Manuel Santos es el principal contradictor de Hugo Chávez en Colombia desde que denunció, por allá en el 2004, la carrera armamentista emprendida por el teniente coronel mediante adquisiciones multimillonarias de jugueticos rusos. Desde entonces, los roces han sido continuos, y no le debe haber caído nada bien a Chávez que Santos hubiera estado al frente de tantas operaciones exitosas contra las Farc, principalmente la que dio cuenta de &#8216;Reyes&#8217; en Ecuador, donde además se presentó el afortunado hallazgo de sus infidentes computadores.</p>
<p>Colombia es un objetivo mayúsculo para el proyecto chavista. En Miraflores se mantienen al tanto de los pormenores de nuestro ajedrez político. Saben que, una vez que se ha complicado el camino de la reelección, el enemigo por sacar del camino es Santos. Entre los candidatos uribistas, Andrés Felipe Arias también tiene buena figuración en las encuestas, pero sin claras posibilidades de ganar. El resto de interesados -con un par de excepciones, quizás- defienden la Seguridad Democrática, pero sólo de labios para afuera porque en realidad, con sus críticas y contrapropuestas, destapan sus intenciones de bajar completamente la guardia y permitir el rebrote de las guerrillas y, como consecuencia, también del paramilitarismo.</p>
<p>Es obvio que para las Farc y sus amiguetes continentales, es una prioridad oxigenar a la subversión impidiendo la continuidad de Uribe o la reelección de sus políticas a través de alguno de sus discípulos. Desde el 2002 se supo que la guerrilla iba a pasar de agache &#8220;el chaparrón de Uribe&#8221;, y a fe que en el primer periodo lo hicieron tan bien que iban a sobrevivir casi intactos. La reelección les cayó como un cáncer, los hechos lo demuestran, Íngrid Betancourt lo confirmó. Pero esta es una patria boba, donde un gobernante que arrasa en las urnas es sacado a sombrerazos por una minoría escandalosa, una Corte Suprema que no tiene apoyo del soberano y la torpeza de quienes promovieron la campaña de recolección de firmas.</p>
<p>Ahora, es evidente que la persecución contra Santos lleva implícita otra intención, y es la de poner de presente que quienes osen atravesarse en el camino de la revolución la podrían pagar caro. Es una estrategia que está íntimamente ligada con la guerra política y jurídica de que vienen siendo víctimas nuestras Fuerzas Militares con un claro efecto desmoralizante. La muerte de &#8216;Reyes&#8217; fue un golpe demoledor para las Farc, pero más para sus auxiliadores, y la menor revancha a la que están dispuestos es a dejar en claro la advertencia de que perseguirán a todo funcionario que les propine golpes letales. Este es apenas el principio, ya sabemos el calvario al que pretenden someter al presidente Uribe una vez que abandone el cargo.</p>
<p>No hay que olvidar, sin embargo, que el inventario de desatinos de las Farc es monumental. Sus errores de cálculo son históricos. Con un despropósito de esta magnitud, Correa está convirtiendo a Santos en el paladín que necesita Colombia para mantener las políticas del actual gobierno y él en su jefe de debate, su principal promotor. Con Chávez, va a terminar catapultándolo al poder en caso de que Uribe no opte por otro periodo, solucionando una de las mayores preocupaciones del uribismo: si los votos de Uribe no son endosables, los ataques de Chávez y Correa -convertidos ahora en persecución judicial- parece que serán decisivos a la hora de definir el nuevo inquilino de la Casa de Nariño. ·</p>
<p>Publicado en el periódico El Tiempo, el 7 de julio de 2009 (<a href="http://www.eltiempo.com/">www.eltiempo.com</a>).<br />
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		<title>Seguridad, la mejor inversión</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Jun 2009 23:13:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Saúl Hernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>A los ricos de Colombia, a diferencia de otros países, nunca les ha gustado cumplir el servicio militar obligatorio. Son los pobres los que defienden el orden social, en muchos casos –si no en todos– porque para ellos es la única alternativa de sustento digno; o son soldados y policías o se contentan con ser obreros de construcción. Es aberrante que en las clases más favorecidas persista esa execrable costumbre de ‘comprar’ la Libreta Militar, y es una grave incoherencia de todo el conjunto social que mientras las Fuerzas Armadas y la Policía gozan de un gran aprecio y admiración entre los colombianos –acaso porque sabemos que sus integrantes arriesgan el pellejo por nosotros a diario–, vestir el uniforme no sea visto como un honor sino como un infortunio.</p>
<p>De cierta forma, los grandes contribuyentes compensan en algo la situación pagando el impuesto al patrimonio con el que se ha incrementado el pie de fuerza y financiado la modernización de los equipos de las fuerzas estatales. Sin embargo, el banquero Luis Carlos Sarmiento ha propuesto que este gravamen sea pagado por todos los colombianos –incluyendo a los que sí prestan a sus hijos para defender a los demás–, sin hacer distinción alguna en la capacidad de pago de cada cual. Eso estaría muy bien si se tratara de un impuesto progresivo, en el que pague más quien más tiene, pero es inaceptable si lo que se pretende es un ‘simple’ aumento de uno o dos puntos en el IVA para gravar a todos los colombianos sin excepción, como si se tratara de una sociedad igualitaria.</p>
<p>El impuesto a la seguridad no puede tener el mismo tratamiento que aquellos tributos que buscan recursos para el cine o el deporte pues se trata de un asunto que, además del político, tiene un trasfondo filosófico. A los pobres no se les pueden cargar el gravamen y los muertos al mismo tiempo, cuando los problemas de seguridad están íntimamente ligados con las profundas desigualdades. La pobreza no justifica la violencia pero alienta en algunos la presunción de que les da derecho de atentar contra la vida, honra y bienes ajenos como forma de reivindicación social.</p>
<p>En ese orden de ideas, los ricos demandan más seguridad porque corren más riesgos, en tanto que los pobres son más susceptibles de convertirse en una amenaza para la seguridad de los otros, debido a sus precarias condiciones de subsistencia. Es un contrasentido que quienes más necesitan seguridad paguen menos por ella y que a los más necesitados se les arrebate algo más de sus escasos ingresos para agravar su situación de vulnerabilidad. Además, las clases altas y las empresas invierten cada vez más en seguridad privada, lo cual también es ilógico. Debería ser a la inversa, menos seguridad privada y mayor fortalecimiento de las instituciones.</p>
<p>El hecho de que la financiación de la seguridad quede huérfana le da alas a quienes creen que los organismos de seguridad están sobredimensionados y que estrategias como la negociación política y la legalización de las drogas harían innecesario el actual nivel de gasto militar. Esa es una tesis muy peligrosa porque las guerrillas no han mostrado ni la menor intención de querer un acuerdo de paz. Acceder a una negociación en este momento equivale a abdicar y echar por la borda los logros de la Seguridad Democrática.</p>
