Las elecciones desarrolladas ayer domingo en Colombia para nombrar gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y miembros de juntas administradoras locales, dejaron más sorpresas de las que se podían esperar. La principal de todas fue el ‘efecto Pastrana’, que se traduce en la derrota amplia del conservatismo en todo el país y la resurrección del Partido Liberal, a pesar de la bofetada que Antanas Mockus le propinó al liberalismo en la Capital de la República.

Tal vez el caso más dramático se dio en Antioquia, la región donde el voto en favor de Andrés Pastrana se hizo determinante para su elección como presidente. Pastrana se olvidó de Antioquia desde su posesión y generó un notable descontento entre sus electores que vino a manifestarse ayer con la derrota contundente de los candidatos de Fabio Valencia Cossio. Lo malo de esta especie de ‘voto de castigo’ en contra de Pastrana es que se sigue demostrando que no hay madurez política y que se ejerce el derecho a votar con ánimo reivindicativo y no para construir sociedad.

Colombia eligió a Pastrana para castigar a Samper y de paso a su escudero, Horacio Serpa. Ahora empieza a castigar a Andrés porque sus grandes promesas de paz y trabajo han sido palabras al viento. Y el castigo será inmisericorde dentro de dos años, a menos que firme la paz o que mejore las condiciones económicas de las masas, cosas bien difíciles ambas. Pero el principal perdedor de ayer no fue el Presidente, fue Colombia entera.

Prevalece la idea de que aún no hemos superado la infancia política; todavía votamos por el concejal que nos tiene prometido pavimentar la calle, todavía se escuchan amigos y familiares pidiendo votos para el que les prometió un puesto. Esa es aún la norma electoral en Colombia y, por eso, sigue prevaleciendo la corrupción y la ineficacia.

Queda la impresión, sin embargo y por fortuna, de que cada vez los movimientos independientes adquieren más y más fuerza. El triunfo de Antanas, por ejemplo, es el triunfo de toda Bogotá porque de esta manera la Capital va a completar nueve años en manos ajenas a las maquinarias, las clientelas, la corrupción. Nueve años de gobiernos cívicos que empiezan a destorcer los pasos mal dados.

En otras latitudes se destaca el triunfo del líder indígena Floro Tunubalá en la gobernación del Cauca, del candidato del partido Oxígeno –el de Ingrid Betancur– en la alcaldía de San Vicente del Caguán, y la elección del lustrador Luis Eduardo Díaz como concejal de Bogotá, con más de 40 mil votos. En Medellín, el voto de opinión tuvo un buen destino en cabeza del independiente Sergio Fajardo, quien alcanzó más de 50 mil votos. Este profesor universitario, miembro de una prestante familia antioqueña, tiene la señal del electorado para ser alcalde de Medellín dentro de tres años, arrebatándole a los partidos su manejo, ojalá para siempre.

Con todo, a pesar de que nuestro sistema democrático parece fortalecerse, la semana que pasó fue particularmente dura por el choque de poderes entre el Gobierno y la Corte Constitucional. Las controvertidas decisiones de esta última dejaron sin piso la medida gubernamental de no incrementar este año los sueldos oficiales que superan los dos salarios mínimos, a excepción, claro, de los estipendios de congresistas y altos funcionarios que lo hicieron en un 15.3 por ciento. Asimismo, impidió la Corte que el Gobierno reforme los ministerios y las entidades adscritas a ellos. En ambos casos se pretendía ahorrar gastos estatales para compensar el déficit fiscal que nos está ahorcando a todos y, en ambos casos, la Corte sentenció en cuidado de la Constitución pero no de la Sociedad Civil y aquella no puede estar por encima de ésta.

Como si fuera poco, la actitud del Eln con los secuestrados de Cali –y con los demás– ha sido particularmente criminal. En sus manos ya han muerto tres de los plagiados el 17 de septiembre en la vía al mar y eso complica un probable proceso de paz con este grupo porque todos los implicados en estas atrocidades no podrán ser amnistiados. Lamentablemente, la sociedad sigue impasible como si no fuera tan evidente que hoy son unas personas de Cali y mañana puede  ser cualquiera de nosotros. El miedo nos tiene arrinconados y con la boca amordazada, y así nos están matando cómodamente, callados como borregos, mientras las Fuerzas Armadas se inmolan en nuestra defensa, solos, sin el apoyo de un país que debe gritar: ¡izquierda sí, guerrilla no!… ojalá no haya que decir mañana o pasado que la guerrilla se tomó a Colombia por puro efecto Pastrana.

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Posted by Saúl Hernández

One Comment

  1. Hola Saúl!!
    Off topic: Quería opinar aquí en tu espacio sobre el artículo de Zanahoria, Garrote y Utopía pero has cerrado los coments. Sorry.
    ¿Porqué los cerraste?
    Un saludo cordial!

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