Algunos han sacado a relucir el episodio de Mancuso y otros ‘paracos’ en el Congreso, pero no es lo mismo, de ningún modo. Lo visto la semana anterior ya está dando para que se preocupen muchos de los escépticos que –hasta antes de esto– no veían cómo es que Colombia se podría convertir en lo que hoy es Venezuela.

Resulta que una cámara de ‘Noticias RCN’ captó en la pantalla del celular del senador Iván Cepeda el nombre del destinatario de una llamada que hacía en pleno debate sobre la creación del partido político de las Farc. Se trataba nada menos que de ‘Iván Márquez’, el número dos del grupo terrorista. Hasta ahí, nada raro tratándose de Cepeda, a pesar de lo mucho que se molesta cuando se le señala de tener nexos con las Farc. Esa es la miel entre la que anda; no en vano, uno de los frentes más sanguinarios lleva el nombre de su papá.

Pero Cepeda le pasó el celular a uno de los miembros de Voces de Paz, esa especie de prebancada fariana que tiene voz pero no voto, conformada por personas que han negado pertenecer a esa guerrilla a pesar de estar hablando en su nombre. Ese delegado, el señor Jairo Estrada, habló un buen rato con don Luciano y, una vez recibidas las instrucciones, trató de parlamentar con el Ministro del Interior, quien no le prestó mayor atención, y luego acudió, junto a Cepeda, a Carlos Fernando Galán para que retirara una proposición mediante la que intentaba prohibirles el ejercicio político a los guerrilleros que incumplan los acuerdos. Sumisamente, Galán la retiró.

Este triste entremés es una prueba al canto de que lo que se viene anunciando sobre la entrega del país a las Farc no es una exageración, ni una tergiversación, ni mucho menos una mentira de los que sí leímos el acuerdo inicial que el país hundió en el referendo del 2 de octubre y que, con retoques cosméticos, terminó convertido en ese adefesio de 310 folios que fue suscrito en el teatro Colón.

Ya las Farc mandan en el Congreso sin aún estar dedicadas a la política, sin asumir las 26 curules fijas (sí, incluyendo las 16 de las circunscripciones de paz) que van a detentar así no obtengan ni un solo voto. Nos gobiernan desde ya sin haber concluido la desmovilización y el desarme, a pesar del sinnúmero de anomalías de por medio.

El caso de la caleta con 54 fusiles, 6 ametralladoras, 2 subametralladoras, 3 lanzagranadas, 3 morteros, 15 granadas, 100 kilos de pentolita, 200 minas antipersonas, 16.500 municiones, 3.600 detonadores, 32.500 metros de cordón detonante y 16.000 cartuchos no es un asunto de poca monta. Se había informado que la ONU ya tenía las 14.000 armas de las Farc en su poder, y sin sonrojarse encogieron la cifra a la mitad. Ahora ‘Timochenko’ habla de 900 caletas, lo que da a entender que desarme no ha habido.

Por otra parte, el gobernador del estado Amazonas, de Venezuela, denuncia la presencia de 4.000 guerrilleros de las Farc en esa región, lo que no es nada inverosímil. Si les sumamos los milicianos y los disidentes, nos encontramos con una desmovilización artificiosa, por decir lo menos. Y a los niños los entregan con cuentagotas: de al menos 11.000 que fueron reclutados forzosamente –secuestrados, en realidad–, apenas han devuelto a 73.

Es que a estas alturas, uno no sabe si reír o llorar con la advertencia que hace Lizcanito sobre el “gran riesgo para la democracia” que supone la creación de un cuarto poder electoral que “puede destruir lo que hemos ganado en democracia y parecernos a Venezuela”. Y muchos otros están temblando con las 61 tesis de abril, inspiradas en el marxismo-leninismo, y el proyecto de ley de tierras de corte chavista que se empieza a tramitar. ¡Ténganse fino, ya mandan las Farc!

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 2 de mayo de 2017).

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Posted by Saúl Hernández

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