El ex comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo desmovilizó 45.000 combatientes de todas las pelambres durante los ocho años de la administración Uribe. Eso significa, en promedio, 5.625 desmovilizados cada año; 468 cada mes; 117 a la semana; 16 por día; 1 cada hora y media. Es decir, fue un proceso vertiginoso, audaz, expedito. Y, en muchos casos, hasta precipitado.

Pero en Colombia son necesarias las soluciones de ese tipo. En referencia a la Ley de Tierras, el senador Jorge Enrique Robledo dice que el gobierno de Santos no alcanzará a cumplir —ni con reelección— la meta propuesta de 160.000 restituciones y que, al ritmo que lleva, solo llegará a 11.000 en este cuatrienio. Aún así, ello supone un esfuerzo mayúsculo que estará plagado de errores porque el Estado carece de una institucionalidad apta para llevar a cabo procesos de tal dimensión y complejidad. En materia de reclamaciones los precedentes son nefastos, de manera que a la vuelta de unos años saldrán a flote toda clase de exabruptos, con la diferencia de que no se pondrá en duda la buena fe de los funcionarios ni los perseguirá la justicia.

El tema de las desmovilizaciones es similar. Puede presumirse que hubo colados y se puede cuestionar también la conveniencia de muchos casos de desmovilización. Pero esa controversia tiene visos políticos, no jurídicos. Hay que tener en cuenta que los delincuentes están en la clandestinidad y si alguien se autoincrimina hay que creerle, aunque no sobra cierta dosis de desconfianza. Igualmente, que la sospecha de que había colados no era verificable en la práctica. Por ejemplo, siempre se puso en duda el carácter de combatientes de varios centenares de jóvenes que se desmovilizaron en Medellín como parte de las estructuras del Cacique Nutibara, al mando de ‘Don Berna’.

Pero, a pesar de las dudas, esa desmovilización le trajo a la ciudad una temporada de sosiego que se puso de manifiesto con la disminución de la criminalidad y una tensa calma que fue bautizada como ‘donbernabilidad’, en alusión a la gobernabilidad de la ciudad. Tal era el dominio de ‘Don Berna’ sobre esas bandas que el día que lo iban a detener en Ralito (en mayo de 2005) paralizaron a Medellín y cuando lo extraditaron, se prendió la guerra entre las facciones que pretendían ocupar su lugar. Aunque con carácter mercenario, esos desmovilizados pertenecían a estructuras paramilitares de la misma forma que las guerrillas tienen milicianos en las ciudades.

Muchas desmovilizaciones se pueden objetar en cuanto a su conveniencia, como las logradas en las cárceles pues la renuncia a la militancia en organizaciones terroristas, tratándose de presos, podría ser una declaración oportunista, hecha de labios para afuera, con tal de obtener la libertad para luego volver a lo mismo. Iguales dudas surgen al aceptarse como desmovilizados a guerrilleros (o ‘paras’) que se entregaban tras ser vencidos en combate, como ‘Karina’, quien se entregó por agotamiento —pues el asedio del Ejército la tenía sin comida—, no por voluntad propia ni por ánimo de enmienda.

En esto, el gobierno de Álvaro Uribe actuó con voluntad de reconciliación, con interés de sacar gente del conflicto y retornarlos a la vida civil evitando que la cárcel fuera la única alternativa. En ese sentido se les enviaba a los ilegales —sobre todo a las guerrillas— el mensaje de que la sociedad y el Estado los acogían con los brazos abiertos.

Si, como creen algunos, el propósito de simular una desmovilización colectiva era golpear la moral de las Farc, se trataría de un engaño a esa organización y no al país, y no habría delito. En la guerra, el engaño es un recurso totalmente válido, ¿o será que pronto veremos en los estrados a los autores de la Operación Jaque?

Más allá de eso no hay razón para creer que el comisionado fue el creador del montaje o que sabía que había 20 colados en un grupo de 66. En su momento, lo de la Gaitana no tuvo una particular importancia, fue una más de tantas desmovilizaciones de un comisionado que se caracterizó por hablarles duro a los bandidos en vez de sentarse a tomar whisky con ellos. Un hombre digno de la venganza de unos criminales.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 20 de febrero de 2012)

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Posted by Saúl Hernández

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