El candidato Rafael Pardo es claro en afirmar que el ‘canje humanitario’ no da ventajas militares relevantes a las Farc en razón a que los presos de la guerrilla salen fácilmente de las cárceles bien sea por pena cumplida, por falta de pruebas o porque se fugan, mientras que los rehenes de la guerrilla no tienen otra opción que el canje para dar fin a ese suplicio.

Eso, sin dejar de lado que los presos de la guerrilla gozan de todas las garantías procesales, reciben buena alimentación, cuentan con atención médica, tienen derecho a visitas y gozan de las libertades de casi cualquier penal colombiano: acceso a dinero, drogas, armas, teléfonos y hasta la atención domiciliaria de las prostitutas que visitan a los reos. En la selva, los rehenes de las Farc no tienen ninguna de esas facilidades. Es un abandono total la condena que les ha proferido la guerrilla de manera ilegítima.

La tesis de Pardo es totalmente cierta. Y, con base en ella, Pardo defiende a destajo el canje y sugiere que él, de ser presidente, haría cualquier cosa para lograr la liberación de los secuestrados. Sin embargo, no debe entenderse que una propuesta hecha a la guerrilla en ese sentido sea un complot contra el presidente Uribe pues es propio de la política hacer ofrecimientos que respondan a alguna problemática. Tales propuestas se hacen a menudo con enemigos y no con amigos, lo que también quita efecto al argumento del doctor Pardo al decir que una alianza suya con las Farc es imposible porque ellos no lo ven con buenos ojos.

En Política, la raya divisoria entre traición y lealtad es muy tenue. Suele confundirse con aquello de que “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”. Pardo no es amigo de las Farc, pero ambos tienen dos grandes intereses comunes que son impedir la reelección de Uribe y efectuar el canje. Hay que ser claros en que formularle una propuesta a las Farc no constituye traición alguna. Pastrana lo hizo para llegar al poder justificando su alianza en el bien supremo de la paz que queremos todos los colombianos. No podría reprocharse que Pardo haga lo propio, con las mejores intenciones, por el bien de unos ciudadanos que merecen volver a la libertad.

Al hecho —cierto o no— se le quiere hacer ver como un acto abyecto, y como Pardo tiene fama de ser políticamente correcto, nadie lo cree capaz de eso.  En cambio, Juan Manuel Santos tiene una muy bien ganada fama de funámbulo y el comisionado de paz, Luís Carlos Restrepo, nos tiene mal acostumbrados a sus salidas en falso. Nadie lo cree, además, porque en Colombia solemos irnos por las ramas y no ver la esencia sino la apariencia.

Lo sustantivo es lo que se veía venir hace rato: el uso del canje como tema propagandístico antireelección. Cuando la guerrilla dice que no habrá canje con Uribe, está haciendo campaña electoral antiuribista. Pero la guerrilla no es de tontos y aparte de tumbar a Uribe deben estar pensando seriamente a quién catapultar, y aunque el perfil de Pardo no cuadra muy bien con las Farc, el problema es que los que sí cuadran (Leyva, Carlos Gaviria, etc.) no tienen ningún chance de ganar.

Todo esto se confirma con la propuesta lanzada por los diputados del Valle para que Hugo Chávez se apersone del canje y el presidente Uribe quede como un zapato. La idea del asilo en Venezuela es extravagante e incongruente, pues el asilo sería más bien para los 500 presos de la guerrilla que hacen parte de la lista de canjeables y no para los 63 secuestrados (o los tres que lo pidieron), pero poner sus vidas en manos de Chávez le podría ocasionar a Uribe un enorme desprestigio en plena campaña electoral con consecuencias impredecibles. Recordemos que con mañas políticas Uribe perdió su referendo y que la opinión de las masas es voluble. De eso se valdrá la guerrilla de Marulanda para sacar del escenario a un rival que parece imbatible.  ·

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Posted by Saúl Hernández

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