Después de un año de tire y aflojes, las Farc y el Gobierno encontraron la manera de engatusar al país con un artificioso sometimiento a la justicia que se daría mediante una mal denominada ‘Comisión de la Verdad’; un ente que, a pesar de ser extrajudicial, terminará remplazando por completo a la justicia con el argumento de que el proceso de paz no es un asunto jurídico sino político. Basta escuchar las palabras de Humberto de la Calle: “Las funciones judiciales van por otro carril separado, lo tenemos que concretar con las Farc”.

Como se recordará, a este esperpento ya venían dándole puntadas hace rato. El expresidente César Gaviria lanzó hace meses una propuesta que podría llamarse ‘impunidad para todos’, pretendiendo amparar la impunidad para las guerrillas en la que se les brindaría a empresarios y políticos responsables de hechos de violencia en el marco del conflicto. Un dardo envenenado que exigiría inculparse como patrocinadores del paramilitarismo aun cuando solo se hubiera sido víctima de sus extorsiones, y que siembra la desconfianza de que esas confesiones sean usadas en un futuro para llevarlos a la cárcel como ha ocurrido en otros países donde las leyes de punto final han sido respetadas para los terroristas pero no para los militares u otros ‘actores’.

También hay que recordar que el comisionado de paz Sergio Jaramillo, aprovechó una reunión con empresarios en la Cámara de Comercio de Bogotá, para intimidarlos con la noticia de que la Fiscalía tiene procesos abiertos contra 13.000 personas que habrían financiado al paramilitarismo: ganaderos, transportadores, comerciantes, industriales, etc. La mera mención sonó a amenaza. Muchos de los presentes creen que se trató de una fanfarronada para conseguir un apoyo más decidido hacia el proceso de paz, pero otros quedaron convencidos de que la estrategia lanzada por Gaviria está en marcha: como todos son culpables, nadie es culpable.

Y, al tambalear el proceso, emergió una conveniente confesión de Antanas Mockus, acompañada del ofrecimiento de compartir castigo con los terroristas por el ‘delito’ de haberles colaborado en tareas logísticas, siempre que los demás también admitan sus culpas. De contera, la revelación de Mockus sirve para demostrar el relativismo moral que subyace en el trasfondo del conflicto: mientras que hay 13.000 no combatientes investigados por colaboración con el paramilitarismo, no hay ni la menor probabilidad de que a Antanas le abran investigación. Es la visión distorsionada de la justicia: a las guerrillas se les pagaba extorsión y a los ‘paras’, colaboración.

Pero en la tarea de esclarecer la verdad verdadera, la Comisión no podrá ser más que un saludo a la bandera porque la complejidad de los hechos acaecidos en más de 50 años escapan al alcance de un ente transitorio que solo duraría tres años. Si no se han podido esclarecer los homicidios de Sucre, Uribe Uribe y Gaitán, y si en más de diez años no se han dilucidado todos los crímenes de las autodefensas, ¿qué puede hacer esta comisión que no sea, simple y llanamente, bendecir la impunidad para las Farc?

Hasta la composición de la misma genera serias dudas, y desde ya es seguro que se inclinará a favor de las Farc. No será nada imparcial como tampoco lo será el comité de nueve miembros que elija a la Comisión de 11. El comité tendrá tres integrantes de la guerrilla, tres del Gobierno que es tan obsecuente con la guerrilla y tres de organizaciones defensoras de los derechos humanos, casi todas proclives a la guerrilla. ¿Qué puede salir de ahí?

La Comisión de la Verdad será tan sesgada como la Comisión Histórica que redactó unos informes que pasaron sin pena ni gloria. Es un mecanismo que busca, como dijo el procurador Ordóñez, “diluir” la responsabilidad de las Farc frente a las víctimas. Pero, más peligroso que eso, lo que se pretende con ella es reescribir la historia —como ocurrió, por ejemplo, en Guatemala— y mutar a los terroristas de victimarios a víctimas. Y es que en esta feria de concesiones que es el sainete de La Habana, sería mucho esperar que la verdad reine ante quienes han hecho de la mentira una de sus armas de guerra favoritas.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 8 de junio de 2015)

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Posted by Saúl Hernández

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