El 2008 será recordado como un año histórico para Colombia. El otro ‘secretariado’, el de las autodefensas, está a buen recaudo en cárceles de verdad y enfrenta condenas que en nada se parecen al generoso castigo propuesto en la Ley de Justicia y Paz. Por su parte, el secretariado de las Farc tuvo su marzo negro -luminoso para Colombia-, que se llevó de un ramalazo a tres de sus miembros -incluyendo al principal de sus asesinos, ‘Tirofijo’- y tal parece que hay otros con un pie en la tumba; el Ejército les respira en la nuca y ya no pueden confiar ni en su gente más cercana.

A ello se suman los narcos, que caen como moscas; los que se aliaron con ‘paras’ para cometer delitos y no simplemente para defenderse, que pasarán un buen tiempo en las cárceles; y los que apoyaron a las guerrillas con la mascarada de buscar la paz o de hacer acuerdos humanitarios mientras conspiraban contra el país entero, varios de los cuales terminarán en la sombra.

Pero, sin duda, dentro de esta cadena de sucesos, la muerte de ‘Tirofijo’ ocupará lugar preeminente porque con él se muere la horda que dirigía. En su epitafio habrá que escribir que “fundó y enterró a las Farc”. Y las enterró a voluntad porque la suya es la historia de un fracaso que, al tenor de sus años, debió hacerle sentir una gran decepción y una frustración inmensa, que terminaron matándolo. En realidad, poco importa si lo mató un infarto o una bomba; la guerrilla siempre miente y el Gobierno ha demostrado hablar con la verdad, pero lo cierto es que las penas matan y ‘Marulanda’ debió sentir una honda pena moral viendo cómo se derrumbaba su delirio revolucionario.

Pena moral porque el grupo terrorista ya no es capaz de ejecutar ofensivas como la que él ordenó desatar por los días de año nuevo; pena moral por el incontenible repudio nacional expresado en la marcha del 4F; pena moral porque ya no pueden dormir tranquilos ni en refugios vecinos, como quedó claro con la muerte de su yerno, ‘Raúl Reyes’; pena moral por la descomposición interna develada con la muerte de ‘Iván Ríos’; pena moral por la incomunicación de sus bloques y las deserciones, como lo evidenció la sanguinaria ‘Karina’ -hoy autoproclamada ‘santa’-; pena moral por la desnudez de muchos secretos contenidos en los computadores de ‘Reyes’; pena moral por ser el mejor promotor de Álvaro Uribe y las políticas de su gobierno…

‘Marulanda’ murió con plena conciencia de que las Farc van por un despeñadero insalvable. Sabía que ya no es asunto de esperar en la retaguardia a que pase el chaparrón de este gobierno y que no basta con el oxígeno que les prestan poderosos amigos de la ‘causa’. El viejo se creyó el cuento de que iba a hacer germinar la entelequia marxista en Colombia, donde hasta los pobres detestan esos desvaríos. Pudo hacer la paz muchas veces y terminar sus días como un prócer, pero en la perturbación de su mente no cabían términos medios, ‘revolución o muerte’, y aquella lo mató.

La debacle de la guerrilla lo mató de tristeza, lo obligó a tirar la toalla, no cabe duda. Y lo que hay detrás de esa debacle es la prueba palpable de que, ante la barbarie, lo que a un Estado legítimo corresponde es el uso de la fuerza y no los pactos con delincuentes. Esa confusión sembrada en las universidades públicas acerca de las causas objetivas del conflicto debe morir con ‘Marulanda’ y con las Farc. El comunismo no ha acabado con la pobreza y la ‘injusticia’ en ninguna parte; todo lo contrario, las ha exacerbado donde han caído en esa aventura.

Sin guerrillas, ‘paras’ y narcos, Colombia puede aspirar a ofrecerles un futuro honroso a sus ciudadanos siguiendo la senda del desarrollo y el progreso, como Chile o Irlanda, y no la del retroceso, como Venezuela o Cuba. Y se dirá algún día que el futuro empezó en el 2008, cuando el legendario ‘Tirofijo’, con su propia muerte, les dio a las Farc el golpe de gracia que faltaba. ·

Publicado en el periódico El Tiempo, el 27 de mayo de 2008

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Posted by Saúl Hernández

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