<p>De otro lado está el sofisma de que legalizar las drogas acaba con el crimen organizado. La mafia nunca abandona la delincuencia; se transforma, se diversifica, pero nunca con apego a la ley. El periodista Roberto Saviano hace un buen retrato de esa realidad en el libro Gomorra, donde muestra la infiltración de la mafia en todos los sectores de la economía de Nápoles y el sur de Italia: el contrabando, la trata de personas, la falsificación de marcas, etc.</p>
<p>Estamos en un país en el que la ilegalidad se ha enquistado en la cultura y se expresa con graves manifestaciones de violencia. Faltan décadas para que se pueda prescindir de grandes inversiones en seguridad y justicia para cambiar este panorama y es un mal presagio que los más beneficiados quieran tirar la toalla tan pronto. La seguridad es la mejor inversión, es una lástima que ellos no lo vean así.</p>
<p>Publicado en el periódico El Mundo, el 1 de junio de 2009 (<a href="http://www.elmundo.com/">www.elmundo.com</a>).<br />
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		<title>Pasando la cuenta de cobro</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Apr 2009 04:14:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Saúl Hernández</dc:creator>
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Debe estar feliz la izquierda continental (encabezada por el Foro de Sao Paulo y la Coordinadora Continental Bolivariana) con lo que está pasando. A Fujimori le están cobrando con 25 años de prisión el haber derrotado a los terroristas de Sendero Luminoso y Túpac [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Queda claro que quien ose obstaculizar la revolución marxista la paga caro.</p>
<p>Debe estar feliz la izquierda continental (encabezada por el Foro de Sao Paulo y la Coordinadora Continental Bolivariana) con lo que está pasando. A Fujimori le están cobrando con 25 años de prisión el haber derrotado a los terroristas de Sendero Luminoso y Túpac Amaru, al tiempo que el verdadero modelo de Chávez muestra sus garras encarcelando a los principales líderes de la oposición y arrebatándoles el poder local en Caracas, mediante una argucia propia de un dictador tropical. ¿Qué diría la oposición en Colombia si Uribe encarcelara a sus principales opositores y le diera un golpe de mano al Polo Democrático para arrebatarle el poder en Bogotá?</p>
<p>Mientras las dictaduras de derecha terminan en la cárcel, las de izquierda son objeto de apología y exaltación. El militar argentino Adolfo Scilingo fue condenado en España a 640 años de prisión por participar en los ‘vuelos de la muerte’ en los años de la dictadura en Argentina, y las leyes de punto final (expedidas por Alfonsín en diciembre de 1986) fueron anuladas en 2005 en el caso de los militares pero no en el de los montoneros, que aún gozan de amnistía e indulto.</p>
<p>Pinochet, en la decrepitud de la vejez, murió acosado por la justicia. En cambio, Fidel se muere de viejo, en la cama de un palacio en La Habana. Sus muertos, sus presos, su pueblo empobrecido, valen huevo con tal de mantener vivo un credo anacrónico que vende ilusiones jamás conquistadas. El Che Guevara, otro asesino ilustre, posa de héroe en películas producidas por la izquierda de Hollywood, como si se tratara del manoseado Bolívar y no de un sicópata que podría compartir celda con el envejecido Charles Manson.</p>
<p>En Colombia, el holocausto del Palacio de Justicia se lo quieren cobrar a los militares mientras los guerrilleros se pavonean en carros oficiales, todo por el pecado de atravesarse a “defender la democracia, maestro”, expresión misma que ha sido reprochada para que quede claro que quien ose obstaculizar la revolución la paga caro. Asimismo, la Corte Suprema de Justicia, con pruebas endebles, arma un proceso contra más de 50 congresistas supuestamente vinculados a los grupos paramilitares, pero se niega a usar la minuciosa y abundante información de los computadores de ‘Reyes’ para enjuiciar a los políticos cercanos a las Farc.</p>
<p>Por eso, los más contentos con la condena de Fujimori están en Colombia, pues hace rato ventilan, sin pena alguna, sus deseos de llevar al Presidente Uribe ante la justicia internacional para cobrarle la cuasi derrota que le ha infligido a las guerrillas. ¿Y cuáles son sus argumentos? Lo que sea. Sobrarán denuncias amañadas, apoyadas en indicios gaseosos, para encauzarlo en los tribunales que dirige la izquierda. Si hasta Álvaro Leyva, uno de los más conspicuos amigos de las Farc, sentenció hace varios años que si Uribe no hacía el intercambio humanitario sería llevado a la Corte Penal Internacional.</p>
<p>Y como ellos están esperando el momento de pasar la cuenta de cobro –y como Uribe lo sabe, y todos lo sabemos–, muchos aducen que el Presidente tiene la intención de perpetuarse en el poder con el fin de evadir los tribunales. Un vocero de la oposición (Pedro Medellín, El Tiempo, 07-04-2009) se pregunta si Uribe se quiere reelegir es para “evitar que lo lleven ante los jueces”, y se atreve a agregar: “como han llegado a sugerir sus cercanos colaboradores”. Otro vocero (Claudia López, El Tiempo, 09-03-2009) arguye que nombrar a los ex guerrilleros ‘Karina’ y ‘Olivo Saldaña’ como gestores de paz, es obstrucción de justicia. Y anota: “Entre más ejerza esa obstrucción (…) mayor la probabilidad de tener que responder por ello a nivel internacional. Pero (…) confían en que permanecerán en el poder lo suficiente para encubrir todo y que las instancias internacionales están suficientemente entretenidas con África como para fijarse en Colombia. Ya veremos”.</p>
<p>La avanzada contra Uribe se nutre de libros plagados de acusaciones temerarias y falacias ad hóminem, a pesar de que sus autores se atreven a reconocer que esos libros no podrían aportar nada en un juicio contra el presidente Uribe. ¿De qué se trata entonces esta cacería? Deberían considerar las palabras del periodista francés Jaques Thomet –ex corresponsal de EFE en Colombia–: &#8220;sólo su régimen democrático tolera, sin reaccionar, sus insultos repetidos contra el Presidente de Colombia. (…) ¡Todos ustedes serían detenidos si sus periódicos se publicaran en Francia!&#8221;.</p>
<p>Publicado en el periódico El Mundo, el 13 de abril de 2009 (<a href="http://www.elmundo.com">www.elmundo.com</a>).<br />
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		<title>Sedición e ideología</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jul 2007 19:43:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Saúl Hernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando la Corte Suprema de Justicia niega el delito de sedición a los paramilitares con el argumento, entre otros, de que se estarían atropellando los derechos de las víctimas, ¿quiere decir la Corte que las víctimas de las guerrillas no tienen derechos o quiere decir que a las guerrillas tampoco las van a incriminar por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando la Corte Suprema de Justicia niega el delito de sedición a los paramilitares con el argumento, entre otros, de que se estarían atropellando los derechos de las víctimas, ¿quiere decir la Corte que las víctimas de las guerrillas no tienen derechos o quiere decir que a las guerrillas tampoco las van a incriminar por delitos políticos cuando llegue el momento de su inserción a la vida civil?</p>
