Con respecto al problema de movilidad en Medellín tal vez sólo hay una cosa cierta, y es que este ya nos cogió ventaja. Y, como las soluciones estructurales se demoran, es necesario implementar correctivos como el pico y placa que, para muchos, son meros paños de agua tibia. Se ha insistido desde los más diversos estamentos en que hay otras soluciones como la de cambiar los horarios de empresas, centros educativos y entidades oficiales, pero eso no excluye de momento un pico y placa más drástico que el que teníamos pero no tanto como el que está en ciernes.

El pico y placa de todo un día perjudicaría gravemente a muchas personas que trabajan con su carro o que lo necesitan perentoriamente para sus desplazamientos. No sólo es cierto que el sistema de transporte público es muy deficiente sino que nuestra ciudad metropolitana no está hecha para caminar: las aceras son estrechas y discontinuas; los peatones no cuentan con los pasos óptimos para cruzar avenidas; los puentes peatonales no se utilizan por falta de cultura o porque son sitios peligrosos y sucios; hay lugares solos y mal iluminados donde los delincuentes hacen de las suyas, etc. Es decir, esta ciudad no se camina por gusto sino por obligación.

En consecuencia, todo el que pueda conseguirse otro carro para evadir la medida, lo hará. Y un acto de gobierno que incita al ciudadano a pasarse por la faja el espíritu de una norma es malo en sí mismo, o, cuando menos, inconveniente, y no debería implementarse. Algunos expertos sugieren alternativas como aumentar la restricción de dos placas diarias a cuatro pero con los mismos horarios, de manera que cada vehículo tendría pico y placa dos veces por semana. Eso significa un alivio del 40 por ciento de vehículos en horas pico, sin caer en la enorme arbitrariedad de prohibir el uso de cada automotor durante 52 días laborales al año -dos meses sin contar domingos-, lo que ameritaría una reducción proporcional en el impuesto de rodamiento.

Otra propuesta viable es la de aumentar los horarios del pico y placa para desestimular la práctica de algunos ciudadanos de acomodar o flexibilizar sus horarios de entrada o salida del trabajo. Si la restricción se extiende un poco la flexibilidad se pierde y muchos optarían por dejar sus vehículos en casa. Lógicamente, ninguna decisión de este tipo es popular -si cabe el uso del término, dado que el vehículo particular no abunda en las clases populares-, pero entre perder competitividad por desestimular el uso de vehículos o perderla por un colapso de movilidad, es este el problema que primero se debe resolver. Eso sin pasar por alto que el carro particular es un motor de la economía en muchos aspectos.

Ahora, no se entiende por qué el sector transportador se siente afectado por el anuncio de que habría pico y placa de todo un día para buses -como lo hay para taxis- a pesar de que esa medida podría ser de gran beneficio para ellos. Si el universo de personas que se movilizan en bus no disminuye, la reducción de la oferta de buses tiene que aumentar proporcionalmente el número de pasajeros promedio y compensar el día que cada bus dejaría de operar. Como los conductores devengan por pasajero movilizado, podrían descansar ese día sin ver reducido su ingreso; y los propietarios se ahorrarían un día de combustible por semana. El impacto en reducción de la contaminación sería notorio también, pues, como se ha comprobado en los días sin carro en Bogotá, es el transporte público el que aporta casi toda la polución por fuentes móviles en nuestras ciudades.

En síntesis, a un pico y placa más drástico no hay que oponérsele sin argumentos en tanto se demuestre que no es un castigo sino un esfuerzo mancomunado que otorga retribuciones visibles en materia de calidad de vida y mientras se trabaje intensamente por solucionar el atraso vial.

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Es entendible la molestia generada por el gol de taquito que le metió Luis Alfredo Ramos al Municipio de Medellín, pero me suscita dos reflexiones: ¿Por qué tanto berrinche si las EPM intentaron primero burlar el pacto de caballeros? Y ¿por qué la indignación de quienes dilapidaron más de 50 millones de dólares en una empresa sin futuro (Orbitel) frente a quienes arriesgaron en un proyecto que tiene todo el futuro? Tranquilos que si el Gobernador no quiso vender la FLA -la gallinita de los huevos de oro-, menos va a vender esa mina de diamantes que se llama Pescadero. ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 21 de julio de 2008

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Posted by Saúl Hernández

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