En referencia a la reforestación que urge Medellín, empecemos por mencionar que hace años se incurrió en una lamentable carrera de aniquilación de los grandes árboles citadinos y de las escasas florestas existentes bien sea en razón de la construcción de obras públicas o privadas, o por mero capricho de los gobernantes. Y, como si fuera poco, no existe una veeduría que compruebe si se cumple la obligación de remplazar los árboles caídos y, menos aun, si los chamizos con los que se trata de compensar el ecocidio llegan a sobrevivir hasta convertirse en ejemplares frondosos.

Ahora hay muchos que creen que la gran oportunidad de recuperar las áreas verdes que se han perdido la constituyen los polémicos Parques del Río, pero están equivocados. En esos parques no abundarán grandes árboles porque sobre las lozas del soterrado apenas habrá un espesor de 80 centímetros que resulta insuficiente para las raíces incluso de pequeños arbustos, por lo que jamás volveremos a ver esa arboleda de más de 600 ejemplares que fue arrasada de la noche a la mañana, para construir la primera etapa de esos pseudoparques, sin que ambientalista alguno se quejara.

Es bueno mencionar que en el Plan de Gobierno de Aníbal Gaviria, los Parques del Río solo se mencionan marginalmente; en cambio, se expresa con toda claridad la intención de convertir en parques los clubes Campestre y Rodeo, y el lote de la Feria de Ganados, propósito que se echó al olvido. En cuanto al Jardín Circunvalar, muchos expertos cuestionaron el exceso de cemento y la escasez de verde, o ¿alguien ha visto los árboles que deberían abundar en ese ‘jardín’?

Es un hecho incontrovertible que la actual administración debe desarrollar un agresivo programa de arborización que convierta lotes aprovechables en verdaderos parques, parques verdes, y no parques de chorritos de agua y pistas de skate. Por ejemplo, esperpentos como el Parque de las Luces y el Parque San Antonio, que son plazas inútiles, deberían convertirse en oasis verdes. Pero como los espacios para reforestar no abundan, hay que apostarle a la implementación de techos verdes y jardines verticales en toda clase de edificaciones públicas y privadas.

En cuanto a la innovación en sí, se vale mencionar una propuesta realizada por estudiantes de la Universidad Nacional, sede Medellín (El Tiempo, 24/06/2015), para reducir la contaminación, que consiste en unas mallas sembradas con batatilla, una planta enredadera de crecimiento rápido que captura grandes cantidades de material particulado. Poner a prueba este sistema no debe costar mayor cosa y, de confirmarse su eficacia, se deberían instalar miles de metros cuadrados en las principales avenidas de la ciudad, pero a lo mejor por ser una idea buena, bonita y barata, nunca se ensaye. Lo cierto es que las soluciones innovadoras aportarán los mejores resultados.

Para terminar, es importante señalar un tema que desata pasiones: el aeropuerto Olaya Herrera. Cada vez se justifica menos la presencia de un aeropuerto en pleno corazón de la ciudad y se hace más evidente la necesidad de convertir ese lote en un parque gigantesco, lleno de árboles y senderos para peatones y bicicletas. Resulta de un costo exorbitante subocupar ese espacio vital tan solo para volar a destinos secundarios como Quibdó, Carepa o El Bagre, cuando esa actividad se puede trasladar sin mayor traumatismo al José María Córdova, que tendrá segunda pista y mayor conectividad gracias al túnel de Oriente, por el que a futuro se piensa extender el tranvía de Ayacucho hacia esa terminal aérea. Un tema a largo plazo sobre el que habrá que insistir.

De momento, hay muchas tareas por hacer. Ojalá el cielo azul de los últimos días no encamine a nuestras autoridades a no hacer nada.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 25 de abril de 2016)

> Lea la columna El aire de Medellín (1)

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Posted by Saúl Hernández

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