<p>Lamentablemente, la respuesta tiene más que ver con lo primero que con lo segundo. A las guerrillas sí se les reconoce sedición a pesar de ser tan criminales como la organización paramilitar y de ser, por lo menos las Farc, el gran cartel de la coca. Y, peor aún, todavía se cree, con falso romanticismo, que a la subversión la mueven motivos altruistas, lo que las diferenciaría esencialmente de los ejércitos fascistas de la ultraderecha.</p>
<p>Este ha sido uno de los mayores escollos de la ley de Justicia y Paz desde que empezó a desarrollarse hace dos años y si no se logra otorgar a los paramilitares el estatus de delincuentes políticos se perderá la oportunidad histórica de desmantelar estas organizaciones ilegales y viviremos un regreso particularmente sangriento. No es gratuito que la oposición demuestre una intransigencia feroz frente a este tema. Ya se preguntaba Eduardo Pizarro Leongómez (El Tiempo, marzo 14 de 2005), si tras esa resistencia se escondía “un perverso cálculo estratégico”; si quienes piden severidad con los &#8216;paras&#8217; van a pedir benevolencia cuando llegue el momento de las negociaciones con la guerrilla.</p>
<p>No es casual que a algunos les parezca una aberración el anodino documento firmado en Santa Fe de Ralito por una buena cantidad de políticos, en el que se comprometen a “refundar la Patria”, pero no vean nada de grave en las reuniones del presidente Pastrana con la guerrilla, en el despeje del Caguán y en todos los pactos y documentos que se discutieron y firmaron allí. Al mismo tiempo es curioso y sorprendente que si hay tantos políticos investigados y encarcelados por asistir a la reunión de Ralito y firmar el curioso documento en el que se pacta instaurar una nueva sociedad y, por ende, hacer cambios en la estructura del poder, no se considere eso como un delito político.</p>
<p>Este debate le ha hecho perder al Gobierno el apoyo de antiguos aliados como Rafael Pardo Rueda, quien, en su libro La historia de las guerras (p. 626), dice que los paramilitares “son grupos de motivación política (&#8230;) y por ello su delito debe estar enmarcado en los parámetros de delito político, el paso de las armas a la paz debe tener un tratamiento generoso de parte de la sociedad para quienes dejen las armas, pues de lo que se trata es de dejar la lucha armada, así no haya sido en contra del Estado, (cambiándola) por la lucha política”.</p>
<p>Está claro que entregar a los paramilitares el tratamiento o reconocimiento político requiere aceptar una tesis que para algunos es indigerible pero que en realidad no es absurda: que si bien estos grupos no intentan derrocar, combatir o remplazar al Estado, sí se dan a la tarea de suplantarlo, entorpeciendo de paso la acción del mismo. Además, el origen de las autodefensas se da como resultado de la ausencia del Estado para controlar los desmanes de los insurgentes, delincuentes políticos por antonomasia. Así que asimilarlos como tales no es tan forzado como algunos piensan, ni es violatorio de la Constitución, ni del principio de legalidad, ni de las normas internacionales. La ley es producto de la interpretación que produce la política, y la que se produce por el paso del tiempo.</p>
<p>No es posible ver delito político en unas guerrillas criminales para luego indultarlas sin que sus víctimas reciban justicia y equiparar a los paramilitares con simples bandas de malhechores. Eso no concuerda con la realidad que conocemos. No puede compartirse la afirmación de Petro de que ninguno de los crímenes del M-19 puede catalogarse como de ‘lesa humanidad’. El indulto del M-19 dejó gran impunidad por culpa de esa concepción maniquea e idealista de que su lucha era filantrópica.</p>
<p>Por eso no puede echarse en saco roto la tesis del filósofo español Fernando Savater de que deben eliminarse de la jurisprudencia los mal llamados delitos políticos —rebelión, sedición y asonada—, que no sirven tanto para garantizar la libertad, la igualdad y la justicia de los pueblos como para preservar la impunidad y cometer cualquier exceso en nombre de los más confusos ideales. Ya la mayoría de los países del mundo han eliminado esta permisión de las cartas políticas y va siendo hora de hacerlo en Colombia.  ·</p>
<p>Publicado en el periódico El Mundo de Medellín, el 30 de julio de 2007.<br />
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		<title>La versión de Mancuso</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jun 2007 18:25:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Saúl Hernández</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas de Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Ausencia de Estado]]></category>
		<category><![CDATA[Extorsión]]></category>
		<category><![CDATA[Guerrillas]]></category>
		<category><![CDATA[Paramilitarismo]]></category>
		<category><![CDATA[Salvatore Mancuso]]></category>
		<category><![CDATA[Secuestro]]></category>

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		<description><![CDATA[Kurt Gödel fue un matemático que se hizo famoso al demostrar que es imposible probar todas las afirmaciones verdaderas. Por eso las ciencias, al igual que las religiones, necesitan apoyarse en axiomas, o verdades aparentemente ciertas, para sostener toda una doctrina. Algo parecido está pasando con las declaraciones de los jefes paramilitares puesto que más que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Kurt Gödel fue un matemático que se hizo famoso al demostrar que es imposible probar todas las afirmaciones verdaderas. Por eso las ciencias, al igual que las religiones, necesitan apoyarse en axiomas, o verdades aparentemente ciertas, para sostener toda una doctrina. Algo parecido está pasando con las declaraciones de los jefes paramilitares puesto que más que ser ‘sus’ verdades, o simplemente verdades a medias, son afirmaciones verdaderas que, sin embargo, no coinciden a la perfección con la realidad.</p>
<p>Me explico. Salvatore Mancuso expresó que ellos, los paramilitares, copiaron el modelo guerrillero y hasta lo mejoraron. Se refería, en términos amplios, a su modelo de guerra  y a su forma de financiación, cuestiones íntimamente ligadas. La guerrilla copaba territorios abandonados por el Estado y convertía en sus lacayos a los pobladores, abusando de ellos de diversas formas. A los ricos, mediante extorsión y secuestro, les arrebataba fuertes sumas de dinero para apertrecharse y comprar armas. A los pobres, por su parte, los obligaban a enrolarse en sus filas, a servir de estafetas, a facilitar la mimetización de los combatientes y, en general, a cuanta colaboración se les pidiera bajo coacción armada.</p>
