Debe causarles una gran desazón a los opositores del gobierno —como León Valencia— el hecho de que las Fuerzas Armadas y de Policía les sigan propinando golpes contundentes a las Farc, como los asestados en Meta, Caquetá y Cundinamarca en los primeros días del 2010 que dejaron fuera de combate —entre muertos, capturados y desmovilizados— a cerca de 60 guerrilleros, justo cuando los críticos vienen repitiendo de manera reiterada que la Seguridad Democrática llegó a su tope y no da más. Voces desesperadas que parecen sincronizarse con los intentos de los terroristas por recuperar la legitimidad perdida, proyectando una imagen maquillada a través de un documental en el que posan de hacendosos campesinos; y con el inexplicable deseo de Monseñor Castrillón de entrevistarse con Alfonso Cano en Europa.

Gracias a estos ‘esfuerzos’ es que el diario El País de Madrid (07/01/2010), se atreve a decir que en Colombia se perfilan dos ‘escuelas’ de pensamiento en la antesala de los comicios electorales: “La que sostiene que los recientes atentados de las FARC, con el brutal asesinato del gobernador de la provincia del Caquetá, Luis Francisco Cuéllar, prueban que la política de seguridad democrática es incapaz de acabar con la guerrilla, y la que, por el contrario, porfía con que hace falta una tercera oportunidad para que Uribe saje definitivamente ese absceso de la democracia colombiana”.

La primera es la posición de unos pocos, como el ex guerrillero Valencia, mientras la otra, reconoce El País, “…a la vista de los altísimos índices de popularidad presidencial, cabe poca duda de que es mayoritaria”. A pesar de lo cual, el diario madrileño le aconseja a Uribe “que se contente con ocho años de éxitos en la lucha contra la subversión, pero de profunda atonía en lo social”. Ya en octubre pasado, Miguel Ángel Bastenier, uno de los principales editorialistas de ese diario y entusiasta defensor de Hugo Chávez, escribió un libelo en el que afirma “que los desaguisados del Gobierno de Uribe harían sonrojar a un dictador”, y se refiere a su administración como un “museo de los horrores” (El País, 10/12/2009), así que la buena fe de las sugerencias de ese diario están en entredicho.

Y, por cierto, la andanada de consejos no pedidos para que el Presidente Uribe dé un paso al costado y no se postule a una nueva reelección, se está volviendo sospechosa, pues no deja de ser extraño que a Chávez, Evo, Correa, los Kirchner y otros, nadie les sugiera hacerse a un lado sino que, por el contrario, les sea reconocida la legitimidad de sus triunfos sin mayores cuestionamientos en tanto que los impresos extranjeros con mayor acogida en la región (El País, The Washington Post, The New York Times, The Wall Street Journal y The Economist), se vienen turnando semana tras semana para hacerle mal ambiente a una reelección tramitada dentro de las reglas constitucionales y respaldada por una amplia mayoría de la población. Razón tiene el Presidente de Colombia al recordar que esos medios “que hoy hablan del tema del referendo” no decían nada cuando “Colombia se desangraba por la violencia”.

Por su parte, el ex guerrillero León Valencia escribe en El Tiempo (03/01/2010): “La política de seguridad democrática ha llegado a su tope. Uribe no ha cumplido ni cumplirá la promesa de acabar con el conflicto armado. Mediante un incremento descomunal de la Fuerza Pública y de la inversión en defensa logró disminuir temporalmente los efectivos y las acciones de las guerrillas y los paramilitares, pero estas fuerzas están tomando un nuevo aire y un eventual litigio bélico con Venezuela puede catapultarlas”. Y luego añade: “El mundo ha cambiado, Colombia ha cambiado, los actores armados han mutado. Un proyecto de superación del conflicto y de reconciliación no puede ignorar las nuevas realidades”.

Valencia debería pedirle al gobierno español que no combata a Eta, decirle a Lula que no persiga a los violentos que controlan las favelas de Río de Janeiro, como consta en las recientes crónicas de Jon Lee Anderson para New Yorker Magazine, o rogarle a Obama que no haga nada contra los terroristas de Al Qaeda que iban a celebrar Navidad con otro ‘avionazo’. Ese “proyecto” del que habla Valencia es volver al Caguán, y para ello el primer paso es salir de Uribe, cosa que no queremos las mayorías. He ahí el desespero de los conjurados.

Publicado en el periódico El Mundo, el 11 de enero de 2010

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Posted by Saúl Hernández