A pesar de que las encuestas mostraban un empate cerrado entre Santos y Mockus, el resultado fue muy distinto. Creo en las encuestas, creo que una encuesta bien realizada debe arrojar resultados certeros y creo que los encuestadores se juegan su credibilidad, que es el único activo que tienen. Sin embargo, creo también que la ola verde era una burbuja agrandada por algunos medios de comunicación que, vaya uno a saber con qué intereses, estaban empeñados en el ascenso del candidato verde y la caída del uribismo, motivo por el que, igualmente, han estado inflando escándalos en los que el grueso del electorado –la sabia ‘mayoría silenciosa’– sólo ve intenciones políticas.

Mockus se fue desinflando a medida que se empezaron a notar sus profundas falencias. Sus yerros en la campaña han sido (o fueron) numerosos y graves, y a pesar de que se escuchaba en las calles –broma aparte– eso de que “yo también iba a votar por él, pero ya no”, las encuestas no alcanzaron a registrar la caída en su verdadera magnitud. Las cifras son contundentes: Santos obtuvo el 46,56% de los votos (6,7 millones) frente a 21,5% de Mockus (3,1 millones), doblando la votación de este. La diferencia del 25% es simplemente abrumadora. Por cierto que, ante tamaña diferencia, convendría una reforma constitucional para que en caso de que el ganador de la primera vuelta obtenga más votos que su inmediato seguidor, no exista la costosa segunda vuelta.

El triunfo de Santos fue tan apabullante que ganó en todos los departamentos del país, a excepción de Putumayo, donde Mockus lo aventajó apenas por 3.998 votos [ver gráfico]; y en la única ciudad capital donde no ganó fue en Tunja, donde Antanas sólo le sacó 4.319 votos de ventaja a Juan Manuel [ver gráfico].

Por supuesto que en esta debacle del llamado Partido Verde tiene mucho que ver la exagerada importancia que se le atribuyó a las redes sociales de Internet, donde Mockus barría. El error estuvo en creer que Twitter y Facebook reflejaban a escala la realidad del proceso electoral colombiano y que los 500 activistas de Mockus, que acudían prestos a votar por él en cualquier sondeo o foro de los sitios web, daban fiel cuenta de la preferencia generalizada por Antanas. No nos llamemos a engaños, la mayoría de los colombianos no saben si ‘feisbuc’ es para comer o si es una crema para las arrugas. Y de los columnistas de opinión, volcados en bulto en pro de su campaña, ni hablemos; llevan años divorciados de la opinión de las mayorías, lo que era un indicio para pensar que Mockus perdería estrepitosamente, tal como ocurrió.

El que sí fue un error grave de las encuestas fue el ocurrido con Vargas Lleras (10,13%), de quien se decía, casi unánimemente, que era el mejor candidato, que tenía las mejores propuestas y la mejor publicidad y que estaba haciendo la mejor campaña. Aún así, los encuestadores sólo le daban 3 por ciento de intención de voto. Con 48 años, Vargas tiene las mejores posibilidades para el 2014, siempre que se cuide de su impulsividad y su talante de cascarrabias.

Por su parte, los casos de Noemí Sanín (6,15%) y Rafael Pardo (4,38%) se parecen mucho. A los candidatos de los partidos tradicionales les cobraron con creces el cargar con las momias de Andrés Pastrana y César Gaviria, que son, fácilmente, los personajes más detestados por los colombianos. Pero mientras Pardo afrontó dignamente la derrota –dejó pelos en el alambrado–, Noemí envió un lúgubre video en el que ella, su fórmula vicepresidencial y su jefe de debate, parecen secuestrados de las Farc enviando una prueba de supervivencia desde la selva. Noemí es una señora que vive hace más de 15 años en el extranjero y sólo viene en época de elecciones. Antes es mucha gracia que 892 mil personas le den su voto.

Finalmente, entre los tres candidatos de menor votación surgen dos comentarios: a pesar de que Robinson Devia recolectó un millón de firmas para avalar su candidatura, apenas alcanzó 32.080 votos (0,22%). Si Sergio Fajardo a duras penas recogió 700 mil firmas, ¿cómo consiguió un desconocido Devia tal cantidad y por qué sólo el 3% de ellos terminó dándole el voto? Ahora, el ex magistrado de la Corte Constitucional, Jaime Araujo Rentería, caracterizado por sus posiciones de izquierda, apenas alcanzó 15.701 votos (0,11%), lo que que demuestra, otra vez, que la gente repudia la dictadura de los jueces; beneficios para los criminales y persecución contra funcionarios íntegros como Mario Aranguren.

Publicado en el periódico El Mundo, el 7 de junio de 2010

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Posted by Saúl Hernández

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