<p>Se entiende entonces que las autodefensas hicieron lo mismo. Pero mejor, según Mancuso. Coparon territorios abandonados por el Estado en los que las guerrillas se habían convertido en un azote. Territorios, por cierto, de gran importancia económica y geoestratégica como Urabá, debido a su agroindustria bananera y a la cercanía con Panamá. Pero la llegada de los paramilitares tuvo, en principio, una sutil diferencia: que los ricos —ganaderos generalmente— hacían su aporte de forma voluntaria porque la autodefensa se convirtió  en su tabla de salvación ante la desidia del Estado. Una vez que las guerrillas eran vencidas, los paras se volvían más despiadados que sus enemigos y el aporte se hacía de nuevo obligatorio, un expolio.</p>
<p>Las guerrillas, en todos los rincones del país, robaron ganado, expropiaron tierras, desterraron propietarios prósperos y desplazaron a los pobres. Los paras hicieron igual pero al no tener entre sus objetivos la toma del Estado lo que hicieron fue violar toda la institucionalidad para ponerla a su servicio; esto, escriturando las tierras que arrebataron, tomándose los presupuestos municipales o cooptando a los políticos de las regiones donde mandaban, con el poder que les daban las armas.</p>
<p>Sin embargo, aunque es verdad que muchas personas y empresas apoyaron a los paramilitares sobre todo en lo financiero —como se desprende de la versión libre rendida por el señor Mancuso—, eso está muy lejos de ser lo que parece. Días atrás, la revista Semana publicó una encuesta muy reveladora sobre lo que los colombianos opinan del paramilitarismo y del proceso de paz con estos grupos ilegales. Es tanto el odio que despiertan las guerrillas que la población colombiana —básicamente la de las áreas urbanas— ha hecho caso omiso de las denuncias sobre atrocidades cometidas por los &#8216;paras&#8217;: las fosas comunes a lo largo y ancho del país, los ríos convertidos en botaderos de cadáveres y gente inocente picada a machete sólo para practicar cómo se hace una masacre. Es decir, los colombianos, podría decirse, permitieron y aún consienten el fenómeno paramilitar.</p>
<p>No obstante, de la misma forma que quienes le pagaron a las guerrillas por el secuestro de un familiar no pueden considerarse colaboradores de la subversión sino víctimas, aquellos que hicieron aportes al paramilitarismo no pueden ser vistos como cómplices porque ante el acoso guerrillero encontraron en los &#8216;paras&#8217; su única posibilidad de sobrevivir. Y luego, expulsada la subversión, no tuvieron de otra que agacharle la cabeza a un nuevo amo. Los repartidores de cerveza, leche y gaseosa, los buseros, los finqueros, todos en general, no daban dinero por ser parte del movimiento paramilitar sino porque les tocaba para poder trabajar y vivir. El que tanta gente diera su aporte monetario no exime a los &#8216;paras&#8217; de sus excesos, ni puede asegurarse —como dice Mancuso— que la existencia del paramilitarismo es la prueba reina de que son una ‘política de Estado’. No, más bien es la prueba reina de la ausencia del Estado y de sus terribles consecuencias. ·</p>
<p>Publicado en el periódico El Mundo de Medellín el 4  de junio de 2007<br />
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		<title>¿Prohibir la pólvora?</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Dec 2006 15:55:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Saúl Hernández</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Guerrillas]]></category>

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La p&#243;lvora es se&#241;alada injustamente como responsable &#250;nica de las tragedias de diciembre.


Se est&#225; volviendo un problema de todos los a&#241;os, por esta &#233;poca, el asunto de la p&#243;lvora. Pero es un tema que se magnifica de manera injusta. Ya existe un gran consenso en el sentido de prohibir el expendio de p&#243;lvora en todo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>
La p&oacute;lvora es se&ntilde;alada injustamente como responsable &uacute;nica de las tragedias de diciembre.
</p>
<p>
Se est&aacute; volviendo un problema de todos los a&ntilde;os, por esta &eacute;poca, el asunto de la p&oacute;lvora. Pero es un tema que se magnifica de manera injusta. Ya existe un gran consenso en el sentido de prohibir el expendio de p&oacute;lvora en todo el territorio nacional para evitar el drama de los ni&ntilde;os quemados &mdash;incluso de adultos&mdash;, pero el asunto es m&aacute;s profundo.
</p>
<p>
Seg&uacute;n estad&iacute;sticas confiables, a hospitales como el San Vicente de Pa&uacute;l de Medell&iacute;n &mdash;que recientemente obtuvo el primer puesto nacional entre las entidades prestadoras de salud de alta complejidad&mdash;, la mayor&iacute;a de infantes que ingresan solicitando atenci&oacute;n por quemaduras, aun en los diciembres, son v&iacute;ctimas del derrame de l&iacute;quidos calientes, a menudo ocasionados por pr&aacute;cticas aparentemente inofensivas como la preparaci&oacute;n callejera de sancocho, bu&ntilde;uelos, natilla, cerdo y las dem&aacute;s viandas de fin de a&ntilde;o.
</p>
<p>
Sin embargo, la p&oacute;lvora es se&ntilde;alada como responsable &uacute;nica de las tragedias de los ni&ntilde;os quemados en diciembre. En d&eacute;cadas pasadas el uso de juegos pirot&eacute;cnicos era probablemente mayor al de hoy y el n&uacute;mero de quemados era proporcionalmente inferior.
</p>
<p>
En el fondo, lo que se advierte en el drama de los ni&ntilde;os quemados es el descuido permanente en que se tiene a los menores. Ni&ntilde;os que ingieren &lsquo;totes&rsquo; que encuentran en la calle, ni&ntilde;os que se queman con p&oacute;lvora dos veces en la misma semana o que son quemados con la p&oacute;lvora que manipulan terceras personas en sitios concurridos, son situaciones que se asemejan a los episodios reiterativos de menores abusados sexualmente,&nbsp;de menores v&iacute;ctimas de minas antipersona y artefactos explosivos abandonados por actores del conflicto o de ni&ntilde;os electrocutados al tocar conexiones defectuosas o electrodom&eacute;sticos que est&aacute;n pasando corriente.
</p>
<p>
Es decir, lo que se nota es un descuido generalizado de los menores de edad en todo el pa&iacute;s, en todas las &eacute;pocas del a&ntilde;o y en las m&aacute;s diversas circunstancias. Eso se ha incrementado desde que la Constituci&oacute;n del 91 puso en entredicho la potestad de los adultos sobre los menores de edad, enarbolando el tema del libre desarrollo de la personalidad.
</p>
<p>
Hace 15 a&ntilde;os nadie pon&iacute;a en duda la autoridad de los padres y los maestros. Hoy&nbsp; los individuos, amparados por una norma extravagante, deciden desde muy ni&ntilde;os c&oacute;mo tener el pelo, c&oacute;mo vestir, si ponerse tatuajes o &lsquo;piercings&rsquo;, a d&oacute;nde salir a divertirse, a qu&eacute; horas regresar a casa y todo lo atinente con relaciones sexuales y consumo de alcohol y drogas.
