El ilustre Tulio Ospina escribió: “La aspiración al progreso es el instinto de la propia conservación de los pueblos; y los que no hacen esfuerzos colectivos por mejorar su condición y engrandecerse, dan con ello muestras de alarmante degeneración”. Hay quienes creen que Antioquia va muy bien, que sigue siendo el polo de desarrollo del país y que no hay motivos de preocupación. El gobernador Ramos es uno de ellos. Debe ser por eso que desestimó la propuesta de vender la FLA sin hacer un análisis profundo. Los argumentos que apoyan la idea de vender la licorera son muchos y de gran peso, entendiendo que el producto de su venta apalancaría las inversiones que Antioquia necesita y que éstas le reportarían al Departamento más ingresos que la destilería.

Ahora bien, Lina Vélez de Nicholls, presidenta de la Cámara de Comercio de Medellín, se ha empecinado en pedir que se debata abiertamente la posibilidad -o, más bien, la necesidad- de vender el mayor patrimonio de los antioqueños -considerado en tres empresas: la FLA, EPM y Une- con el fin de desatrasarnos en materia de infraestructura y poner nuevamente a la región, a la vanguardia del desarrollo en Colombia, para beneficio de todos sus habitantes.

Lamentablemente, todo indica que la señora Vélez es una voz solitaria. La dirigencia de Antioquia no ha dicho nada sobre las advertencias que ha venido haciendo desde la Cámara en los últimos años: que las empresas antioqueñas se están trasteando -cuando no es que están cerrando-; que la Ciudad y el Departamento no son competitivos; que no estamos preparados para el TLC; que la economía regional depende excesivamente de Estados Unidos y Venezuela, etc. Acaso lo único que ha despertado un poco a nuestros ‘dirigentes’ de su letargo es la situación de las carreteras, pero eso se debe más a que los antioqueños somos vergonzantes y nos apena que en la televisión nacional muestren los camiones reptando sobre ríos de lodo que aquí fungen de carreteras.

Antioquia está volviendo al pasado, a ser esa provincia que el oidor Mon y Velarde describió como la más pobre y atrasada del nuevo mundo, donde habitaban las gentes más perezosas y negligentes. Si no, sería bueno saber a qué dedica su precioso tiempo la Asamblea de Antioquia, ente que en años no ha producido una sola decisión de gran importancia para la región. Mientras allá rumian, el tema de vender estos patrimonios será proscrito de un tajo por la clase política, seguramente con argumentos de ‘grueso calibre’ como decir que quienes apoyan estas privatizaciones le están haciendo un favor a los ‘capitales especulativos trasnacionales’ o, simplemente, que son unos vendidos, unos vendepatrias.

Seamos sensatos y sopesemos varias cosas:

-En Colombia todo se mueve a paso de tortuga, lo que en otro país se hace en cuatro años aquí se toma doce, tres veces más de tiempo, y cuesta el doble.

-Para que Antioquia sea la ‘mejor esquina de América’, siquiera antes del 2050, vamos a necesitar muchos recursos, meterla toda como dicen los muchachos.

– A EPM-Une no se la puede llevar nadie ni sus tarifas pueden incrementarse inopinadamente.

– La FLA no va a mantener eternamente su alta rentabilidad y cuando se acabe el monopolio de los licores y llegue gran competencia se va a desinflar. Ya debería, más bien, estar ingresando en el negocio del etanol.

– Si bien es cierto que existe el riesgo de que esos recursos se esfumen, las obras resultantes serían de mayor impacto que los entes germinales: la central de Pescadero-Ituango, el Puerto de Urabá y varias autopistas de doble calzada (Medellín-Urabá, Santuario-Puerto Triunfo, La Pintada-Puerto Valdivia, etc.).

– Dentro de un país que mediocre y lentamente se va insertando a la economía global, ya no somos importantes. Incluso, nuestras grandes empresas (Argos, Chocolates, Bancolombia) están mirando hacia el exterior porque la economía nacional -y ni que decir la antioqueña- se quedó chica para seguir creciendo y hasta para conservar sus actuales patrimonios.

En síntesis, si nos quedamos esperando a que el gobierno central nos haga las obras, de aquí a diez años Antioquia será un departamento de mediana importancia en el país y estará lleno de pobres y de problemas. El liderazgo de Antioquia fue obra de unos visionarios a quienes hoy el fruto de nuestras ‘gallinas de los huevos de oro’ les parecerían puros huevitos de codorniz. Si en realidad aspiramos al progreso, que se abra el debate sin ambages. ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 25 de febrero de 2008

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Posted by Saúl Hernández

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