Mientras algunos persisten en sugerir que la revista Cambio fue mandada a cerrar desde el Palacio de Nariño, una magnífica columna del periodista Orlando Cadavid Correa (El Mundo, 26/02/2010) nos recuerda que ese es el destino de cualquier publicación. Decenas de ellas han llegado a su fin en los últimos 50 años y no sería por culpa de Álvaro Uribe Vélez desde que era imberbe. Además, el Estudio General de Medios no dejó bien parada a Cambio en los últimos años. Bien por las denuncias, pero eso no bastaba para sostenerla.

Esta es la columna de Orlando Cadavid:

Resulta paradójico que marcas de tanto prestigio como Radiosucesos RCN y Cambio hayan salido de circulación, en circunstancias diferentes, en febrero, mes en el que se conmemora una de las dos fechas clásicas del periodismo colombiano.

En vez de llorar sobre la lecha derramada, Contraplano prefiere dedicar su espacio a la evocación de medios de comunicación que se esfumaron en distintas épocas del diarismo nacional.

Desaparecieron paulatinamente las agencias Colombia Press, de Pepe Romero, escuela en la que se formaron muy buenos reporteros; el Servicio Nacional de Prensa, del maestrísimo Antonio Pardo; Periodistas Asociados, de Daniel Samper, Luis Carlos Galán y Héctor Rincón; Alaprensa, de Javier Ayala y Gabriel Ortiz, y el Ciep que dirigió Jorge Téllez. Sobrevive Colprensa, la agencia creada por Jorge Yarce y Humberto Arbeláez, en 1980, desde la mansarda de Promec TV.

Dejaron de circular en Medellín los diarios La Defensa, El Correo, El Diario y el semanario Pantalla. En Manizales, La Mañana, de Ramón Marín Vargas. En Cali, El Pueblo, Relator y El Caleño. El Radio, en Pasto. En Bogotá, El Vespertino, de José Salgar; La Prensa, de los Pastrana, y El Periódico y El Bogotano, de Consuelo de Montejo. Se acabó, asimismo, Ovaciones, el primer diario deportivo, de los hermanos Tribín Piedrahita, a quienes hizo la segunda Oscar Peláez.

Periclitaron las revistas Cambio, que marcó un hito en su accionar contra la corrupción, de la mano de Rodrigo Pardo y María Elvira Samper.

Alternativa, dirigida por Gabriel García Márquez y Enrique Santos Calderón. Nueva Frontera, antes del fallecimiento de su ilustre director Carlos Lleras Restrepo. Antena, de Vicente Stamato.

Guión, el semanario de la familia Pastrana. Consigna, publicación de inspiración turbayista, dirigida por los ex ministros Carlos Lemos Simmonds y Jorge Mario Eastman Vélez, que se volvió trimestral. Al Día, efímera competidora de Cromos, dirigida por Elvira Mendoza. La sensacionalista Vea, creación de Jenaro Medina; Vea Deportes y Deporte Gráfico. Subsisten Semana, resucitada con indiscutible éxito por Felipe López Caballero, y la centenaria Cromos, convertida en quincenario bajo el alero de Julio Mario Santo Domingo.

El viento se llevó del éter colombiano marcas tan prestigiosas de la radio (con formato y todo) de Última Hora Caracol, noticiero institucional que tuvo sus mejores épocas en los tiempos de Antonio Pardo y Yamid Amat; el Repórter Esso, identificado con la voz del inolvidable Julián Ospina; el Radiosucesos, de Juan Gossain; Actualidades RCN, de Alfonso Castellanos y Manuel Prado; el Contrapunto y el Cantaclaro, de Jaime Soto; El Pereque, La Tapa y El Corcho, de Humberto Martínez; Monitor, de Carlos Pinzón; Línea directa y Después de las horas, de Julio Nieto, y Caracol en la tierra, de Timoleón Gómez.

También recibieron sus partidas de defunción, en la televisión, Telediario, de Arturo Abella; TV-Sucesos, de Alberto Acosta, el Q.A.P., de las dos Marías; 24 Horas, de Mauricio Gómez; Noticiero Suramericana, de Alfonso Castellanos y Hernán Castrillón; Noticolor – que el gran Lucas Caballero, Klim, bautizó “Lambicolor” – de Darío Restrepo, Fabio Rincón y Darío Silva; TV-Hoy, de la mano de Daladier Osorio y Aris Vogel, y TV-Mundo, de Juan Guillermo Ríos.

El modernismo se llevó de calle nombres tan emblemáticos de nuestra radiodifusión como la Voz de Barranquilla, la pionerísima de la radio colombiana; la Voz de Antioquia, la Voz de Medellín, Ecos de la Montaña, Emisoras Nuevo Mundo, Nueva Granada, la Voz del Río Cauca, la Voz del Café, Transmisora Caldas, la Voz del Ruíz, Pregones del Quindío, la Voz de Cúcuta, la Voz Amiga, la Voz de Santa Marta, la Voz de Cartagena y Transmisora Sucre, entre otras emisoras diseminadas a lo largo y ancho del país.

La apostilla: En estos tiempos en los que se vuelven desechables marcas de tanto prestigio, ha habido certificado de defunción hasta para el LEY, la cadena de almacenes que fundó en Manizales, en 1922, el comerciante Luis Eduardo Yepes (el abuelo materno del telepresentador Jota Mario Valencia) que recurrió a las iniciales de su nombre para ponerle su sello personal al entable que a la postre se haría famoso en el país.

Posted by Saúl Hernández