</p>
<p>
Desde el punto de vista de los adultos la norma constitucional se percibe no s&oacute;lo como una autorizaci&oacute;n para que el individuo en formaci&oacute;n se autodetermine sino como un relevo, una exoneraci&oacute;n de las responsabilidades que tienen los padres sobre los infantes. Y ese modelo que ha tomado vuelo, el de los ni&ntilde;os que hacen lo que les viene en gana porque &lsquo;hay que dejarlos&rsquo;, es irresponsablemente promovido por los medios de comunicaci&oacute;n &mdash;la televisi&oacute;n en particular&mdash; y por la publicidad.
</p>
<p>
No son pocos los padres que ya no tienen autoridad para decirle a un ni&ntilde;o de diez a&ntilde;os que no puede salir a quemar p&oacute;lvora. Y esa carencia de autoridad no se produce por ser malos padres sino por este permisivo proceso formativo que parece dise&ntilde;ado para que lo apliquen, con sus hijos, expertos psicopedagogos y no personas corrientes que carecen de formaci&oacute;n avanzada.
</p>
<p>
Es sumamente contradictorio e incongruente que algunos pretendan legalizar las drogas para debilitar a las mafias pero que, al mismo tiempo, se quiera proh&iacute;bir la p&oacute;lvora dizque por peligrosa. Castigar a los padres de los ni&ntilde;os quemados cuando no se castiga convenientemente a los padres que los violan. Nadie plantea la necesidad de controlar el consumo de alcohol o el exceso de velocidad en nuestras carreteras pero ahora quieren poner a las fuerzas del Estado a perseguir polvoreros como si se tratara de carteles o guerrillas, y creen que se va a alcanzar un gran logro con eso.
</p>
<p>
<i><span>Publicado en el peri&oacute;dico El Mundo de Medell&iacute;n, el 24 de diciembre de 2006 (</span></i><a href="http://www.elmundo.com/"><i><span>www.elmundo.com</span></i></a><i><span>). </span></i>
</p>
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		<title>El derecho y el revés de la paz</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Nov 2006 05:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Saúl Hernández</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas de Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
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Eliminar el paramilitarismo sin vencer a la subversi&#243;n es un error en una ecuaci&#243;n en la que el orden de los factores altera el producto.


El ataque de las Farc en Tierradentro, corregimiento de Montel&#237;bano (C&#243;rdoba), en el que fallecieron 17 polic&#237;as y tres civiles, da cuenta de dos realidades duramente cuestionadas: la primera es que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>
Eliminar el paramilitarismo sin vencer a la subversi&oacute;n es un error en una ecuaci&oacute;n en la que el orden de los factores altera el producto.
</p>
<p>
El ataque de las Farc en Tierradentro, corregimiento de Montel&iacute;bano (C&oacute;rdoba), en el que fallecieron 17 polic&iacute;as y tres civiles, da cuenta de dos realidades duramente cuestionadas: la primera es que los grupos paramilitares s&iacute; se han desmovilizado; no se ha efectuado un proceso fingido, como consideran algunos contradictores,&nbsp; en el que subsisten las estructuras mientras se entregan algunas cuantas armas y se &lsquo;desmovilizan&rsquo; individuos que no son combatientes. El otro asunto es que las zonas que antiguamente estaban dominadas por los paramilitares est&aacute;n siendo copadas por las guerrillas tal como tem&iacute;an los campesinos &mdash;prueba fehaciente del desmonte del paramilitarismo&mdash;, y el Estado no tiene recursos suficientes para mantener el control.
</p>
<p>
El sitio del ataque, Tierradentro, est&aacute; en el coraz&oacute;n de lo que hasta hace un par de a&ntilde;os, a lo sumo, era el principal enclave de las autodefensas. Mientras estuvo bajo el poder de los paramilitares a nadie se le habr&iacute;a pasado por la cabeza que hasta all&iacute; llegara una columna de 500 subversivos para atacar el puesto de Polic&iacute;a, para poner en entredicho la pol&iacute;tica de seguridad del Gobierno, para anunciar que son los nuevos mandamases de la regi&oacute;n y para apropiarse de los abundantes cultivos de coca que, otrora, financiaban a sus enemigos.
</p>
<p>
Desde que se iniciaron los di&aacute;logos con los grupos de autodefensa, la preocupaci&oacute;n de muchos s&oacute;lo giraba en torno del tema de los castigos para tan temibles asesinos y perpetradores de masacres. El tema se politiz&oacute;, apenas se hablaba de verdad, justicia y reparaci&oacute;n, mientras que a los guerrilleros siempre se les ha recibido con los brazos abiertos del indulto y con promesa de Constituyente, receta m&aacute;gica que el mismo presidente Uribe ofert&oacute; hace un mes cuando gobierno y Farc se hicieron algunos coqueteos de paz. Pero en las zonas paramilitares la preocupaci&oacute;n de los campesinos siempre fue otra, la de c&oacute;mo los iban a proteger de las vengativas incursiones guerrilleras.
</p>
<p>
Desde el comienzo se supo que las Farc fueron copando las zonas abandonadas por el paramilitarismo, hu&eacute;rfanas de seguridad. La guerrilla regres&oacute; r&aacute;pidamente a regiones de donde hab&iacute;an sido desplazadas sin&nbsp; el menor reparo y poco a poco fortalece su presencia gracias a su gran capacidad de mimetizarse entre la poblaci&oacute;n civil sin que las Fuerzas Armadas puedan hacer mayor cosa sin incurrir en supuestas y en reales violaciones de los derechos humanos. Cabe recordar que si el paramilitarismo pudo extirpar a la guerrilla de muchas regiones se debi&oacute; a cruentas pr&aacute;cticas de exterminio, eliminando sin reserva a quien pareciera o fuera comprobadamente un colaborador de las guerrillas. De esa manera, jugando al ensayo y al error, asesinando guerrilleros de civil, como dec&iacute;a Carlos Casta&ntilde;o, pero equivoc&aacute;ndose a menudo, como tambi&eacute;n lo admit&iacute;a, le&nbsp; cortaron el oxigeno a la subversi&oacute;n en &aacute;reas que antes dominaban. Sobra decir que las Fuerzas Armadas no pueden operar de esa forma.
</p>
<p>
Por supuesto que ser&iacute;a una canallada pretender decir que las estructuras paramilitares debieron mantenerse tranquilas y hasta permitir que se hubieran diseminado en otras zonas del pa&iacute;s para atacar a la subversi&oacute;n con sus m&eacute;todos despiadados, pero las buenas intenciones con las que el gobierno del presidente Uribe impuls&oacute; el desmonte del paramilitarismo cuentan muy poco. El Gobierno arguy&oacute; que este factor de perturbaci&oacute;n deb&iacute;a desaparecer por cuanto la guerrilla siempre ha exigido su disoluci&oacute;n para hacer la paz. Tambi&eacute;n se mencion&oacute; la desinstitucionalizaci&oacute;n producida en inmensas zonas en donde no hac&iacute;a presencia el Estado y era suplantado por los grupos de autodefensa. Igualmente se dijo que los &lsquo;paras&rsquo;, considerados terroristas y narcotraficantes, eran enemigos del Estado y deb&iacute;an ser combatidos; sacarlos de la confrontaci&oacute;n era, por tanto, aliviar la tarea de unas Fuerzas Armadas que deb&iacute;an enfrentar a varios enemigos al tiempo, y quitar de en medio un factor que ha corrompido a muchos miembros del Estado.
