Vino Manuel Valls a Colombia, a “apoyar el proceso de paz”. A comienzos del mes, el Primer Ministro de Francia estuvo en el ojo del huracán por viajar a Múnich, a la final de la Champions, en un jet ejecutivo del boyante Estado francés. Aquí, en cambio, nadie se mosqueó cuando el Gobierno de Juampa le mandó a Caracas un jet ejecutivo a Felipe González sin ton ni son, como si no hubiera a diario vuelos comerciales entre Bogotá y la capital venezolana.

Esa ‘cortesía’, pagada con nuestros impuestos, me hizo recordar el desliz que tuvo Santos al recibir en Palacio a Henrique Capriles, un error de cálculo que no previó las rabietas del Olimpo bolivariano. Esta vez, Maduro tronó y trinó pidiendo explicaciones por el envío del avión colombiano, pero se calló muy pronto y Santos no se mostró demasiado obsecuente en sus explicaciones. Raro, ¿no?

Al parecer, el envío del lujoso Embraer Legacy, de 22 millones de dólares, fue más un mensaje a Maduro –mostrándole los dientes– que un detalle de fina diplomacia hacia el exjefe de gobierno español. En ese momento, el 9 de junio, los colombianos no estábamos enterados de un decreto expedido en Venezuela el 27 de mayo (el 1787), pero en la Cancillería tenían que estarlo: Guyana hizo suficiente ruido como para que en los palacios de San Carlos y Nariño no se hubieran dado cuenta.

Santos se ha jactado de que gracias a su gestión se limaron asperezas y se recompusieron relaciones con los vecinos que estaban caldeadas. Pero esa gestión ha tenido visos de bajada de pantalones. Esos coqueteos con los ‘nuevos mejores amigos’ han influido en la pérdida de 75.000 kilómetros cuadrados en el mar Caribe, en los diálogos sin rumbo con las Farc, en millonarias pérdidas para nuestros empresarios por deudas no pagadas y en el ahora revivido conflicto por las aguas de ese golfo cuyo nombre el presidente Barco no podía pronunciar.

Por supuesto, eso no se va a solucionar haciéndole desaires a Maduro ni con notas tardías de la Cancillería, dedicada ahora a la ‘paz’. En La Habana tejen fino la toma de América Latina, y a Venezuela no la van a perder así como así; lograron que un enviado de Obama se reuniera con Diosdado para arreglar diferencias, y con el asunto del Esequibo despertaron la solidaridad de la oposición venezolana, como si esta no se diera cuenta de la treta. En diciembre, Maduro y sus secuaces obtendrán un triunfo ‘nítido’ gracias, como siempre, al voto electrónico, sin importar que la inflación llegue al 172 por ciento, como lo pronostica el Bank of America.

Por el momento, Santos se queda con el pecado y sin el género. Un viejo problema puede resultar en un nuevo zarpazo que hace temer por zarpazos mayores. ¿Recuerdan el plan Guaicaipuro? Si a Maduro se le complica más el panorama interno, tendrá el recurso de calentar la frontera, gracias, sobre todo, a que los diálogos de La Habana están de por medio.

Mientras tanto, las Farc hacen gala de su inmenso cinismo al aplaudir la encíclica papal sobre el cuidado del medioambiente, al tiempo que derramaban 10.000 barriles de petróleo del oleoducto Trasandino, el mayor desastre ambiental ocurrido en Colombia. Y se anotan otros éxitos, como la expulsión –a empellones– de la Policía del casco urbano del corregimiento El Mango y el arranque de la ‘Comisión de la Verdad’: a un par de suboficiales del Ejército les están achacando la masacre de once soldados cometida por las Farc el pasado mes de abril…

Manuel Valls canceló el viernes su visita a Medellín y regresó de urgencia a su país por el acto terrorista en Lyon. Pero allá no dialogan con los violentos, menos ahora que acaban de aprobar una severa legislación antiterrorista.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 30 de junio de 2015)

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Posted by Saúl Hernández

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