</p>
<p>
Todo esto es cierto pero el problema es que la cosas tienen derecho y tienen rev&eacute;s. Eliminar el paramilitarismo sin vencer a la subversi&oacute;n no s&oacute;lo resulta siendo un favor para las guerrillas, quitarles de encima a su peor enemigo, sino un error en una ecuaci&oacute;n en la que el orden de los factores altera el producto. Las autodefensas s&oacute;lo pueden desaparecer cuando lo haga la subversi&oacute;n y mientras &eacute;sta subsista aquellas revivir&aacute;n. Las zonas que dejan los &lsquo;paras&rsquo; deben coparlas fuerzas de paz extranjeras, desmovilizados bajo el mando del Ej&eacute;rcito o unas Fuerzas Armadas robustecidas en n&uacute;mero de efectivos y mejores recursos. Los pilotos m&aacute;s experimentados mueren en los vetustos aviones de la Fuerza A&eacute;rea y a las tropas las masacran en las carreteras cuando se movilizan en unos camiones m&aacute;s apropiados para transportar gallinas. Por eso el impuesto de guerra a los altos patrimonios deber&iacute;a ser permanente, que los pudientes pongan plata ya que ni siquiera prestan a sus hijos para tomar los fusiles.
</p>
<p>
<i><span>Publicado en el peri&oacute;dico El Mundo de Medell&iacute;n, el 13 de noviembre de 2006 (</span></i><a href="http://www.elmundo.com/"><i><span>www.elmundo.com</span></i></a><i><span>). </span></i>
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		<pubDate>Tue, 24 Oct 2006 21:49:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Saúl Hernández</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas de Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Farc]]></category>
		<category><![CDATA[Guerrillas]]></category>
		<category><![CDATA[Paramilitarismo]]></category>

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Mucho ruido ha generado el estallido de la semana anterior en Bogot&#225;.


Nadie deber&#237;a mostrarse sorprendido por la reacci&#243;n&#160; del presidente Uribe tras el atentado a una de las sedes militares m&#225;s custodiadas del pa&#237;s, en Bogot&#225;. No puede causar sorpresa que Uribe responsabilice con premura a las Farc luego de estar acostumbrados, los colombianos, a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>
Mucho ruido ha generado el estallido de la semana anterior en Bogot&aacute;.
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Nadie deber&iacute;a mostrarse sorprendido por la reacci&oacute;n&nbsp; del presidente Uribe tras el atentado a una de las sedes militares m&aacute;s custodiadas del pa&iacute;s, en Bogot&aacute;. No puede causar sorpresa que Uribe responsabilice con premura a las Farc luego de estar acostumbrados, los colombianos, a los desplantes de los subversivos, a su cinismo, a su atrevimiento. Pero hay razones para pensar que el Presidente debi&oacute; ser m&aacute;s prudente y esperar con cautela el resultado de las investigaciones. Cabe recordar que la premura de Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar para se&ntilde;alar a los autores de los atentados en los trenes de Madrid, el 11 de marzo de 2004, le cost&oacute; al Partido Popular la derrota en las elecciones tres d&iacute;as despu&eacute;s.
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Si las Farc puso la bomba en el Cant&oacute;n Norte ello ser&iacute;a muestra de un grave nivel de infiltraci&oacute;n en las Fuerzas Militares por parte de los sediciosos. Si no fueron ellos, el asunto es m&aacute;s grave. El atentado podr&iacute;a deberse a las denominadas &lsquo;fuerzas oscuras&rsquo;, que estar&iacute;an interesadas en evitar di&aacute;logos de paz &mdash;incluyendo el &lsquo;intercambio humanitario&rsquo;&mdash;&nbsp; con los grupos de extrema izquierda; podr&iacute;a ser una respuesta a los debates en el Congreso y a las investigaciones que la Fiscal&iacute;a viene haciendo en contra de pol&iacute;ticos involucrados en el paramilitarismo, seg&uacute;n se desprende de informaci&oacute;n hallada en el computador de alias &lsquo;Jorge 40&rsquo;; podr&iacute;a provenir de alg&uacute;n sector de los paramilitares que no ha entrado al proceso de desmovilizaci&oacute;n y en el que tienen asiento narcotraficantes puros; o, peor a&uacute;n, podr&iacute;a ser un falso atentado perpetrado por ovejas negras del Ej&eacute;rcito, acusadas de preparar montajes con el fin de ganarse el dinero de las recompensas.
</p>
<p>
Que un hecho de esta naturaleza se haya presentado en la sede militar m&aacute;s custodiada del pa&iacute;s, en las barbas del general Montoya, Comandante del Ej&eacute;rcito, y de medio centenar de oficiales de alto rango, hace pensar no en una falla de seguridad sino en un preocupante contubernio entre algunos militares corruptos y delincuentes, cualquiera sea su especie. Y lo extra&ntilde;o es que si las Farc hubiera entrado la bomba ser&iacute;a de esperar que se tratara de una de alto poder y no esa que apenas dej&oacute; destrozos materiales. Se hacen toda clase de conjeturas para concluir que los militares se salvaron porque se retras&oacute; su agenda de actividades pero tambi&eacute;n se podr&iacute;a inferir que si de causar muchos muertos se tratara los criminales podr&iacute;an haberla detonado a control remoto en el momento indicado.
</p>
<p>
Las Farc est&aacute;n realmente urgidas de aparentar un inter&eacute;s de dialogar, con el objeto de que se reduzca la presi&oacute;n militar que las est&aacute; asfixiando. Para eso conservan en su poder a esos secuestrados que no desean liberar a cambio de dinero sino de beneficios militares o pol&iacute;ticos. Esta guerrilla no se ha caracterizado propiamente por tener tacto y buen tino pero es casi de no creer que no sospecharan que un acto de esta naturaleza suscitar&iacute;a una fuerte reacci&oacute;n por parte de un Presidente que no se va por las ramas.
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<p>
Pero, suponiendo que s&iacute; fueron las Farc, la izquierda alega que eso no era motivo v&aacute;lido para cerrar la puerta del intercambio, que han sucedido cosas peores en el proceso de paz con los paramilitares sin que el Gobierno se haya inquietado. Denuncian que los &lsquo;paras&rsquo; han asesinado a tres mil personas desde que comenzaron su desmovilizaci&oacute;n y que no han dejado de traficar con narc&oacute;ticos, pero durante los di&aacute;logos del Cagu&aacute;n, las Farc siguieron su camino de muerte, secuestro, extorsi&oacute;n, terrorismo, narcotr&aacute;fico y destrucci&oacute;n sin que la izquierda se pronunciara; por el contrario, su llamado era a persistir, consentir y dispensar.
</p>
<p>
Ahora, si el atentado fue usado por &Aacute;lvaro Uribe como un pretexto para no negociar con las Farc, no era necesario. Uribe fue elegido y reeligido para vencer a las guerrillas y no para transigir con ellas. Adem&aacute;s, el primer mandatario lleva casi tres meses haci&eacute;ndole gui&ntilde;os a la subversi&oacute;n sin que se haya avanzado un cent&iacute;metro. Los hechos son tozudos y demuestran hasta la saciedad que la &uacute;nica alternativa de los secuestrados es el rescate militar.
</p>
<p>
En palabras de Jos&eacute; Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch, (El Espectador, mayo 11 de 2003) el Estado tiene la obligaci&oacute;n de buscar el rescate de los secuestrados, de no ceder a demandas inaceptables ni permitir que esto se vuelva un c&iacute;rculo vicioso. Los familiares de los secuestrados deber&iacute;an entender de una vez por todas que es a las Farc a quien le deben exigir insistentemente que libere a sus seres queridos sin contraprestaci&oacute;n y dejar de presionar a un Estado que no puede ceder a cualquier cosa.
</p>
<p><i><span>Publicado en el peri&oacute;dico El Mundo de Medell&iacute;n, el 30 de octubre de 2006 (</span></i><a href="http://www.elmundo.com/"><i><span>www.elmundo.com</span></i></a><i><span>).&nbsp;<br />
</span></i><i><span></p>
<p>
<i><span>Publicado en el peri&oacute;dico Diario Las Am&eacute;ricas de Miami, el 14 de noviembre de 2006 (<a href="http://www.diariolasamericas.com/">http://www.diariolasamericas.com/</a>). </span></i>
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<p></span></i></p>
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		<title>La repercusión de la revolución cubana en Latinoamérica se ve reflejada en el Eln</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Aug 2006 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Invitado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Guerrillas]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia]]></category>

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		<description><![CDATA[León Valencia (Lecturas de El Tiempo) 
Fidel Castro y Ernesto &#8216;Che&#8217; Guevara han sido referentes políticos en América Latina durante casi medio siglo.

La situación actual en Cuba hace oportuno este recuento de influencias en una organización guerrillera con la cual avanza hoy una negociación de paz.

La última vez que vi a Fidel Castro estaba repartiendo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="hora"><strong><span style="font-size: 13px; color: #666666;">León Valencia (Lecturas de El Tiempo) </span></strong></p>
<p class="hora"><strong>Fidel Castro y Ernesto &#8216;Che&#8217; Guevara han sido referentes políticos en América Latina durante casi medio siglo.</strong></p>
<div class="textoNormal">
<p>La situación actual en Cuba hace oportuno este recuento de influencias en una organización guerrillera con la cual avanza hoy una negociación de paz.</p>
<div id="contenidoresaltar">
<p>La última vez que vi a Fidel Castro estaba repartiendo saludos a los colombianos que habíamos ido a una reunión para buscar acuerdos entre el gobierno de Colombia y el Eln. Estábamos en el cóctel de celebración del encuentro en una sofocante noche habanera, en diciembre de 2001.</p>
<p>En el día Fidel se había reunido por separado con las delegaciones de la guerrilla y de los empresarios. A los primeros les había dicho la importancia de avanzar hacia un acuerdo de paz. A los segundos los sorprendió aclarando que el momento estaba para promover la estabilidad y las salidas pacíficas en el continente y también que de los empresarios lo único que reclamaba era una responsabilidad social.</p>
<p>Cuando me contaron estas admoniciones me puse a pensar en la gran diferencia que había entre este Castro y el Castro de principios de los años sesenta. A pensar cuánto había cambiado Fidel y cuánto la vida colombiana. En esa noche larga, bajo el influjo despiadado de esos rones dulzones y aromáticos que los cubanos llaman &#8220;mojitos&#8221;, me acordé de las historias de Fidel y de Cuba que los guerrilleros más viejos nos contaban en los días de asueto en las montañas de Colombia.</p>
<p>No fue una invención descarada de la CIA &#8211; la agencia sólo le dio el toque de guerra fría- la leyenda de que la mayoría de las aventuras revolucionarias de estas tierras pasaron por las manos de Fidel y se conversaron en la mítica Habana. Por más de veinticinco años Cuba fungió como la capital subversiva de América Latina y Fidel como el mentor de la rebeldía guerrillera.</p>
<p>Pero dos guerrillas fueron hechura directa de Fidel: la de Bolivia donde sucumbió el Che Guevara, el más puro de los hombres que llegaron triunfantes a la Habana aquel 8 de Enero de 1959; y el Eln de Colombia que se formó en tierras cubanas un poco después de la crisis de los mísiles.</p>
<p>La decisión de sembrar grupos armados en todo el continente no fue, como se cree, un acto de libertad, un plan largamente meditado para apoderarse de todas estas tierras y forjar La Unión de Repúblicas Socialistas de América Latina. Fue más un hecho desesperado y vaya paradoja: en contravía a las directrices de los rusos. Fue la búsqueda de aliados para sobrevivir al cerco y a la soledad.</p>
<p>La sucesión de hechos que llevaron a Fidel Castro y al Che Guevara a buscar en las montañas de América Latina la fuerza que les permitiera responder a las presiones de Estados Unidos fue tan alucinante como la respuesta.</p>
<p>En octubre de 1960 Estados Unidos declara el bloqueo económico a la isla para responder a la cercanía de Fidel con la Unión Soviética y para castigar la decisión de expropiar y nacionalizar las grandes propiedades de Cuba. El 17 de abril 1961 se produce la invasión de Bahía Cochinos que fue la primera gran agresión militar organizada desde territorio americano. En octubre de 1962 se gesta &#8220;la crisis de los misiles&#8221; que hoy es vista como la más grande amenaza de confrontación nuclear de la guerra fría.</p>
<p>El episodio de los misiles fue el hecho que desnudó la dura condición de un país pequeño en medio del juego macabro de las potencias mundiales. La idea de instalar misiles que alcanzaran el territorio de Estados Unidos -aunque le servía a los cubanos para intentar detener las agresiones- fue sin duda de los soviéticos que necesitaban contrapesar los instalados por el gobierno americano en Turquía y en Alemania.</p>
<p>Ya estaban las plataformas que servirían de soporte a los misiles en un paraje del suelo cubano y en camino los barcos soviéticos que trasportaban las ojivas nucleares, cuando Estados Unidos descubrió el plan. De inmediato la Casa Blanca tendió un cerco de hierro en los mares cubanos y empezó la más aguda tensión entre las dos potencias. Ante la rápida y contundente reacción del gobierno de Kennedy, Nikita Khruschev inició negociaciones excluyendo a Castro del acuerdo y pasando por encima de algunas exigencias cubanas.</p>
<p>En medio del desengaño que produjeron estos hechos se generó la idea de hacer un camino propio y contrariando la orientación dada por los rusos a los partidos comunistas de no apelar a las armas en la lucha por el poder dentro de la estrategia de coexistencia pacífica, empezaron a urdir la gran aventura del &#8216;Che&#8217; en Bolivia que debía desatar la ola de guerrillas en toda América Latina.</p>
<p><span class="intertitulo"><strong>De La Habana a las selvas colombianas</strong></span></p>
<p>Consecuencia directa de la crisis de los misiles fue también el Ejército de Liberación Nacional de Colombia. Pero fue un hecho casual. Ante la inminente invasión de Estados Unidos a la isla el gobierno cubano reunió a los estudiantes extranjeros y les planteó que lo mejor era abandonar el país. Un grupo de ellos, dentro de los cuales había varios colombianos, se ofreció para ayudar a la resistencia y se sometió al entrenamiento militar debido. La capacitación recibida por los colombianos no se puso a prueba en la confrontación con Estados Unidos, pero se convirtió en el primer curso para la formación de la guerrilla del ELN.</p>
<p>Este grupo de colombianos, tocado por la ilusión de realizar la hazaña que los barbudos al mando de Fidel habían hecho en la Sierra Maestra en sólo veinticinco meses, tomó el nombre de Brigada José Antonio Galán, designó a Fabio Vásquez Castaño como su jefe, escogió un lugar del departamento de Santander para iniciar su lucha y se vino al país cuando no se habían apagado todavía los ecos de la crisis que pudo haber llevado a Cuba a convertirse en un territorio calcinado por una lluvia de bombas americanas.</p>
<p>La ilusión de una victoria temprana se esfumó pronto, pero la dura carga de la guerra persiste hasta nuestros días. La desmesura de pretender un estallido revolucionario a lo largo y ancho de los vastos territorios de América Latina le costó la vida en cuestión de meses a Camilo Torres Restrepo el cura guerrillero que hizo famoso al ELN y a Ernesto Che Guevara el ícono que ahora recorre el mundo estampado en camisetas que visten jóvenes hermosos que poco saben de las tribulaciones de la violencia.</p>
<p>Ni la dolorosa muerte del Che y Camilo, ni la liquidación de la guerrilla boliviana, condujeron a Fidel a abandonar a Fabio Vásquez Castaño y al Eln en las selvas colombianas. Testarudo como el que más, Castro mantuvo un apoyo que ratificó recibiendo y cuidando a Vásquez Castaño en el momento más difícil del Eln, después de la derrota de Anorí, en 1973, cuando en medio de una feroz campaña de las fuerzas militares murieron o fueron capturados la mayoría de los integrantes del grupo armado, incluyendo a dos de los hermanos Vásquez.</p>
<p>Muchos años después escucharía de labios de Nicolás Rodríguez Bautista la historia de la lealtad de Fidel y de los Cubanos para con Fabio Vásquez Castaño. En el tiempo que siguió a Anorí, del 74 al 76, se idearon la manera de darle los medios de comunicación y el respaldo para mantener el mando sobre el reducido grupo del Eln que batallaba en la serranía de San Lucas por sobrevivir a la crisis.</p>
<p>La conciencia de esa lealtad para con Vásquez Castaño llevó a Rodríguez Bautista a idear un intrincado viaje hasta Praga para comunicarle al fundador y jefe máximo del Eln que había sido destituido del cargo y que ahora él, un campesino de apenas 25 años, era el primer comandante. La malicia inigualable de que goza lo empujó hacia Europa.</p>
<p>Contaba que no quiso arriesgarse a relevar a quien lo había incorporado a la guerrilla cuando apenas tenía trece años en el ambiente de La Habana. No se imaginaba diciéndole a Fabio, delante de sus amigos cubanos, las múltiples acusaciones que se tejían en Colombia sobre su conducta.</p>
<p>Ese hecho clausuró las relaciones entre el gobierno cubano y el Eln por mucho tiempo. Hasta que esta guerrilla resurgió de sus cenizas a mediados de los años ochenta del siglo pasado de la mano del cura Manuel Pérez.</p>
<p><span class="intertitulo"><strong>El último aliento de Castro para la guerrilla</strong></span></p>
<p>Cuando el Eln volvió al furor de la guerra aún no se había extinguido en Fidel la llama de la rebelión armada. Los alzamientos guerrilleros de Nicaragua, El Salvador y Guatemala le había devuelto al viejo zorro la esperanza de que en América Latina se extendiera una gesta insurgente.</p>
<p>No fue así. Pero Fidel participó activamente en el canto del cisne de la revolución armada del continente. En La Habana, de 1985 a 1990, se dieron cita múltiples veces el Frente Sandinista de Liberación Nacional, el Frente Farabundo Martí de El Salvador, la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar de Colombia.</p>
<p>Bajo la sombra de Fidel los Sandinistas respondieron a los embates de la &#8216;contra&#8217; armada por Estados Unidos, los salvadoreños intentaron una y otra vez ofensivas para desalojar del poder a la dura oligarquía de su país, los guatemaltecos quisieron catapultar el levantamiento indígena y los guerrilleros colombianos, con un Eln que había vuelto por su fueros, jugaron sus restos para buscar una transformación antes de que el mundo cambiara de signo y se vinieran al suelo los socialismos frustrados de Europa.</p>
<p>Todas esas confrontaciones terminaron en mesas de negociación y en acuerdos de paz en los años 90. Incluso la enconada refriega colombiana derivó hacia unas negociaciones que sacaron de la guerra a varios movimientos, aunque no alcanzaron para lograr un acuerdo duradero de paz que incorporara a la totalidad de los grupos irregulares del país.</p>
<p>La tragedia colombiana no ha terminado, pero la peregrinación del Eln hacia la Habana ya no tiene como fin buscar un apoyo para intentar un acceso violento al poder sino para aprovechar la tranquila hospitalidad de Cuba en los esfuerzos de paz para Colombia. Tampoco se escuchan ya las airadas reclamaciones de los gobiernos colombianos por la interferencia de Castro y de Cuba en los asuntos internos del país.</p>
<p>El temido Fidel ha sido en los últimos años un consejero de paz de guerrillas y gobierno y un moderador de las tensiones entre las democracias del continente. Sólo le queda el hálito de beligerancia para alzar la voz muy a menudo contra el gobierno americano y la testarudez para mantener un cerrojo sobre las pretensiones de cambio de la oposición cubana. Fabio Vásquez Castaño es un nostálgico profesor de derecho internacional en alguna universidad de La Habana que no quiere saber ni de guerrillas ni de colombianos.</p>
<p>Por León Valencia<br />
Columnista de EL TIEMPO<br />
<a href="mailto:lvalencia@nuevoarcoiris.org.co"><span style="color: #990000">lvalencia@nuevoarcoiris.org.co</span></a></div>
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